InicioPor el Ojo de la CerraduraSi la política de haitianización gradual de la vida nacional no contara...

Si la política de haitianización gradual de la vida nacional no contara con la parte del pueblo que opone resistencia a la deportación de haitianos ilegales ya la situación sería más que manejable. Pero y pese a todo, el espíritu rayano de convivencia se mantiene

Racionalmente, el sentido común indica, que si dos países son vecinos territoriales, es prácticamente imposible que su misma gente no trate de cruzar de uno a otro lado y que incluso, ocurra lo natural, de que como especie se traten de unir y reproducir entre unos y los otros.

El fenómeno social es de relación común y espontánea en esos tipos de países y lo que se observa como lo más natural del mundo en todos los países de este continente y para no hablar en el resto del mundo.

Sin embargo, lo que debería de ser un “cruce” natural y espontáneo e hijo de la civilidad y las relaciones armoniosas entre la humanidad, hay países donde un hecho tan natural y voluntario, de que un vecino quiera conocer al otro, entablar relaciones, tener trabajos y familias comunes, de pronto, radicales de ambos lados hacen lo imposible porque la armonía no reine en un proceso migratorio innato en la humanidad.

Tomemos el caso entre dominicanos y haitianos.

Desde siempre, los habitantes de ambos países, cercanos en los puntos fronterizos, los Estados y sus gobiernos siempre han permitido, que ellos, a los que se les llama “rayanos”, perfectamente crucen la frontera común y desarrollándose un mecanismo natural y pacifico de cohabitación y sin radicalismo ni racismo de ninguna especie.

Iván sale todos los días temprano al pueblo fronterizo dominicano más cercano, así como Daniel hace lo mismo hacia el pueblo fronterizo haitiano que lleve gusto. Ambos conviven todos los días en los respectivos lugares a los que se dirigen, trabajan allí y obtienen buenas relaciones de amistad y hasta familiares y al atardecer, cada uno vuelve a su patria de origen y sin que autoridad alguna los obstaculice y generando lazos de amistad personales y familiares indestructibles.

Todo ese proceso natural, ocurría desde más de cien años continuos, hasta que para el 1937, los comerciantes dominicanos en los pueblos menos cercanos a la frontera y en particular en ciudades como Santiago, La Vega, Puerto Plata, Montecristi, Azua y Barahona, comenzaron a quejarse de la supuesta competencia que le hacían los comerciantes haitianos, quienes más diligentes, no solo que tenían mejores precios que los dominicanos, sino que sus mercancías eran más atrayentes y lo más importante para el comprador, que unían los dos puntos de interés para un comercio sano: Calidad del producto y bajo precio.

El comerciante dominicano y más con mentalidad de tendero, que otra razón, nunca ha sido de la mentalidad abierta del comerciante haitiano, pues en la generalidad de los casos, sus productos dejan mucho que desear y encima, con precios exorbitantes para el mercado y que siempre ha sido la mentalidad de usurero natural del comerciante dominicano: Compra barato y vende al triple del valor pagado y encima nada de calidad y que el Estado le quite la competencia.

Por eso, los comercios dominicanos y hablamos de pequeños comerciantes en pulperías y almacenes y ferreterías, el producto que adquieren a un peso, lo quieren vender a cinco pesos y generando el resultado, de que el producto se estanca en las estanterías, mientras que su igual haitiano viene con un producto sano y de bajo costo y lo vende de inmediato.

Fue por esa discrepancia de conducta y de precios, que los comerciantes dominicanos y teniendo de vocera a la senadora de Montecristi, Isabel Mayer, amiga de “facilidades de cama” del entonces presidente Rafael Leónidas Trujillo, se constituyó en la vocera por interés pecuniario de esos grupos de comerciantes usureros y reclamando, que el gobierno se pusiera con “mano dura” y los desalojara, no solo de sus comercios y sí del país.

Trujillo y al principio se resistía a hacerlo y hasta que un día y después de una de sus famosas paradas o revistas cívicas, en las que el presidente y hombre fuerte visitaba los pueblos del interior y en un momento de esparcimiento, Mayer hizo uso de sus “habilidades comunicacionales” y hasta que logró que “el Jefe” diera la orden de desalojo -no de exterminio- pero que la senadora “tradujo” en expulsión violenta.

Entendamos la situación, era un país sin comunicaciones ciertas y menos carreteras y si muchos caminos vecinales y trillos entre montañas, no existía la radio y las comunicaciones escritas o por telégrafo llegaban y no con la rapidez necesaria y como luego se vio desde los años cincuenta en adelante.

Trujillo se marchó del lugar de la revista cívica y se trasladó a otra ciudad, mientras la Mayer y sus aliados comerciantes  hacían los arreglos, para que los guarda campestres cañeros -no el Ejército- asesinaran a miles de haitianos, los registros más convincentes hablan de 3 mil, pero Trujillo y ya el escándalo y sobredimensionado mediáticamente  en todo su accionar, en rueda de prensa, un periodista del Times de Nueva York le preguntó cuántos creía que “sus soldados” habían eliminado, histérico dijo: “35 mil” y a partir de ahí sus enemigos del PRD del exilio reprodujeron aquella inexactitud y para todo el mundo quedó cifra tan desproporcionada.

