Lo peor que podría ocurrir, fuera, que a resultas del aparentemente incompresible asesinato del ministro de Medio Ambiente, Orlando Jorge y Mera, dentro de los altos cargos de la administración pública y dentro de los tres poderes inter dependientes del Estado, se desate una histeria absurda por medio de la cual, todo visitante que de ahora en adelante vaya a las oficinas públicas sea entendido como un potencial enemigo, terrorista o asesino y que a partir de ahí, se genere un fuerte ambiente de crispación que no le haría ningún bien al proceso tan accidentado de gobernabilidad que se vive.
Y es que por lo que se ha visto desde ayer, es absurdo que la tropa militar y policial acantonada en las oficinas públicas y sus despachos, sus responsables entiendan que deben imponer políticas cuartelarias aberrantes dentro de un ambiente esencialmente civil y contra ciudadanos-contribuyentes quienes con sus impuestos sufragan la empleomanía pública y cubren los gastos del Estado.
Por ejemplo, esa situación de ayer, que por la histeria desatada y debido a la incapacidad e incompetencia de los oficiales superiores que dirigen los militares y policías de servicio en ese ministerio, de buenas a primeras y producido el hecho, mientras debieron de estar atentos para enfrentar la insólita situación de un visitante y traficante de influencias, que asesinó a “su” amigo, prefirieron en cambio, sacar a todo el personal del ministerio, tirarlo a los jardines y para colmos, sin permitir que nadie saliera del recinto o lo lógico después de dilucidado el hecho criminal, disponiendo que volvieran a sus oficinas a continuar con su labor.
Incluso, que a esta mañana, los militares y policías no hubiesen dejado de entrar a toda la empleomanía civil y les devolvieran a sus domicilios, habla y de una manera harto patética, de la increíble incapacidad e incompetencia de quienes dirigen el sector seguridad del ministerio de Medio Ambiente, en donde por lo visto no se tiene preparado algún tipo de acción de emergencia para casos violentos y debido a lo cual y sea por complicidad o ignorancia, dejaron salir del recinto al autor del asesinato y lo que repetimos, habla del rotundo fracaso de los militares y policías en el manejo de los eventos que se suscitaron a raíz del crimen aludido.
Ahora y por esa misma incapacidad e incompetencia, que debe suponerse es la misma que existe entre las fuerzas militares y policiales acantonadas en todas las dependencias públicas, a nivel de la ciudadanía se entienda, que habría que demorar visitarlas y ni hablar del cuido para sí mismos que deberían tener sus empleados y visitantes y visto que militares y policías no sirven para otra cosa, que para hacer bulto y ahora meterle miedo a todo aquel ciudadano que acuda a las mismas.
En consecuencia, se debería suponer, que el ministerio que tiene que ver con la empleomanía pública y auxiliado por el ministerio de Interior y Policía, debería elaborarse una directriz que se determinen los pasos a seguir por el elemento de “seguridad”, como por la empleomanía y para este tipo de situación nada común y como la acaecida en el día de ayer y sin que para nada signifique, que la histeria desatada ayer, continue y afectando seriamente la actividad diaria de cada dependencia pública.
También hay que advertir, que debe esperarse que el crimen de ayer no desate una supuesta justificación para incrementar “medidas de seguridad” en las oficinas públicas y contratación de más personal y armas “de defensa” y que también se disponga el reordenamiento de despachos y sitios de trabajo mediante paredes de vidrio, que facilite que todo el mundo esté a la vista de todo el mundo y así evitar que pudiera repetirse una situación tan lamentable como la ocurrida.
Así se tiene y por el hecho de sangre que ocurrió hoy mismo en un local de comida o parador en una localidad de las cercanías de la ciudad de Santiago Rodríguez, donde un funcionario y sin que mediara justificación alguna, la emprendió a tiros contra los comensales allí reunidos y matando a un matrimonio joven e hiriendo a dos personas más, este nuevo hecho, debería indicar, que procede que el Poder Ejecutivo ordene el desarme total de los empleados y funcionarios públicos y también un estudio psicológico que arroje el grado de psicosis, paranoia y de psicópatas que pudiera estarse dando entre funcionarios y empleados públicos y para que definitivamente esa situación de criminalidad latente pudiera ser erradicada.
De igual manera, que, en apenas dos días, las oficinas públicas se entiendan un lugar inseguro y con personal de seguridad totalmente incapaz e incompetente y de paso, con una serie de funcionarios gatillos alegres que por un quítame las pajas la emprenden a tiros contra el primero que se les acerque, sería una situación extremadamente alocada y si no se corrigiera.
También hay que tomar en cuenta, lo que tan precautoriamente advirtiera el presidente de la República, cuando refiriéndose a los asesinatos, prácticamente en serie, que habían acaecido en menos de dos semanas y porque además, no había una explicación lógica para semejante escenario, que los dominicanos estábamos dando visus de ser parte de una sociedad enferma y en lo que definitivamente habría que darle la razón y dado que no hay una explicación racional que pudiera justificar semejante situación tan irregular.
En cuanto a lo que Abinader advirtiera, seguro que el primer mandatario estará ya buscando las vías para tratar de controlar y para no hablar de erradicar, ese desorden que se vive entre los funcionarios y empleados públicos dentro de los tres poderes interdependientes del Estado, donde no solo andan con espalderos uniformados con caras de pocos amigos y estos, dispuestos a llevarse por adelante al que entiendan un peligro para sus jefes, sino que definitivamente, lo ocurrido esta mañana con el funcionario de tercer nivel que acribilló a terceros, lo que se descubre, es el alto grado de violencia anímica existente dentro de la empleomanía pública y quienes les dirigen y lo que definitivamente hay que extirpar y generando, hay que repetirlo, un desarme general de todos ellos.
De ahí que recalquemos, que este terrible ambiente de guerra civil que los organismos de seguridad militares y policiales evidencian en las oficinas públicas, ahora se agravará más, si como estamos observando, parecería, que, por el asesinato de uno, todos los ministros y sus funcionarios se convierten en prisioneros de sí mismos y ahora ven a los ciudadanos como sus enemigos y agravando las tensiones donde trabajan. ¡Cuánta estupidez! (DAG)





