La música se silenció, haciendo eco la desesperación y el llanto. Había caído el techo del Jet Set. Un desplome que físicamente dejó un saldo mortal de 236 almas que bailaban al compás de la música y más de 180 heridos.
La realidad es que ese techo afectó a todo un país.
El reloj marcaba las 12:44 de un día que apenas comenzaba, 8 de abril de 2025. La voz más alta del merengue Rubby Pérez y su orquesta desde la tarima ponían la música con la canción “Color de rosa”, mientras los asistentes desde la pista bailaban, cuando un silencio nada normal fue el presagio de un ruido mayor.
Más de 100 llamadas al Servicio de Emergencias 9-1-1 y una clave de la entonces gobernadora de Montecristi, Nelsy Cruz, al presidente Luis Abinader, despertó a los que dormían, movilizándolos hacia el desastre.
Ambulancias, camiones de bomberos, vehículos pesados y linternas iluminaban entre la oscuridad de los escombros guiados por los gritos de auxilio de quienes quedaron bajo los pedazos de concreto a la espera de ser socorridos.
Más de 370 socorristas llegaron a la escena y 77 ambulancias desde horas de la madrugada movilizaban fallecidos y heridos, entre tanto, familiares, conocidos y la prensa acordonaron el epicentro del desastre en la discoteca más conocida del país, mientras se esperaba cualquier noticia de quienes fueron a disfrutar un lunes bailable que se convirtió en una de las noches más amargas de la historia reciente.
El presidente Luis Abinader se trasladó al lugar, donde expresó estar profundamente afectado por la tragedia y puso a disposición las instituciones de emergencias para rescatar a la mayor cantidad de personas con vida.
“Desde anoche estamos minuto a minuto siguiendo esta tragedia para tratar de que todos los recursos e instituciones de emergencia del gobierno estén a disposición, como han estado, pero todavía nos falta y tenemos la fe en Dios de que vamos a rescatar todavía a más con vida que estén en esta ruina”, expresó el mandatario la mañana de ese ocho de abril.
Al segundo día del siniestro, brigadas del cuerpo de Bomberos distrital, también de Puerto Rico y la comunidad judía de origen mexicano, se sumaron a las labores de rescate encabezadas por el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), con el propósito de rescatar la mayor cantidad de personas, mientras familiares seguían exigiendo informaciones sobre sus desaparecidos.
Roberto Antonio Pérez Herrera (Rubby Pérez), Octavio Dotel, Tony Blanco, Nelsy Cruz, Eduardo Grullón, Eduardo Guarionex Estrella Cruz y su esposa Alejandra Grullón Segura, Stephanie Avendaño Patricio, Lía Gómez, Bibiana de Jesús García de la Rosa, Roselin Marte, Patricia y Yessica Acosta López y Luis Emilio Solís Encarnación. Eran algunos nombres que encabezaban las listas de fallecidos que daba a conocer el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif).
Mientras los hospitales General Regional Doctor Marcelino Vélez Santana, Doctor Francisco E. Moscoso Puello, Traumatológico Doctor Darío Contreras, Ney Arias Lora, Centro Médico Dominico Cubano, Centro Médico UCE, Centro Médico Moderno y la Clínica Doctor Abel González, concentraban a heridos y familiares de desaparecidos en una búsqueda incesante de respuesta.
Fue el viernes cuando 4,580 colaboradores de las 22 instituciones que se concentraron en la zona cero dieron por terminadas las labores de búsqueda y rescate. Más de 59 horas de operativo que finalizaron con 155 traslados, contabilizando 189 personas con vida. El saldo de víctimas fue mortal: 236 fallecidos, de los que 21 eran extranjeros y más de 180 heridos.
Historias teñidas de dolor
Aun así, familiares se mantenían a las afueras del Instituto de Patología Forense a la espera de sus seres queridos para poder darles el último adiós.
Familias enteras quedaron desgarradas por la pérdida de sus hijos, como Carlos Severino y su esposa Anni Gómez, a quienes la vida golpeó de manera abrupta y sin aviso con la muerte de sus tres hijos. Darianny Escarling Severino Gómez, de 31 años; Diego Armando Severino Gómez, de 27, y Marianny Scarlet Severino Gómez, de 23, eran el fruto de un matrimonio de 35 años, donde siempre reinó el amor, la unión y la complicidad.