Sin embargo, a su favor quedó una realidad: Han pasado 89 años de aquella tragedia y nunca en el territorio nacional se ha descubierto algún tipo de fosa clandestina. A diferencia de la realidad atestiguada, de que más de mil familias dominicanas (unos cinco mil individuos) se constituyeron en defensa de los haitianos perseguidos y jugándose sus vidas, salvaron a cerca de 15 mil haitianos, que sí lograron cruzar hacia su país y lo que mediáticamente, los enemigos de esta nación callan.

Pero la leyenda artificiosa de “la masacre del 37”, todavía circula y exagerándola, malos dominicanos -hijos de putas- habría que decirles y todos nacidos años después de aquello, aún pregonan aquella mentira y sin importarles el daño tremendo que se le hace a la reputación de su propia nación.

Ese espíritu de solidaridad con el perseguido y en el caso transnacional que hablamos, del dominicano defendiendo al haitiano que vive en el territorio nacional y que se mantiene intacto al paso de los años y ahora mucho más, cuando más de un millón de dominicanos son de origen haitiano y en Haití, más de medio millón de haitianos son de origen dominicano, es a lo que se refiere y sin mencionarlo explícitamente el director de Migración, Lee Ballester y al decir, que son los mismos dominicanos los que se oponen a las deportaciones de ilegales haitianos. Como también hay que decir, que son sus inspectores los que mantienen el tráfico ilícito y comercial de haitianos trabajadores a deportar.

Entonces caemos en el siguiente escenario:  La resistencia a las deportaciones de los ilegales, es del mismo pueblo dominicano, es decir, de las familias que conocen y tratan con los ilegales deportados, quienes en la mayoría de los casos, son personas de trabajo y de bien y como siempre ha sido la característica entre los dos pueblos.

Pero ahora ocurre, que un grupo de desalmados comunicadores en las redes sociales, mantienen una terrible campaña desinformativa contra los haitianos -legales o ilegales- y siendo la mayoría, de esos vociferantes, individuos con menos de 40 años, racistas y anti-haitianos enfermizos, quienes todos los días y con un odio irracional, reclaman que los dominicanos debemos salir a matar haitianos.

Es decir, el “espíritu malévolo” de la senadora Isabel Mayer, echó raíces entre esos comunicadores, porfiados e insensatos y siendo la mayoría, mulatos y negros, iguales en materia de raza al pueblo haitiano.

Y es de este modo que la raíz del inacabable problema migratorio se profundiza. En tanto desde Haití, agitadores mal nacidos, pregonando lo peor contra “los dominicanos” y con apoyos de los estadounidenses y canadienses de origen haitiano aliados de la  mulata clase media haitiana, esa, que ha llevado al país transfronterizo a su penosa situación de ingobernabilidad y por su apoyo al pandillerismo en Puerto Príncipe -pero que el haitiano trabajador del interior rechaza-  y que aquí se aviva, desde que el presidente Abinader, un dominicano de origen árabe y con raíces haitianas, llevó a esa infame clase media haitiana a ser parte de su gobierno, ahora constituido en plutocrático y que es también la razón, del por qué el gobierno dominicano ha establecido su política de haitianización progresiva, que le permite a sus socios haitianos en el territorio nacional y a determinados empresarios e industriales dominicanos, agenciarse mano de obra barata y esclava.

Al final. ¿Qué es lo que queda?, que guste o no, el sentimiento rayano se habrá esparcido por toda la isla y quiérase que no, las dos naciones deberán convivir juntas -no fusionarse- pero sí teniendo mayor convivencia social y comunitaria. Haití es nuestro primer socio comercial y como lo es República Dominicana de ella Y el gran enemigo de la nación dominicana no es Haití y mucho menos los haitianos de origen dominicano y sí EEUU y sus estadounidenses de origen dominicano, los dominicanyorks, quienes siendo un millón, dan lo que no tienen porque República Dominicana se fusione con el país estadounidense y como estado asociado.

Esta y no otra es la realidad entre las dos naciones isleñas en la misma isla. Ahora, es menester regularizar lo relativo a los haitianos ilegales y Haití a dejarse de complejos y eliminar el visado para los ciudadanos dominicanos y para que el espíritu rayano haga su parte en materia de convivencia mutua.

Esperamos que los lectores entiendan, el por qué decimos, que si la política de haitianización gradual de la vida nacional no contara con la parte del pueblo que opone resistencia a la deportación de haitianos ilegales, ya la situación sería más que manejable. Pero y pese a todo, el espíritu rayano de convivencia se mantiene. Con Dios. (DAG) 30.07.2026

 

 

 

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