Aun cuando ahora no lo parezca, toda la Era de Trujillo (1930-1961) caracterizó a los dos millones y medio de dominicanos que éramos la población de la República, por tener un alto estándar de civismo y de civilidad, al mismo tiempo que las instituciones y en particular el Poder Judicial, era un paradigma de aplicación de la justicia en lo referente a problemas penales y civiles en los que no estuviera involucrado algún miembro de la familia Trujillo o de la oligarquía.
En este sentido, la República era un dechado de aplicación de un correcto estado de derecho en el que la adultez y formación cívica era la característica principal de los dominicanos de la época y unido a los altos niveles de salubridad, educación y comportamiento cívico y no porque nadie de la dictadura les exigiera que se supieran comportar, simplemente, del conjunto de ciudadanos, más del 80 por ciento estaba alfabetizado y en función de semejante instrucción civilista, se tenían prácticamente menos de 0,5 por ciento de delincuencia social o criminal por año.
Trujillo fue asesinado por allegados descontentos, que vivieron bien desde el 1930 a mayo de 1961 y la dictadura como tal, desapareció el 19 de noviembre del último año y aquellos “descontentos” siguen todavía disfrutando del presupuesto nacional y ahora como supuestas “víctimas de la tiranía más oprobiosa y asesina”.
Pero con “los aires de libertad”, vino el repunte de la delincuencia social y la otra criminal y en gran parte, motivadas por las entradas de exiliados provenientes de Cuba, Venezuela y EEUU, todos con un amplio apetito voraz de “recuperar lo que nos correspondía y porque Trujillo nos lo había robado”.
Cómo se dio el caso de que miembros de la oligarquía y principalmente de las familias “de primera” en Santiago, nunca estuvieron conformes con los pagos que la dictadura les hiciera de sus propiedades expropiadas, se desató una de reclamos de bienes y compensaciones de pagos, que cuando se llegó al 30 de mayo de 1962, el erario perdió cerca de 200 millones de dólares (el peso oro estaba a la par del dólar y en los mercados financieros tenía 3-5 puntos sobre la moneda estadounidense, en tanto en el territorio nacional ambas monedas eran de libre circulación y con la característica, de que todas las monedas dominicanas era de plata al 90 por ciento).
Indudablemente, que en este aspecto, sobre la nación cayó una especie de huracán destructor de su economía y al extremo, de que todo el aparato económico y financiero creado en el lapso de 31 años y con el pretexto de los exiliados, de que “Trujillo se lo había robado todo”, en realidad, ese repunte se debió a la visión empresarial del gobernante castrense y estadista de singular desempeño y que fuera la levadura en la que se formó el despertar económico.
En un año después de desaparecida la dictadura y otro más de consolidación del antitrujillismo que se decía compuesto “por víctimas de la tiranía”, el patrimonio y la riqueza nacional vio desaparecer los formidables servicios tecnológicos militares que eran un conjunto de fábricas ligeras de productos para el hogar y la agricultura, la no menos extraordinaria fábrica de armas, e igual la de pólvora y ya entrado el 1964 con el infame triunvirato, al este establecer que los actos notariales bajo firma privada y no solo los Auténticos, serían los que se implementarían en materia de justificar el formidable saqueo que la oligarquía y la burguesía hicieron con los bienes y patrimonio de los dominicanos, se legalizó el extraordinario robo de bienes y propiedades públicas y como nunca había sucedido.
Y a partir del 1963, los efectos de la notoria falta de civilidad, civismo y educación cívica comenzaban a provocar el retroceso que se inició y como ya hemos recordado, con la supresión del servicio militar obligatorio y la moral y cívica como enseñanza básica para la formación de un buen ciudadano. El resto, ya todos lo conocemos y en la medida que la población empezó a crecer y los viajes al exterior se hicieron cotidianos para todos los dominicanos.
Fue por ello, que para el 1967 y por acuerdo entre los gobiernos de Joaquín Balaguer y Lyndon Jhonson, se liberaron los requisitos para obtención de visados estadounidenses, lo que permitió, que del lado dominicano, una parte de la llamada “juventud rebelde” que perdió la supuesta “revolución de abril de 1965” se marchó en tropel a EEUU “ y supuestamente, “para huir de la persecución y crímenes de Balaguer” y que diera como resultado, que a partir de diez años luego, 1977 y coincidiendo con el gobierno del PRD de agosto de 1978, que al territorio nacional entró la primera ola de delincuentes, originados en aquellos “inmigrantes” del 1967 y dando como resultado, un sistema financiero y bancario, paralelo al establecido y en base a comerciantes bodegueros (detallistas) y primeras muestras del narcotráfico al menudeo y lavadores de activos primarios y con una explosión de más de 100 financieras y cerca de 10 nuevos bancos comerciales, a la fecha todos desaparecidos y los que fueron las muestras básicas de la corrupción privada enquistada luego con el poder político y hasta nuestros días.
Con la ruptura formativa de moral y cívica y la notoria influencia de la parte delincuencial de los llamados “dominicanyorks”, este país no ha vuelto a ser el que era antes cuando tenía una economía subdesarrollada y generándose una delincuencia a mayor escala y desde que la economía pasó a emergente o de crecimiento medio, cuya característica principal, ha sido la evasión de impuestos, los asesinatos por encargos, el lavado de activos y la corrupción desde el poder político y que por la “vuelta a casa” de los hijos de inmigrantes en EEUU básicamente, generándose lo nuevo de la ruptura moral más desquiciante y con los hijos de familias de clase media y al mezclarse con los “nuevos ricos” provenientes de Nueva York y para que entonces se produjera el terrible retroceso cívico y moral que ahora ahoga a la República.
Semejante escenario y en un país de 10.5 millones de habitantes, de los que 8.5 millones nacieron desde junio de 1962 a la fecha, ha sido el factor que ha terminado por darle un vuelco hacia atrás al concepto ciudadano y de civilidad.
Ahora, han entrado nuevos “ingredientes”: Un cartel periodístico conformado por cinco periódicos escritos y más de 250 estaciones de radio y televisión y todo un sistema comunicacional en internet y creándose el mecanismo entre injurioso y desalmado de las redes sociales y todo este sector, dominado por los llamados barones mediáticos, quienes a su vez, son los dueños de todos los mecanismos de producción y como tales, el factor dominante de los dos millones y pico de trabajadores y empleados y quienes junto a la empleomanía política de la administración pública, han dado espacio al cartel mafioso, que entre la oligarquía y la burguesía, parecería que para no volver, envió la moral social a un retroceso tan descomunal, que a la fecha, ser honrado o integro no representa en lo absoluto ningún tipo de carta de triunfo.
Generándose de este modo, que mientras en los 31 años de los gobiernos de Trujillo, la civilidad y la buena educación se imponían, en los últimos 61 años de “democracia”, la República ha perdido todo sentimiento de honor, honradez y decencia en la mayoría de sus dirigentes y en parte de sus ciudadanos y quienes solo se comportan con vocación delincuencial y también, siervos al mejor postor del que les pague sus inmoralidades.
La República pues, se encuentra entre la espada y la pared y para colmos, con el primer gobierno plutocrático, apoyado en un PRM que es la extensión del PRD de antes y con la perspectiva, de que políticos sinvergüenzas y enajenados morales, quieren volver al poder y para imponer definitivamente los niveles más altos y desquiciantes de corrupción de Estado y como terrible resultado de los dos graves errores cometidos por los antitrujillistas en el 1961: Retirar el servicio militar obligatorio y también las enseñanzas de Moral y Cívica. (DAG)





