Lo peor que le puede ocurrir a un país, es cuando su clase política y en abierto desafío a la voluntad popular, pretende negociar entre sus miembros y con miras de imponer una forma o variable de ejercicio de la política del poder, por medio de la cual, el pueblo chileno pudiera ser derrotado ante un nuevo plebiscito de corte cosmético y nada realista que su descalificado gobierno pretenda implementar.
En este aspecto, lo anterior, no es más que la introducción del análisis político primario que debe establecerse, al conocerse la reacción del presidente chileno, quien en vez de aceptar su realidad, de que de cada 100 chilenos, 62 se le oponen, ha preferido en cambio, plantear y a partir de la tarde de ayer, una junta de políticos y organizaciones cercanas al oficialismo y con el interés, de que lo que llamó, “un itinerario constituyente” por el que y conociendo la mentalidad grupal de la coalición de izquierdistas y comunistas que encabeza, es evidente que Gabriel Boric ha iniciado los pasos para desconocer en la practica la decisión mayoritaria de la población y que de suceder, marcaría un retroceso mucho peor que todo cuanto la dictadura de Pinochet pudo haber realizado.
Viéndolo desde la perspectiva dominicana, es claro que el rejuego que Boric y sus aliados se traen, es lo más parecido a pretender imponer un sistema político de conducción partidocrático y negador a lo absoluto de la voluntad popular y que para ser impuesto, deberá de ser establecido bajo el contubernio enfermizo de todo un esquema de prensa corrupto y entregado y con el pernicioso propósito de desconocer la voluntad popular, pero con su grave problema, de que en Chile, la población está sumamente alfabetizada y su clase media como gobernante, sus integrantes piensan por cabeza propia y no como ocurre en República Dominicana, donde el factor mediático y en conspiración abierta contra el ejercicio de un verdadero proceso democrático, hace lo imposible por tratar de ver si le es factible imponer un sistema político enfermo y compuesto por una dirigencia de mentecatos y farsantes de opinión, quienes ni siquiera se dan cuenta, que de persistir, cuál sería el costo que le significaría para su supervivencia.
Por eso y a nuestro modo de ver, los aprestos desestabilizadores contra la voluntad popular que Boric y sus aliados pretenden, van directamente a conocer el fracaso por nueva vez y desde el momento que los chilenos de buena voluntad se dieron cuenta que Boric y con su nuevo proyecto de constitución, afectaría de una forma terrible la gobernabilidad, aunque hasta ahora todavía no puede hablarse de que la historia vuelva sobre sus pasos e imponga un régimen seudo democrático y militarista.
Para los dominicanos en cambio, entendemos ver una alternativa social, que para nada tendría un espíritu democrático y sí cuartelario y por el desencanto y frustración de tener una clase política y dirigente profundamente corrompida y corruptora y dominada por las formas más increíbles de corrupción desde el poder.
Desde luego, todo dependerá de si los grupos generacionales nuevos que el presidente Luis Abinader representa y de los que muchos nacidos en el 1967 como en el 1976, ya están colocados en cargos específicos de su administración, han caído en la cuenta, de que el futuro inmediato a partir del 2024 no puede continuar en las manos de los mismos políticos y sector mediático que han estado en el gobierno desde el 1996 al 2020 y con notorias excepciones y quienes realmente han llevado a la nación, al limbo jurídico que no deja que el proceso democrático pudiera renovarse por sí mismo.
De esta suerte, lo que en Chile viene siendo una acción política desestabilizadora contra su gobernabilidad y la negación absoluta del respeto a la voluntad popular, para los dominicanos, es la especie de clarinada que deberá obligar a las nuevas generaciones y con Abinader a la cabeza, que deberá a su vez, enfrentar el tremendo retroceso que ha significado, que la oligarquía se le haya impuesto a la nación y de la manera más sorpresiva, a través del primer gobierno plutocrático que la clase gobernante se ha dado y que el pueblo no tiene idea y en razón del golpeo propagandístico incesante de los mass media pertenecientes a esa oligarquía y la que para nada quiere entender, que las instituciones nacionales no deben ni pueden continuar en sus sucias manos, torciendo a peor la voluntad y sentir de millones de dominicanos.
Chile y por lo que Boric dijo ayer, al comprometerse a impulsar “un nuevo proceso constituyente”, parecería que le toca un largo camino en su búsqueda de una auténtica democracia popular y participativa y sin excesos dramáticos de esos que acostumbran los comunistas y la izquierda, suerte que el 61,88% del "Rechazo", frente al 38,1% del "Apruebo" en el pasado plebiscito, tiene para sí su propio seguro de supervivencia con esa composición parlamentaria, que al decir de una agencia informativa española, “un 50% de políticos de derecha y el resto se reparte entre independientes, socialistas y democratacristianos, que también quedaron fraccionados en este proceso constituyente”.
Es así, que los resultados reales del plebiscito son los de un país austral profundamente dividido y con una izquierda atomizada y una derecha que tampoco escapa al fenómeno, pero que, al ser más diestra en el manejo del poder, podría entenderse que tendría recursos para que aquella nación no vuelva a caer en la celada aquella por la que Allende pudo llegar al poder.
Para los dominicanos y sin duda alguna, las oportunidades y perspectivas de una nación en la que de 10.5 millones de habitantes, 8.5 millones nacieron luego de mayo de 1961 y de cuya totalidad nacional, no menos de 9 millones de personas han salido y entrado del país continuamente y teniendo en el exterior 3 millones de extranjeros de origen dominicano y conociendo otras culturas y formas de como ver la realidad política y al tener además, un presidente, que generacionalmente es el primero después de desaparecida la Era de Trujillo. Habría que decir, que tienen mayores posibilidades de trazarse su propio camino y destino y sin pensar en aplastar a quienes no piensen igual y sean o no de la oligarquía y sí cohabitar con ellos desde una posición de fuerza y determinación, pero desde una óptica nacionalista nada sectaria y tampoco enfermiza.
Chile y al menos hoy, debió de haber amanecido con la renuncia de Boric y como respuesta a la gran derrota política y moral que su población le produjo, los dominicanos y al contrario, no tenemos por qué caer en semejante derrotero y mucho menos al tener un presidente joven y al que los sondeos más responsables le adjudican sobre el 50 por ciento de popularidad sostenida y con promisorias perspectiva de ganar y si se decide, su reelección constitucional frente a las muestras atrasadas de ese neocaudillismo que las fuerzas más oscuras dentro de la FP quisieran imponer. Suerte que el PLD le hace un gran contrapeso y el PRM se apresta por realizar su papel de gran diferencia, conceptual y de gobierno.
Al tener pues esta realidad, es que planteamos, que solo porque en Chile, su gobierno es prisionero de lo peor de la izquierda y comunistas, es que Boric pretende imponer una partidocracia que vaya en contra de la decisión mayoritaria, representada por el plebiscito que tan ruidosamente perdiera. Los dominicanos tenemos una perspectiva mejor. (DAG)
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