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Supuesta democracia de un solo partido ó poder ejecutivo abarcador de los otros dos poderes del Estado y en base a una partidocracia envilecida a más no poder

Por años nuestra democracia a estado mediatizada a los intereses de los principales partidos políticos y estos, subyugados a la influencia decisiva y aplastante de quien sea presidente de la República y sin importar la bandería política que le haya impulsado. Simplemente, los políticos y sus partidos han creado un autoritario sistema partidocrático que no ofrece la mínima posibilidad de que los ciudadanos puedan sentirse entes o actores principales de lo que debería de ser un libre sistema de gobernabilidad abierto.

Al mismo tiempo, el hecho de que el poder económico y en base a sus relaciones políticas dentro del mundo oficial, se hubiese convertido en uno determinante y cerrado que no da espacio para que los ciudadanos actúen y se sientan como personas solo dependientes de sus propias capacidades y esfuerzos y en cambio, luzcan totalmente dependientes de poderosos grupos económicos y financieros que les mantienen bajo un no confesado régimen de esclavitud económica, ha dado por resultado, el surgimiento de un sistema de prensa supuestamente libre, pero que en realidad es manejado y manipulado por los grupos oligárquicos conocidos de todos y cuyo único propósito es perpetuar los privilegios inacabables de la clase gobernante.

Semejante situación, propia de una nación que parecería que también funciona como atípico sistema de castas, sin duda que ha sido el factor que no a ayudado a que los dominicanos realmente se sientan personas libres y hay que decir, a todos los niveles desde la clase media alta hacia pueblo, generando entonces la infame situación, de privilegios para unos pocos e injusticias para una mayoría ciudadana, que por más que los espíritus más libres, hasta ahora han querido que la situación cambie y con miras de articular un sistema político menos cesáreo  como agobiante, les ha sido imposible.

¿Resultado? En la República no existe ni siquiera un sistema gubernativo funcional abierto y sí una variable de dictadura de grupos de corte militarista y estado policiaco disfrazado de partidocracia, del que parecería que no hay manera de que los dominicanos pudieran liberarse y ejercer autodominio propio.

En este plano, la principal característica, es la de una figura presidencial fundamentada en un significativo culto a la personalidad de quien sea presidente de la República y que a su vez, sirve de soporte, al dominio absoluto que el Poder Ejecutivo tiene de los poderes Legislativo y Judicial y al extremo, de que los legisladores son matasellos del gobernante de turno y su partido y estos contando con la aprobación tácita y silente de las demás banderías políticas que se dicen “opositoras” y que cobran por ello.

De ahí que el sistema partidocrático en sí, teme y enfrenta a la vez lo poco que de periodismo libre y de contrapeso pueda existir y en base a ese sistema mediático tan prostituido como mediocre que a servido de pantalla y muleta al establecimiento de la dictadura o tiranía partidocrática que ya es imposible ignorar.

A todo esto y lo más grave si cabe, es observar y comprobar, que en la medida que la partidocracia se afianza en su control absoluto de la vida nacional, en esa misma proporción los ramalazos de corrupción social, política y administrativa y tanto a nivel público como privado, aumentan y se agrandan a unos niveles tan desorbitados, que se produce el curioso fenómeno, de un Poder Ejecutivo clamando por una supuesta independencia del ministerio público central y como indudable salvaguarda para sus propios intereses y de la clase gobernante y al caso, de que desde algún sector se pretendan cuestionar las ostensibles muestras de enriquecimiento desproporcionado de quienes están en el disfrute del poder.

Sin duda, es una situación en la que nada es lo que parece y dentro de un país cuya clase gobernante está corrompida a unos niveles extremadamente indecentes como abusivos.

Debido a semejante inversión de valores morales y en la que hasta las iglesias y en particular la Católica, dan muestras extraordinarias de ser parte de los actores principales que han generado el desgaste amoral que se vive, el dominicano de clase media se las ve y se las desea para ver como logra sobrevivir y en tanto a nivel de pueblo, la gente y agobiada por sus pesares y estado de necesidad, se entrega absolutamente a las peores maneras de corrupción y perversión moral.

Justo y porque esa es la situación que existe, parecería que la mayoría de los dominicanos lucen atrapados y sin salida y lo peor, que si no responden a las consignas y políticas de la opresiva partidocracia, ninguno parecería que entiende que el opresivo estado de cosas en el que viven nunca podría cambiar.

Sin embargo, poco que mucho y al final del túnel, ya muchos ciudadanos de criterio amplio empiezan a vislumbrar la posibilidad de lograr fracturar el desastroso estado de cosas y lo que empieza a vislumbrarse en la forma de amplio cuestionamientos que las clases profesionales empiezan a cuestionar determinadas políticas y comenzando por ese estatuto jurídico y social que no permite que esta nación disponga de un sistema de justicia en el que el justo proceso sea la columna fundamental de las decisiones que el sistema de jueces y fiscales tomen.

Vemos pues, el tímido surgimiento de nichos de profesionales en afán de cuestionamientos morales críticos y que a la postre, hagan factible que la dictadura o tiranía partidocrática, pueda ser abatida desde sus mismos cimientos y como el único mecanismo cierto para que las nuevas generaciones puedan establecer un sistema político menos excluyente y totalitario que el actual.

Todo radica, en que las personas se sientan ciudadanos y no, que se comporten como esclavos de un sistema político que las a degradado a los niveles de sumisión de como ahora se muestran y que es la razón, por la que, las banderías políticas que se turnan en el poder, saben que mientras ellas mantengan la corrupción y corrompan a la mayor cantidad de dominicanos, esta nación no podría ser libre por sí misma y mucho menos, una República soberana e independiente que merezca que se la respete y se la trate con respeto.

Mientras tanto, estamos en lo de ahora, dentro de una supuesta democracia de un solo partido o poder ejecutivo abarcador de los otros dos poderes del Estado y en base a una partidocracia envilecida a más no poder. (DAG)

 

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