Un equipo de cinco, compuesto por la pareja y sus hijos que en un par de horas quedó reducido a la tristeza, el llanto y las añoranzas de los tres más jóvenes de la familia.
“Éramos una familia de cinco, cinco miembros y se destruyó todo en tres horas. En tres horas se destruyó todo, toda la felicidad, todos los planes, los proyectos que ellos tenían como como jóvenes, proyectos de superación, proyectos de integridad, y todo se fue”, pronunció en medio de lágrimas Carlos Severino al ser entrevistado.
Otros hijos quedaron sin sus padres. Manny Arisleydi Díaz Patricio y Agustín René Méndez Suberví, eran un matrimonio de 25 años a quienes sus cercanos nunca vieron discutir y dejaron tres hijos en la orfandad de 24, 20 y 17 años, además de una familia tocada por el sufrimiento.
Lenin, hermano de Manny, lleva tatuado en su piel los estragos de una tragedia. Fue sometido a varias operaciones craneales, tuvo cinco costillas rotas, sufrió lesiones en la espalda, pierna derecha y una parálisis maxilofacial en el lado izquierdo de la cara que también se reflejó en su brazo izquierdo.
Con el impacto de la tragedia, su madre fue diagnosticada con el síndrome del corazón roto y sometida a un cateterismo; su padre duró dos meses en una unidad de cuidados intensivos (UCI) con pronóstico de vida reservado y tuvo que recibir terapia física para retomar la movilidad de su cuerpo.
Los sueños de médicos, arquitectos, mercadólogos, contadores, políticos, abogados, meseros, creativos, psicólogos, ingenieros, militares, estudiantes y empresarios quedaron sepultados bajo los escombros, mientras otros viven para contarlo con el pesar de sus seres que quedaron sepultados.
Anastacio Peguero y su esposa Claribel Castro son el ejemplo. Acudieron a la fiesta a petición de su hija de 20 años, Clarisleny Peguero Castro, quien no regresó con ellos.
“Cuando vienen los recuerdos de lo que fue que perdimos todavía pasan los días, las horas, el dolor que siento en el alma como que se me acrecienta porque se quedaron tantas cosas, pasiones, sueños que ella tenía, motivaciones. Ella estaba supuesta a graduarse el próximo año y las calificaciones que ella llevaba era para graduarse con honores”, recordó sin poder contener el llanto en entrevista con este medio.
Anastacio duró 13 horas bajo los escombros del Jet Set y algunos días en UCI, mientras su esposa tuvo lesiones en la pelvis, en una pierna y un brazo, así como obstrucciones en las arterias y desgarro, lesiones físicas que no se comparan con el dolor de la ausencia de Clarisleny.
“Porque el gran dolor que tengo es la perdida de mi bebé, de mi princesa, era un ser especial para todos nosotros, para su mamá, el complemento de su hermano, para su abuela”, dijo Anastacio cuando habían transcurrido dos meses del siniestro.
Tras dos meses hospitalizada Jenniffer Taveras logró vencer la muerte, aunque aún tiene múltiples secuelas físicas que la silla de ruedas en la que se moviliza delata; Bartolo Reyes, quien era empleado del centro nocturno y pasó 56 días recluido en el hospital, también vive para contarlo.
Denuncias
El 15 de abril de 2025 llegó con la primera denuncia formal en contra de Antonio Espaillat, propietario del centro de diversión y una hermana.
La primera querella penal contra los propietarios del Jet Set fue interpuesta por los padres y la esposa del primer teniente de la Policía Nacional, Virgilio Rafael Cruz Aponte, uno de los fallecidos en el desplome del techo de la discoteca.
La demanda también se interpuso contra el Estado dominicano, principalmente la Alcaldía del Distrito Nacional (ADN) “por incumplir con sus deberes de supervisión del centro nocturno debido a su estado de deterioro”.
La querella, por homicidio involuntario, se sometió contra Antonio Espaillat López, Ana Grecia López, madre del propietario y fundadora del centro de diversión nocturno, así como contra la empresa Inversiones E y L, S.R.L., propietarios y gerencia de la discoteca.
