sábado, octubre 1, 2022
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Si en el PRM se han olvidado de que la función de la oposición es hacer una y responsable de contrapeso al poder, entonces están perdidos y por ahora solo el expresidente Leonel Fernández es quien se muestra como tal y poco el tiempo de hacer que le queda al gobierno hasta que en el 2023 se entre a la campaña electoral de cara al 2024.

Es evidente que el estilo de gobernar que tiene el presidente Luis Abinader, de delegar funciones y dejar que la responsabilidad propia sea la que determine el trabajo de cada ministro de Estado o funcionario, en tanto el se reserva su función constitucional de ejercer el poder, parecería que no ha sido comprendida por quienes están a su disposición como subordinados y todos e incluido el mandatario, al servicio de la República.

Y lo que hay que decir, viendo que realmente el gobierno no ha tenido los resultados y éxitos que esperaba en determinadas carteras ministeriales, al tiempo que no ha sido del todo capaz y adecuadamente firme en imponer medidas disciplinarias de corrección y a modo de que sus ministros y directores entiendan, que el que se les delegue funciones no es que vayan a estar a la libre y sí que cada uno se ciña a las políticas que el mismo presidente ha esbozado.

Ahora bien, si independientemente a semejante estructura, el propio presidente se ha descuidado en la supervisión directa que debe tener sobre su gobierno, entonces y necesariamente hay que darle  razón a los grupos opositores y aun a los de alquiler electoralista y no solo al doctor Leonel Fernández y en cuanto a que en determinadas áreas gubernamentales, la gestión va entre incapaz, incompetente y acomodaticia, que para un gobierno  autorizado constitucionalmente a la reelección presidencial, no es precisamente, la mejor de las situaciones y de cara a su futuro inmediato.

Lo que se nota, es que hay dispersión de propósitos e inutilidad de políticas, al tiempo que el mismo partido oficial, el Revolucionario Moderno (PRM) parecería que tiene un accionar mortificante de intentar mantener un objetivo nada especifico, pero sí de inquietante actitud de socavar al gobierno y de una manera totalmente impropia de lo que debe ser su papel de sustentador político de la administración.

Por ejemplo, el hecho de que realmente en estos dos años de mandato y de los tantos brotes de inconductas delincuenciales propias de determinados funcionarios y miembros del PRM, en la presidencia de la República no se han mostrado con la firmeza y el afán disciplinario correspondiente, de manera que la ciudadanía entienda que se tiene una verdadera disposición a eliminar los brotes siempre desafortunados de inconductas calificadas como parte de la vieja corrupción política y administrativa, que los políticos cuando llegan al poder y en gran mayoría, tratan de ocultar en vez de castigar y enmendar, realmente deja mucho que desear.

Dando por resultado, que ya nadie cree en el llamado “combate contra la corrupción” y peor, que los ciudadanos empiezan a preguntarse cual será el endemoniado escándalo, que, en este aspecto, sobrepasará todo cuanto hasta ahora el ministerio público central ha destapado en materia de escándalos de corrupción en los gobiernos del opositor zigzagueante del Partido de la Liberación Dominicana (PLD)

En este sentido y hasta ahora, habría que reconocerle al partido también opositor, Fuerza del Pueblo, una actitud seria y más comprometida con el enfrentamiento de los ilícitos desde el poder y en razón de lo cual y por sus discursos procurando un cierto sentido de corrección de conductas desde el poder, poco que mucho, a su líder, el doctor Fernández y con todo y sus errores administrativos del pasado, se le entiende como el mejor prospecto para enfrentar los aprestos de la reelección constitucional y lo que ello lleva de búsqueda de que ciertas áreas gubernamentales enmienden sus políticas.

Para empezar, ¿ cómo es posible que al gobierno le maten en su oficina a uno de sus ministros de Estado y las investigaciones solo estén a cargo de la Procuraduría General de la República, cuando el mismo gobierno debió de haber creado un comité o comisión especial que hiciera su propia investigación y cuyos resultados ya hubiesen sido pasados al ministerio público para su conocimiento y ponderación y para colmos, ahora con el supuesto autor material reclamando al tribunal a cargo, la revisión de sus medidas de coerción?

Que se recuerde, nunca en cualquier otro país organizado, acción semejante hubiese ocurrido y el trágico asunto, aparte del terrible impacto político, no hubiese quedado en manos solo del Poder Judicial, proceder con el que invariablemente las autoridades envían el penoso mensaje de como si la autoridad nacional no tuviera realmente interés alguno en desentrañar las razones reales, de un crimen, que el rumor público apunta hacia el sector productivo agrícola y terrateniente y cercano al turístico, que se entiende, afectado por determinadas disposiciones administrativas del malogrado ministro ya fallecido. Tal actitud es difícil de entender.

Al mismo tiempo, viene lo otro: El desastre en Educación y por el evidente despilfarro de recursos de los contribuyentes que allí ha habido y como responsabilidad del político clientelista que fuera llevado al cargo de Ministro de Educación.

¿Cómo es posible que al ex ministro Roberto Fulcar no se le haya abierto una investigación, por la que se pudiera entender, lo errático de las políticas que hizo uso y el manejo y esto para decirlo suavemente, caprichoso del presupuesto asignado y del que ahora, lo menos que se conoce, es que en materia de pupitres, al ministerio se le hizo una estafa de parte de suplidores, de más de 126 millones de pesos?, pero ¿ es que nadie va a asumir responsabilidades sobre lo que parece una enajenación de fondos públicos a gran escala y para remate, viene el gobierno y lo premia dándole otro cargo y para colmos de pura política clientelista electoral?

Realmente, no se entiende el por qué el presidente Abinader no ha sido lo suficientemente firme en corregir semejantes distorsiones de procedimiento que conspiran contra su política estructural de nuevo orden de administración de Estado.

Con todo y porque en esto, el presidente ha caído simpático a la gente y el ciudadano aun quiere darle el beneficio de la duda, vemos que realmente y de cara a la oposición, el presidente mantiene y en crecimiento, sus indicadores de popularidad y que entendemos es propio del hecho, de que para todo el mundo existe el convencimiento de que Abinader no es ningún pillo en el poder que procura afectar la cosa pública o enriquecerse en el cargo. Pero, aun así, es hora de que sea más firme y capaz al enfrentar los espacios de corrupción que indefectiblemente hay que entender que prohíja el PRM y que algunos de sus funcionarios y por ser “demasiados cuidadosos” dejan que se presenten y se les deje hacer.

Ayer y esto como contrapartida, el presidente cumplió una exitosa jornada en la capital estadounidense, en la que todos vimos su madera de estadista y de defensor responsable de los intereses permanentes de la nación. Mostró una aguda visión internacional respecto al problema haitiano y lo que el mismo representa para nuestra seguridad nacional y no dejó duda en sus interlocutores, de que como presidente sabe lo que tiene entre manos y como tratarlo. ¿Por qué esa misma imagen no la presenta a lo interno, para enfrentar con decisión las irregularidades tan singulares que determinados sectores y funcionarios y ante sus propias narices, están realizando? Misterio.

Mientras tanto, hay que puntualizar, que, si en el PRM se han olvidado de que la función de la oposición es hacer una y responsable de contrapeso al poder, entonces están perdidos y por ahora solo el expresidente Leonel Fernández es quien se muestra como tal y poco el tiempo de hacer que le queda al gobierno hasta que en el 2023 se entre a la campaña electoral de cara al 2024. Atención pues. (DAG)

 

 

 

 

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