InicioFirmas¿Por qué callamos ante la corrupción?

¿Por qué callamos ante la corrupción?

Frente al ruido ensordecedor de estos aciagos días de corrupción chusca con hedor a tortilla con cebolla recalentada, hay un silencio que debería llamar más la atención, y ante el que todos guardan silencio. Unos y otros. ¿Por qué a lo largo de los últimos cuarenta años, proceda la corrupción de un lado u otro, se impone una omertá calabresa mientras está teniendo lugar la corrupción, un código que impone el silencio y hasta la muerte civil o política a quien hable? Únicamente, como un generoso cava, cuando el tapón se descorcha fluye compulsivamente toda la espuma. Pero, mientras tanto, han transcurrido años de silencio absoluto. Pues bien, pasen, vean y lean lo que nunca se escribe.

¿Por qué callan los políticos y altos cargos de la Administración? Los que se corrompen, callan por razones obvias. Y los que lo saben y no se corrompen evitan denunciar a su compañero porque pasarían por delatores en una organización con prácticas propias de la mafia. Por eso, no es infrecuente que cuando una persona honesta en esas organizaciones advierte de indicios de delito, el interlocutor cambie rápidamente de conversación o no se dé por aludido. La ignorancia cobija al cobarde y no altera la conciencia. Al fin y al cabo, callan por miedo.

¿Por qué callan los empresarios cuando saben que a otra empresa se le ha adjudicado un contrato bajo el pago de comisiones? Porque o bien ellos mismos lo han hecho alguna vez, en cuyo caso se pondrían en evidencia, o porque, aún no habiéndolo hecho, existe un código entre empresas de no pisarse la manguera, so pena de que el que lo haga acabe expulsado del sistema. Al fin y al cabo, callan por miedo.

¿Por qué callan los empleados públicos que intervienen, por mandato de político corrupto, en un delito? Los que delinquen, por razones obvias, y los que lo saben y no delinquen porque perderían su puesto de libre designación, verían reducida su productividad o les retirarían su consejo de administración y, sobre todo, porque se autocondenarían al fuego vivo de ser un delator entre pares. Al fin y al cabo, callan por miedo.

¿Por qué un político que ha ejercido el clientelismo en su familia o se ha corrompido es capaz de reprochar esa misma conducta a un político de otra organización política? Porque son impúdicos. Viven en una huida constante hacia adelante y piensan que son intocables, fundamentalmente cuando ostentan el control del presupuesto público y la sumisión obscena y partidista de algunos medios de comunicación. Al fin y al cabo, callan por dinero. Por: Mario Garcés . 20minutos.

 

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