Es una lástima que en este país haya dos graves situaciones que impiden que el común de la gente entienda esta realidad. Por un lado, la falta de saber conceptualizar de su clase dirigente y mediática y por el otro, la presencia del fenómeno estadounidense de la prostitución de las costumbres y el periodismo, vía los estadounidenses de origen dominicano, sus deportados y las alienadas redes sociales constituidas como el peor atentado a la libre expresión desde sus plataformas alofoque (anarquía en la expresión e indecencia absoluta).
Recordemos, que se tienen ya cerca de medio millón de retirados estadounidenses de origen dominicano viviendo en el territorio nacional y pasándose como ciudadanos dominicanos de pleno derecho y cuando nunca lo han sido, junto al menos de 100 mil retirados ex inmigrantes dominicanos que vivían en EEUU y todos, pervirtiendo y desnaturalizando el ejercicio del voto debido a la perversión instrumentada por medio de una ley de doble nacionalidad, que solo ha servido para desnaturalizar la ciudadanía dominicana, afectar el orden social e incentivar la criminalidad.
¿Por qué ha sucedido esto último? Por la corrupción y perversidad de la clase política y todo el conjunto de la partidocracia, ávida de los dineros de quienes vivan en EEUU para financiar sus procesos electorales internos.
Lo anterior también ha sucedido, porque el Estado ha dejado de ser la institución fuerte y decisiva en la vida nacional, debido al gansterismo social impuesto por el liderato político absolutamente inescrupuloso y nada nacionalista racional, que ahora se padece.
Ahora se le quiere dar una vuelta de trompo a la existencia de más de 90 años de la inmigración haitiana y que solo se detuvo por el genocidio perpetrado en el 1937 contra miles de ciudadanos haitianos, víctimas de un genocidio trujillista infame y anti derechos humanos y el que solo se amortiguó a favor de la conciencia nacional, porque miles de dominicanos y desafiando al régimen trujillista, salvaron a más de 15 mil ciudadanos haitianos a los que lograron sacar clandestinamente hacia su país y en tanto una minoría era ocultada en fincas y otros muchos adoptados.
En razón de esa barbaridad cometida por el Estado y en razón también de que una parte de la burguesía dominicana así lo quiso e instigó, desde enero del 1938 a junio de 1961 no hubo nada de inmigración haitiana hacia este país y la que se reanudó cuando en el 1967 los estados, dominicano y haitiano y vía sus respectivos gobiernos, firmaron el acuerdo de envío de braceros temporales haitianos para el corte de la caña de azúcar y los que todos eran confinados por las empresas explotadoras de los 15 ingenios que habían y en bateyes (guetos) en los cañaverales y en condición abusiva de mano de obra esclava.
Cómo producto de esta nueva situación, nació el haitiano indocumentado por parte de aquellos braceros, que al término de sus contratos se quedaron ilegalmente en el territorio nacional. Marcándose de este modo un nuevo tiempo en ese proceso migratorio. El primero, es el que identificó el primer censo nacional de población y familia de 1920 con el registro de 27 mil haitianos legales y cuyos descendientes son todos dominicanos.
El segundo proceso migratorio, fue a partir de 1967 y el que ya registra de acuerdo con el inconcluso plan nacional de regularización del haitiano indocumentado, cerca de 200 mil haitianos legalizados migratoriamente, pero quedando desde el 2020 no menos de 500 mil sin ser regularizados y por desidia y mala voluntad del actual gobierno, lo que debe obligar, que en lo que se les regularice, cerrar la frontera en ese lapso y solo para fines de comercio.
Para mayor desatino y estupidez, ha nacido un reducto de negros y mulatos dominicanos fanáticos anti haitianos e increíblemente racistas, quienes con la etiqueta de Instituto Duartiano y el sectario grupo político minoritario, la Fuerza Nacional Progresista (un reducto de fascistas de origen árabe y turco) se ha generado la mayor muestra de anti racismo y como nunca antes había sucedido y con la pretensión de acorralar y acosar a los inmigrantes haitianos e incluidos sus 15 mil universitarios en centros de enseñanza dominicanos y cuyas familias les pagan sus estudios y pretendiendo alcanzar a los más de 300 mil dominicanos de origen haitiano que ya existen y como si todos fueran lo peor que vive en este país.
Las voces de fanáticos contrarios a esa inmigración haitiana nada hostil, olvidan que la República de Haití es nuestro segundo socio comercial en el mundo y con compras anuales entre 800 y mil millones de dólares de productos dominicanos, las que a su vez genera más de 500 mil empleos directos e igual cantidad indirectos y constituyéndose en ese 15 por ciento del PIB dominicano y que es el factor del porqué y en términos comerciales compensatorios y tal como lo establecen las relaciones comerciales entre naciones, de que la que más compra (Haití) debe esperar de la que vende (República Dominicana) adecuadas compensaciones, sea por otorgamiento de becas, facilitar proyectos lleva en mano o por prestación de ayudas sociales y sanitarias para la parte de la población fronteriza haitiana que se observa como parturientas en nuestros hospitales. Exactamente, lo mismo que hace EEUU para consolidar los cerca de 5 mil millones de dólares que cada año le compramos a su economía.
El nuevo giro de ataque de la ultraderecha criolla anti haitiana se tiene con la grosera mentira, de que supuestamente “Haití nos invade y hace perder nuestra nacionalidad” y lo que rotundamente no es cierto y tal como el diario vivir así lo testimonia.
Lo que ocurre, es que el haitiano, al inmigrar legal o ilegalmente a nuestro país, ya a los tres meses de estar aquí se dominicaniza. Es decir, adquiere nuestros hábitos y cultura y lo que facilita una fuerte integración. Segundo, no puede ser vista esa inmigración como la de los países musulmanes, que no se adaptan y tampoco se integran y aunque sus hijos nazcan en el país que recibió a sus padres y cuyo mayor testimonio lo acabamos de ver en Europa y en particular en Francia, donde árabes y turcos nacidos en suelo francés no se sienten ciudadanos del país de acogida y sí nacen con un odio visceral producto de que sus países fueron violentamente colonizados por los franceses y que por ningún concepto no es un asunto que se aplica en nuestra nación.
Tercero, si queremos evitar un brote de islamismo fanatizado, lo único que hay que hacer es prohibir la inmigración de países musulmanes, cerrar las pocas escuelas que tienen en el territorio nacional y no permitir ningún tipo de culto islámico, al no aplicarles la libertad de cultos y vigilar las embajadas de esos países al ser instigadoras y financiadoras de semejante involución social.
Es por todos estos aspectos que decimos, que la provechosa inmigración haitiana no es perjudicial para los intereses nacionales. Al contrario, es un soporte en materia de mano de obra y garantista de 800 millones de dólares en compras anuales de productos dominicanos. (DAG) 13.07.2023 NOTA: La imagen es un recordatorio de la población binacional existente y como puente de amistad, comercio y colaboración.