En la denuncia se solicitó condenar a Espaillat López y a Ana Grecia López, así como a la sociedad comercial Inversiones E y L, S.R.L., Jet Set Club, al pago del monto que sea determinado a favor de los querellantes en calidad de víctimas, por daños materiales y morales.
Asimismo, solicitaron que se les interpongan cargos al Estado y a la ADN, de manera conjunta al pago de la suma que se determine oportuna a favor de los querellantes.
Antonio Espaillat habló al país por segunda ocasión el 23 de abril, en una entrevista con la periodista Edith Febles. Ocasión en que se refirió por primera vez al estado de los plafones del techo, los que habían sido reemplazados con frecuencia por empleados del local, sin contratar empresas especializadas. El último cambio se realizó precisamente el 7 de abril, víspera del día de la tragedia.
Jet Set contaba con plafones de yeso en el techo que, según Espaillat, “solían caer por acumulación de agua debido a los aires acondicionados”. Esta situación se consideraba normal y no se presentaron alertas debido a que durante este tiempo no se identificaron señales de riesgos, porque el yeso absorbía el agua sin deformarse.
En junio, la historia dio un giro con las declaraciones de Gregory Adames, quien era empleado de la discoteca y víctima del desastre. Ante el Ministerio Público, Gregory denunció que había advertido a los Espaillat que el techo se estaba cayendo y sugirió cancelar la fiesta que terminó en tragedia.
Adames, quien también resultó herido junto a 180 personas y era el encargado de reservar las mesas y coordinar la logística para los eventos, presentó una querella con constitución en actor civil en contra de Antonio Espaillat López, de su madre Ana Grecia López, y de la empresa Inversiones E y L y Club Jet Set.
Dos días después, Antonio y su hermana Maribel fueron arrestados en la Procuraduría General de la República (PGR) tras varias horas de interrogatorio y una semana después de estar recluidos en la cárcel de Ciudad Nueva, fueron liberados tras pagar una fianza de 50 millones de pesos.
No fue hasta siete meses después, en noviembre, que el ministerio público presentó acusación formal en contra de los hermanos y requerimiento de apertura a juicio. Acusación en la que las autoridades denuncian el mal estado en que estuvo el techo durante 14 años, tiempo en que duplicó su capacidad con 17 instalaciones como casetas técnicas, ductos, unidades de climatización de un volumen mayor y tinacos de agua.
También se determinó que dentro de las remodelaciones del centro de diversión se eliminó una columna clave en la estructura, “afectando de forma significativa en la estabilidad del techo, sin ninguna evaluación profesional o permiso que respaldara dicha modificación, evidenciando una conducta de alto riesgo”.
Acusando a los hermanos Espaillat de incurrir en los delitos de homicidio involuntario y golpes y heridas involuntarias, castigados en los artículos 319 y 320 del Código Penal.
El 12 de enero de este año inició el juicio preliminar, un proceso caracterizado por múltiples aplazamientos y recesos a petición de los abogados de las víctimas y de los acusados, tiempo en que alrededor de 100 familias de víctimas han desistido del proceso, así como 85 lesionados, según reveló el abogado Carlos Salcedo, quedando a la fecha 60 querellas en contra de los Espaillat.
Desde enero, víctimas y familiares de fallecidos han sacado el tribunal a las calles con marchas al Palacio Nacional, concentraciones en Haina y otras localidades, que han contado con el respaldo de la ciudadanía y agrupaciones sociales, dejando ver en cada paso una herida abierta como aquella madrugada del 8 de abril.
La familia Espaillat emitió ayer un comunicado, solidarizándose con los afectados, donde además de reconocer el dolor de quienes enfrentan las consecuencias de la tragedia, confesaron no son “ajenos al dolor”, que dejó el desplome.
A un año del siniestro, el ministerio público solicitó apertura de juicio de fondo en contra de los acusados, mientras el tribunal aplazó para el próximo 20 de abril la continuación del juicio preliminar, con un contraperitaje de los acusados a la puerta y el clamor de justicia de los deudos de una tragedia que sigue doliendo como el primer día. (LD-mc / OJO)





