Meses luego de que el presidente Luis Abinader hubiese estado insistiendo con su continuo discurso de alerta y atención respecto al serio panorama de ingobernabilidad casi absoluta que existe en la República de Haití, este recoge el fruto, de que después de una reunión entre el Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken y el primer ministro Ariel Henry. EEUU accediera al envío de una fuerza internacional de paz al país transfronterizo.
Ahora falta por ver hasta donde la nueva decisión tomada en la cumbre del Caricom por el 50 aniversario de la Comunidad del Caribe y que se llevó a efecto en Trinidad -Tobago y en la que por cierto, parecería que República Dominicana no estuvo invitada y ni siquiera como observador, dentro de qué parámetros, EEUU le dará forma a la nueva intervención militar y sí la misma tendrá como mascaron de proa los militares estadounidenses acantonados en el Comando Sur, el que de suyo, es una unidad que entiende su presencia en estos países al sur del Rio Grande, tal como si los mismos continúan siendo colonias de la primera potencia geoestratégica regional.
En consecuencia, habría que esperar cual será el efecto inmediato de esa intervención militar y la que siempre lo será, aunque se disfrace de “fuerza de paz” y para un Haití que lleva en su haber tres intervenciones militares estadounidenses y con el pretexto de restaurar el orden y la paz y alejar a la nación de los “efectos ideológicos” de esa política exterior cubana tan antiestadounidense.
Por supuesto, la situación que se vive a la fecha en la región del Caribe Central no es ni en mucho parecida a aquellas que permitieron a Washington imponer en el pasado su doctrina Monroe de “América para los americanos” de origen sajón y para nada latinos. Por lo pronto, República Dominicana es una fuerte economía emergente con un bien establecido sistema político democrático y el mismo Haití y pese a la propaganda negativa que la acompaña, para nada es el llamado “país más pobre de América” y lo que rotundamente no es cierto.
Basta ver, que, en materia de intercambios comerciales, solo entre esta nación y la estadounidense y ciertos aspectos que tienen que ver con Canadá y Francia, la República de Haití es una economía tan dinámica, que sus compras en los países mencionados y por año calendario, llegan a cinco mil millones de dólares , lo que significa, que del “país más pobre de América” no tiene nada, pero que en base a la grosera explotación de su burguesía y la ausencia de una riqueza que realmente llegue al pueblo haitiano, provoca, que propagandísticamente en los medios de prensa internacionales, solo se ve a Haití como un aparente país de hambreados al borde de la extinción y dentro de un profundo esquema de ingobernabilidad permanente, manejado con destreza letal por sus ocultos grupos económicos y financieros.
Conocido entonces el nuevo anuncio, habría que ver que otros pasos dará EEUU en concreto, cuando también para la nueva política se encuentra implicado el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quién la semana pasada estuvo en Puerto Príncipe y la misma comunidad caribeña, Caricom y después de su cumbre número 50.
Lo que parecería, es que la nueva intervención militar se hará dentro de los parámetros estudiados por Canadá, de darle un apoyo logístico y de personal amplio a la policía haitiana (por lo pronto ya aprobó un presupuesto de ayuda policial de 68 millones de dólares) lo que EEUU refuerza y con su pretensión, de que, en el aspecto de la funcionabilidad democrática, la policía haitiana restaure la paz y como mecanismo correcto para imponer un orden democrático estable.
Esto quiere decir, que, a la larga, el nuevo gobierno haitiano que resulte pudiera ser uno autoritario de corte semi castrense y manejable para los intereses en juego y en los que lamentablemente y debido a la hipocresía y falta de coraje dominicanos y dado que este país no quiere verse inmerso en la nueva política de reconducción haitiana y con el pretexto, de supuestamente no querer ganarse la animosidad de la población.
Y lo que no tiene sentido, toda vez, que así como Haití depende de una fuerte mayoría de productos dominicanos para su subsistencia, esta realidad favorece que los mismos haitianos y dentro de un mecanismo de intervención extranjera, entendieran y vieran a los dominicanos como la parte más confiable para sus intereses y lo que debe de obligar al presidente Abinader, a entender, que sería un grave error que su gobierno no se implique en el esquema intervencionista “panamericanista” que se quiere diseñar. Con la tutela de Washington y el “auxilio temprano” de la OEA.
Desarrollándose la nueva intervención extranjera, Abinader y como gobierno dominicano, tendría la responsabilidad de parar en seco a los furibundos ultracionalistas anti haitianos que se manejan desde el Instituto Duartiano y la mayoría de los miembros del sector mediático criollo, al tiempo que tácticamente y de manera provisional y paralelo a la intervención extranjera, detener las repatriaciones de haitianos indocumentados y facilitando un visado temporal de trabajo de un año para quienes se encuentren indocumentados en este país y a modo de restarle presión a los efectos negativos de la intervención militar en sí.
A todo esto, esta nación tendría que imponer una especie de cordón sanitario en la franja fronteriza y del lado dominicano y mediante el cierre cautelar de la frontera para fines de movilización de personas, pero dejando abierto todo lo relativo al flujo comercial entre los dos países, algo parecido se hizo inmediatamente luego del terremoto de 2010 y sus efectos positivos fueron tales, que la mayoría de la población haitiana se sintió protegida ante el auxilio masivo dominicano.
Significativamente, también quiere decir, que la saludable experiencia está ahí y que con una u otra variable podría ser implementada y como efecto directo de la nueva intervención militar multinacional.
Naturalmente, para implementar esta opción de intervención humanitaria blanda, los dominicanos debemos tener mente amplia y asumir que, si Haití fracasara como estado y nación, los efectos serían más que preocupantes para nuestra supervivencia e institucionalidad. Ojalá se nos haga caso.
Al plantear pues estas ideas y de buena fe, es indudable que en escena queda ahora lo evidente, de reconocimiento para Abinader: Estados Unidos apoya la solicitud de Haití para enviar una fuerza especial. Con Dios. (DAG) 07.07.2023





