Independientemente a las subjetividades que cada ciudadano pudiera tener de la reunión de Estado entre el presidente Luis Abinader (58) y el secretario de Guerra, Pete Hegseth (45) un testimonio quedó más que evidenciado y en cuanto a que en Washington y sobre todo en la Casa Blanca, se entiende a nuestro presidente como un importante socio y amigo en el área caribeña y a un nivel tan cercano al de un presidente con ideas propias y políticas definidas y para nada vasallo.
Pues ese fue -a nuestro juicio- el resultado de ayer en la productiva reunión que ambos dignatarios sostuvieron en el Palacio Nacional. Y es que al Abinader haber tomado la decisión táctica y que está dentro de sus prerrogativas constitucionales, de colocarse lo más cercano posible a las políticas del presidente Donald Trump y en todo lo relativo a la lucha común contra el narcotráfico y aceptando sus implicaciones directas, las que se deriven de estas, sin duda y en estos momentos que otros países del hemisferio son remisos a colaborar con Trump en esta política decididamente de rescate de la dignidad humana y garantista de la protección de las familias, es un notable punto a favor para ambas partes.
A Trump. Porque obtiene un gran respaldo moral y a Abinader, porque ciertamente, semejante paso le abre positivas expectativas y para que y si llegado el caso, entendiera que a esta nación le convendría y desde el punto de vista de la geopolítica, que él debiera continuar en el poder o en cualquier caso, derivado, hacia aquel que Abinader señale y lo que es de un capital político extremadamente importante, cuando se conoce, que el descrédito que acompaña al partido oficial, el Revolucionario Moderno (PRM) y como la cabeza de lo más parecido a un cartel de drogas y escondido detrás de una etiqueta política, ultima clasificación esta, que el PRM ha obtenido y por lo que se entiende su seria implicación en el narcotráfico internacional y que le hace absolutamente nada confiable de cara a un próximo certamen electoral.
Ni que decir, que el impacto brutal que para la política criolla y en particular de cara a los partidos opositores PLD y FP y por sus pasadas implicaciones de ejecutivos y militantes suyos con el narcotráfico, tiene este triunfo político institucional y personal de Abinader, primero, que deben de abandonar su tonta política de subestimar al presidente y segundo, que si quieren continuar vigentes, deberán de hacer una reevaluación general de y para decirlo de alguna manera, su “hoja de servicios” con narcos de todos los tipos y colores y en particular sobre la conexión existente y sí callada, de beneficiarios de lavadores de activos en conexidad con capos criollos y estadounidenses y europeos de origen dominicano.
Por supuesto, no estamos alentando que lo anterior suceda, sino que si observamos y con la objetividad profesional que dan 52 años como analista político de Estado, que de alguna manera tenemos la suficiente autoridad moral para marcar derroteros o hacerle observaciones elementales a políticos y sus banderías, que en todos estos años y tomemos desde el 1996 al presente y quienes realmente se han llegado a creer y tontamente, que por algún lado no hayan registros de sus asociaciones ilícitas y con capos y quienes en algún momento les hubiesen financiado sus campañas electorales y como también continúan haciendo determinadas banderías en sus relaciones “de trabajo” con entidades bancarias, cuyos directores han llegado a entender que nunca habría oportunidad para señalarles o acusarles y pedirles explicaciones.
También debemos hacernos nuestra autocritica, porque al igual que otros sectores de opinión, no creíamos que la política de unidad de propósitos compartidos de Abinader con EEUU daría algún tipo de fruto positivo y en lo que, por lo que ya vimos ayer, estuvimos equivocados.
Sin embargo, nos entendemos lo suficientemente profesionales y decentes, para admitir la equivocación hija de pasadas circunstancias, pero al mismo tiempo, debemos de observar, que cuando una nación-imperio, observa como otras le entienden en decadencia y más un EEUU que en los últimos ochenta años ha sido la gran potencia unipolar. Siempre y por más cercano que se crea ser de esta, siempre hay que guardar las distancias precautorias de lugar, pues las naciones -imperios y sin importar el sector político o ideológico con el que se identifican, nunca tienen amigos, sí presumibles aliados y siempre hasta un punto.
De ahí que entendamos el paso político dado por Abinader, pues que recordemos, salvo el régimen de Trujillo y los de Balaguer y un tanto el de Jorge Blanco no ha habido gobierno dominicano cercano a Washington y nunca en la dimensión de como Abinader lo ha logrado y eso hay que aplaudírselo y reconocerlo también.
Igualmente, hay una gran lección que se extrae de esta renovada alianza binacional de apoyo bélico mutuo y compartido, tanto en el frente contra las drogas como frente a los ánimos provocadores de ciertos gobiernos de nuestra misma área geográfica, que tontamente y creyendo que la Guerra Fría no ha desaparecido, se empecinan en mantener una confrontación frontal contra EEUU, cuando lo táctico y lo que estos tiempos mandan, es una búsqueda de tender puentes de colaboración, no necesariamente de amistad, pero sí profundamente útiles en cuanto a disminuir tensiones en sus políticas internas.
Con razón que en la tarde de ayer puntualizamos, que el que Estados Unidos usará aeropuertos de San Isidro y AILA en su despliegue contra narcos en el Caribe y en base al Acuerdo de Interdicción Marítima y Aérea firmado en 1995 por el presidente Joaquín Balaguer y el que fuera ampliado en el 2003, es una autorización que tiene fundamentos legales, legítimos y constitucionales a lo absoluto. Y aumentando la dimensión del país y que de acuerdo del secretario de guerra, “República Dominicana se ha convertido en un líder regional preparado y dispuesto a enfrentar retos difíciles”
Para el caso dominicano y sí Abinader analiza bien y en frio el futuro de su política, a partir de lo de ayer, debe renovar la estructura de su gobierno, apartar lo que le resta puntos a su favor y abrirse a tener un partido de conformación dominicanista y no sectaria y como hasta ahora el PRM se ha mostrado.
También, hacer flexible su aparato de prensa y propaganda en donde hay tantos sectarios y resentidos y lo más importante para la consolidación de su imagen personal: Hacer amigos, disminuir los adversarios y ser tolerante con los disidentes. Cómo también ofrecemos este consejo a los responsables en las redes sociales: Que deben ser menos fanáticos y amoldarse a los requerimientos de estos tiempos en los que, pactar, unir y colaborar debería de ser su divisa para triunfar.
En definitiva, nos complace admitir, que por primera vez vemos a este presidente de la República, transitando el camino de un estadista y sin pretender nada suyo, le aplaudimos y reconocemos su renacida valía y porque no es frecuente ver un soberbio triunfo personal y político de Abinader y como resultado de su reunión de ayer con el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth. Con Dios. (DAG) 27.11.2025
última actualización: 11:48 am.





