58 años atrás hubo una sedición armada hija de un golpe cuartelario que comunistas e izquierdistas aprovecharon para auto crearse una leyenda de valentía y virilidad que nunca existió …

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Corría abril de 1965 y la República estaba regida por el segundo gobierno auténticamente producto de la oligarquía y con un primo de la familia Vicini como presidente de facto de la República, Donald Reid Cabral, y quien venía de ser vicepresidente del primer gobierno oligárquico, el Consejo de Estado, nacido a finales de 1961.

La situación política de la nación era enormemente inestable y la economía se encontraba a niveles precarios desde que ese gobierno tomó el primer préstamo que esta nación le hacía al Fondo Monetario Internacional (FMI) en los últimos 35 años y dando inicio a la destrucción de la independencia financiera que se había disfrutado a todo lo largo de la Era de Trujillo (1930-1961) y con un peso oro que tenía más valor que el dólar estadounidense y que era moneda de circulación normal en todo el territorio nacional.

¿Razón de esos dos gobiernos? que en menos de cinco años, ocasionaron una pérdida neta de 500 millones de dólares a una economía autosuficiente, de alta producción agrícola y minera, también productora de estimar en el comercio mundial como fabricante de armas de última generación y teniendo una fábrica de pólvora que junto a la primera, fueron modelos de eficiencia y calidad y conjuntamente con ese nicho de industria ligera que se llamaron los “Servicios Tecnológicos de las Fuerzas Armadas”, que producían de todo, desde clavos a neveras, varillas y manufactura ligera.

Toda esa gran riqueza, creada en la dictadura y como patrimonio de la nación, aunque como beneficio económico de Trujillo, fue saqueada de a pleno por las llamadas “diez familias” y presumiblemente encabezadas por La Vicini y su cuerpo de asesores y sirvientes, parte a su vez de la burguesía de aquel entonces y la que también diezmó las más de cien empresas que conformaban todos los activos del Estado y para el beneficio, ahora, de esa oligarquía que ha aumentado sus capitales y activos desde la caída del trujillato.

En conjunto, hablamos de cerca de 50 mil empleos directos y más de cien mil indirectos que en solo cinco años desaparecieron y arrastrando la destrucción del sector ganadero, caprino, equino y las plantaciones de algodón y derivados de la caña de azúcar, arrastrando también la inutilidad forzosa de los 12 grandes ingenios de caña de azúcar, enormes factorías de molienda de caña de azúcar y que producían al momento de colapsar la dictadura, más de 300 mil toneladas por año.

Semejante riqueza fue destruida y con el pretexto, de que supuestamente eran bienes de Trujillo, mientras a partir del 1966, el nuevo presidente constitucional, Joaquín Balaguer, destruía la gran área capitaleña residencial del dictador, la Estancia Radhamés, en el sector Gazcue, donde ahora se encuentran las instalaciones de la Biblioteca Nacional y en sus cercanías, grandes museos y el Teatro Nacional y como una manera indirecta e inútil de tratar de borrar la memoria sobre Trujillo.

En ese lapso de cinco años y nunca después, a los dominicanos de entonces y a los otros de generaciones nuevas nacidas desde el primero de junio de 1961 al presente, no se les dijo absolutamente nada de lo que decimos ahora y peor, que en la medida que los medios de comunicación y de información de masas se expandían a partir de los creados por la dictadura y en periódicos escritos, revistas y estaciones de radio y televisión, sus periodistas y una parte sus directores y jefes de redacción -todos trujillistas de primera generación- iniciaron la más perniciosa y abusivo proceso de destrucción de la memoria nacional y como respuesta a su interés, de que nadie conociera de sus complicidades con la parte mala de la dictadura.

