A finales de los años ochenta y principios de los años noventa, el ir a la zona de Punta Cana era una novedad para el visitante dominicano, que a ese tiempo, los empleados de los hoteles, por coincidencia todos haitianos, a duras penas trataban de demostrar cordialidad, cuando en realidad y por sus gestos y desplantes, se notaba que no les agradaba el turista dominicano y casi de parecidas características el mismo prejuicio por parte de los gerentes hoteleros, la mayoría españoles o de origen italiano.
A aquel tiempo, los haitianos que trabajaban en los hoteles, unos, en el área de recepción y otros en las áreas de servicios y entretenimiento, los hoteleros los alojaban en unos terrenos de lo que hoy es Verón y Friusa en casuchas desparramadas en aquellos descampados,
Hablamos de una población haitiana flotante de cerca dos mil personas. A este día pasan de 60 mil y abarcando servicios de mantenimiento y construcción y cuyo dominio mayor lo tiene el grupo Punta Cana.
Con el crecimiento económico y la necesidad de más empleados y porque supuestamente, “los dominicanos no quieren trabajar”, que es el cuento con el que los hoteleros y su llamada “industria sin chimeneas”, esconden su apetito voraz por ganancias y afán de lucro fuera de toda proporción, se ha creado la penosa como terrible circunstancia, de la terrible represión anti ilegales de la dirección de migración y que es el factor que ha generado y con toda la razón, odios y animosidades de los haitianos y en sentido amplio contra los dominicanos en la zona.
Los del grupo PC, así como sus colegas hoteleros en Bávaro y por ese mismo afán de lucro y al que se ha unido el segmento de contratistas e ingenieros de obras y todos sin pagarle los debidos salarios a precio justo a sus trabajadores, aparte de propiciar el mecanismo execrable, de que los últimos, roban los salarios de los obreros y con cualquier pretexto, el suficiente para que los corrompidos oficiales de migración les caigan encima, les extorsionen y después los meten en camiones para fines de deportación sumaria, se ha generado el más terrible mecanismo de extorsión y sobornos, a un nivel tal y al que se han unido unidades policiales “de los alrededores”, que se ha llegado a crear una “tarifa” de entre 15 y 30 mil pesos por individuo detenido y acosado, sobre todo en los días de pagos salariales.
Peor todavía, ahora, la mayoría de esos trabajadores, que en términos laborales sus empleadores no los registran como empleados fijos y con el avieso propósito de que siempre estén ilegales y lo que facilita las cosas para que los periódicos y medios de comunicación de esos hoteleros, constructores y desarrollistas puedan tener la justificación para tratarles groseramente y cuando protestan o se disgustan al momento que les extorsionan robándoles sus salarios y a cuya mayoría se les trata de ladrones, la prensa de esos empresarios genera el suficiente escándalo mediático con aquello de “los ilegales que invaden Punta Cana” y de inmediato la atrapada opinión pública cree semejante infundio.
De esta manera, se tiene, que la “industria turística”, que por ley no paga impuestos, que también por ley los gobiernos les otorgan su capital de trabajo de dineros en los presupuestos del Estado – de hecho, financiando su capital de trabajo por los contribuyentes- que tampoco paga impuestos por cada turista que traen a sus hoteles, que son “manejados administrativamente” por sus empresas de mayoristas de venta de grupos turísticos en el exterior, que tampoco pagan impuestos locales y lo otro tan grosero, que no declaran las ganancias obtenidas para tampoco pagar impuestos, en este renglón hay 350 mil millones de pesos no declarados, se ha erigido en el peor estigma de esta economía y abarcando el pago de salarios miseria a la empleomanía local y para colmos, exigiendo que nada se diga en contra del turismo y porque supuestamente “al turismo hay que preservarlo y protegerlo”, es decir, a esos seudo empresarios hay que dejarles que se enriquezcan sin control de ninguna especie y atropellen a sus empleados no registrados.
De este modo, se quiere ocultar que los hoteleros han secuestrado las playas públicas frente a sus hoteles y sin permitir que la población local tenga derecho a usufructuarlas, mientras a lo interno de sus hoteles, han creado un mercado sexual de trata y tráfico de personas y prostitución, más libre comercio de drogas ilícitas, que por la impunidad de la que se benefician, parecería que el mismo Gobierno Nacional es su cómplice.
Como hay que suponer, todos esos empresarios explotadores de los dineros de los contribuyentes, se ríen con la muela de atrás, viendo lo fácil que les ha resultado chantajear a todo un país y su economía y de ahí que el llamado Grupo Punta Cana se haya constituido en un feudo familiar en el que las leyes no funcionan y solo la voluntad de los tres hijos y el cabeza del grupo PC y ahora mucho más, cuando son “propietarios” del aeropuerto “privado” que tienen y en donde las instituciones del Estado no tiene cabida.
Si todo lo anterior es gravísimo contra la soberanía nacional, peor, es lo nuevo, de la terrible actitud y crispación de la mayoría de los 60 mil trabajadores y empleados haitianos, quienes por los abusos de los inspectores de migración y para su defensa, han tenido que armarse de machetes y colines y cuchillos y para salvar su integridad física, abandonar regularmente las viviendas en las que viven y las que son asaltadas por las autoridades y de paso robándoles sus bienes y para tener que refugiarse en campo abierto, “en el monte” como dicen todos ellos y donde se ocultan para pasar días enteros.
De ahí que ante tanto abuso, todos esos miles de disgustados, poco a poco les aumenta su impotencia e indignación y la que por momentos estalla, los días de pagos quincenales y por los abusos que sus empleadores les perpetran, se tiran a las calles y desafían a la autoridad y al orden constituido y lo que de inmediato, la prensa de los hoteleros, publica, que supuestamente “trabajadores ilegales se tiran a las calles a crear desórdenes sin control”.
A nuestro criterio, se está creando un muy grave malestar social y el que, cuando estalle, la mayoría de los dominicanos se quedarán asombrados e impactados por las versiones mediáticas distorsionadas que esos medios publican…y que las autoridades crean.
Nuestro criterio se refuerza, con lo expresado por expertos, quienes plantean que, “Punta Cana opera frecuentemente como una «burbuja» de lujo y turismo masivo (all-inclusive) que contrasta drásticamente con las zonas rurales circundantes. Aunque es el motor económico de la región y un líder turístico, este crecimiento rápido plantea desafíos estructurales, de servicios y de desigualdad, lo que genera debate sobre la sostenibilidad del modelo a largo plazo”.
Solo pues, advertimos sobre la situación que se está viviendo, pues ya estamos observando, como en la mayoría de las casas de familias y de dominicanos que residen en los residenciales de clase media de la periferia de Punta Cana, Bavaro, Friusa y Verón y las que tienen personal doméstico haitiano, las tensiones aumentan y la causa es solo una, la represión abusiva y descontrolada de las autoridades: Migración, policía turística y cuanto pelafustán armado haciéndose pasar por policía, pues ni siquiera policía de transito hay y de ahí de los terribles accidentes de tránsito hijos también de la imprudencia de los conductores.
Y que son las razones por las que advertimos, que Punta Cana es una verdadera como inquietante bomba de tiempo social, que cuando estalle, todo estará fuera de control y desde que el dominicano descubra y que no es su culpa, que no es bienvenido por la población flotante haitiana. La matazón está en camino y ya da señales. Con Dios. (DAG) 23.03.2026