Debido a ello, cuando el 22 de abril de 1965 estalló la asonada cuartelaria contra el gobierno del Triunvirato, que para el 24 de ese mes adquiría característica de poblada focalizada en determinados barrios populares capitaleños y a la juventud de entonces se les entregaban armas de guerra y políticos emitían soflamas de puro corte vengativo contra la oligarquía y viéndose, que una poderosa célula comunista compuesta por unos sesenta y pico de agitadores seguidores de Fidel Castro, recordemos que se vivía en plena Guerra Fía, se lanzaba a tomar dominio de los acontecimientos y con un gobierno en desbandada y su presidente escapando de Palacio en una ambulancia, que desde Washington y por el temor de que ese grupo creara las condiciones de una nueva Cuba, se ordenara la ocupación militar del territorio nacional y con doce mil efectivos que rápidamente dividieron a la capital en dos partes, una de menos 15 cuadras como “zona rebelde” y otra, liberada y desde la que se controla todo el resto de la geografía nacional.

Políticamente la situación cambió a mayor, pues entonces vino la intervención diplomática extranjera con el enviado Mayobre por la ONU, monseñor Clarizio el enviado papal y todo un sector de las fuerzas vivas manejado y manipulado por la misma oligarquía y vía un grupo de presión denominado “Grupo de Santiago”.

En el interin, solo hubo emboscadas y tiroteos aislados, nunca una refriega que se pudiera decir que fuera batalla y tanto, que cuando la única vez que parecería que habría un choque de armas en el sector Villa Consuelo y nunca en el puente Duarte, las tropas estadounidenses se asombraron y cuando vieron, que al llegar al mediodía, los mismos “rebeldes” les decían, que suspendían la confrontación para irse a comer y que volvían a las tres de la tarde.

Mientras, “los rebeldes” creaban un gobierno y con un coronel militar hijo de uno de los generales trujillistas más recios, Fausto Caamaño. En tanto el bando militar organizó otro de “Reconstrucción Nacional” y presidido por el general Antonio Imbert Barreras y el que dominaba todo el resto de la nación y ambos, para septiembre, retirándose y dando espacio para un gobierno provisional civil con apoyo estadounidense y del grupo de Santiago, que presidió el diplomático, Héctor García Godoy.

A ese momento, la empleomanía pública era pagada con fondos de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la misión de García Godoy era crear las condiciones para unas elecciones libres en las que al final solo hubo dos contendores y ambos expresidentes, Joaquín Balaguer y Juan Bosch y ganando el primero los comicios, para lo cual viajó por todo el país, mientras Bosch se quedaba haciendo campaña desde su residencia. Al Balaguer llegar al poder a partir del primero de julio de 1966, estableció un gobierno nacional con el sugerente título de “Revolución sin Sangre”, lema propagandístico creado por un creativo publicitario dizque de izquierda y de apellido Ayuso.

La asonada cuartelaria quedó atrás, pero nació el accionar propagandístico de la “revolución de abril” con Francisco Alberto Caamaño Deñó a la cabeza y un grupo de militares, la mayoría de las tropas de asalto de la Marina de Guerra y conocidos como hombres rana que dirigía el coronel Montes Arache.

Lo que siguió ya todos lo conocemos. Balaguer estableció una continuidad de gobiernos por elección directa y todos de centro derecha y de corte rudamente anticomunista y ajustado a los cánones de la Guerra Fría, por lo que, en ese lapso de doce años, murieron parte de los agentes comunistas disfrazados de “revolucionarios” que pretendían derrocar “a la dictadura yanqui-balaguerista” y más de 200 militares y policías de todos los rangos, asesinados por aquellos en sus acciones terroristas.

Al final, el proceso propagandístico-mediático denominado “Revolución de Abril”, ha quedado en el imaginario popular como una gran “gesta heroica de repercusión mundial” y de la que se alimentan los grupos más radicalizados de la política criolla, ahora disminuidos y por un hecho contrastante, de que en la medida que la economía, de subdesarrollada pasó a emergente, la mayoría de aquellos “revolucionarios” cambiaron a capitalistas y por vía de consecuencia a entenderse pró estadounidenses y casi todos financiados por el narcotráfico, el lavado de activos y provenientes de grupos de comerciantes e inmigrantes criollos de Nueva York y ahora, en gran mayoría estadounidenses de origen dominicano.

De este modo, en estos 58 años atrás, hubo una sedición armada hija de un golpe cuartelario que comunistas e izquierdistas aprovecharon para auto crearse una leyenda de valentía y virilidad que nunca existió y de telón de fondo una invasión militar estadounidense. (DAG) 25 de abril de 2023