La historia política dominicana de los últimos sesenta y dos años, lo que nos relata, es que la dirigencia política realmente no se ha reactualizado como debió haber sido y que, por lo contrario, el 90 por ciento de sus miembros han vetado a nuevos valores de conducción y mucho menos que el gobierno esté conformado a nivel presidencial por genuinos valores generacionales sin ataduras con el pasado inmediato.
Por ejemplo, en los últimos 19 años, individuos que han estado en las lides políticas desde los años sesenta y hasta ochenta del siglo pasado, son quienes ahora tienen el control de la vida nacional y logrando que no haya espacio para nuevas generaciones políticas y sí reactualizaciones sobre actualizaciones de estos de siempre y con sus discursos cansinos, sean quienes continúen teniendo la última palabra en la vida nacional y al tener secuestradas por abuso de poder y corrupción a las instituciones.
El resultado, es el de una nación políticamente anquilosada en el tiempo y para mayor escarnio, copiándose el mismo proceder en todos los ámbitos de la vida nacional y desde el mundo empresarial y financiero y lo más destacado, que hace unos cinco años que desde la jerarquía católica se ha producido un notorio cambio de figuras viejas por nuevas y lo más insólito, que los nuevos jerarcas se niegan a abandonar los hábitos de los viejos dirigentes.
De esta manera, el cambio no es tal y sí la profundización de un anquilosamiento de gente pasada de tiempo mental, que por nada del mundo es capaz de renovarse de acuerdo con su generación y sí entendiendo que los nuevos deben profundizar en los esquemas de trabajo de las viejas generaciones e indudablemente, para que nada avance o cambio y sí que siga igual.
Así se tiene, que una nueva generación que viene detrás y atropelladamente, al no obtener espacio para surgir, empoderarse inclusive y mostrarse como las opciones generacionales frescas para un país que realmente es de jóvenes y que debe hablar el lenguaje de jóvenes, se encuentra ahora en un verdadero callejón sin salida, que queda al desnudo con esa parte de la juventud más joven que ha pasado del rap al deembow y al mismo tiempo dejándose influenciar al extremo y por la subcultura del desorden de vida y la droga que se irradia directo de lo peor de EEUU en su ámbito dominicanyork.
Ese tipo de joven contestatario, rabiosamente inmoral y dominado por el placer extremo y los sentidos, por sus propios medios, es indudable que ha logrado un espacio de vivir al margen de la moral y la ley, que prácticamente ha conseguido que una parte del país político como del sector mediático lo apoye e inste a continuar su proceso de degradación moral y en respuesta al sistema de puertas cerradas que este país de grupos clasistas les ha impuesto.
Ya en su desarrollo pleno de vida, mediante el cual, todo lo ilícito y de rebeldía social es permitido y alentado por sus propias plataformas en la radio e internet y con ligeras variables en la tele, logrando que la subcultura a lo alofoke, es decir, la entronización de la anarquía absoluta y de una libertad sexual sin límites, sea la normativa de vida para la mitad de la población nacional y la que alentada por la corrupción política y empresarial existente, da la desagradable impresión, no solo de que todo está patas arriba, sino que definitivamente la República Dominicana de este tiempo continuará degradándose a más en todo el correr del siglo.
No vamos a decir que todo está perdido y que este país no tiene posibilidades de un cambio moral renovado que abarque a la mayor cantidad de ciudadanos sensatos, de educación y formación cívica, porque los hay. Sino que es preocupante, que la otra parte de la juventud sana, esa que tiene sus mejores ejemplos en el deporte, la creatividad intelectual y científica y teniendo un conocimiento pragmático del día a día de lo que ocurre en el resto del mundo, no pudiera ser capaz de influenciar a la otra, la de los sentidos, la de las malas prácticas a lo alofoke y que hasta ahora ha logrado imponerse como si ese segmento social fuera por sí la República y avasallando a quienes tratan y quieren defender nuestra cultura e idiosincrasia.
Pero cuando se comprueba que los políticos están buscando a gente y jóvenes del bajo mundo de la periferia de los barrios de las ciudades, como los referentes de valer que quieren en su entorno, por obligación preocupa semejante cambio y proyección de conducta y más cuando la corrupción ha permeado el ejercicio de la política a niveles terriblemente degradantes.
Y este, es el aspecto que motiva y alienta determinados interrogantes. De si la corrupción política ahora irá a más y con los refuerzos obtenidos entre los delincuentes deportados desde EEUU y quienes como una significativa mayoría de delincuentes formados en las calles de Nueva York, de golpe, se le presentan a la República muestras escalofriantes de asesinatos y ejecuciones públicas solo posibles en el bajo mundo estadounidense y de cuyas actuaciones, lo que más sorprende es ver como miembros de las fuerzas del orden público disponen en sus cuarteles, de células vivas adscritas a implementar sus fechorías o de uniformados destacados en la frontera y ambos grupos contando con el apoyo $militante$ de quienes les mandan.
¿Está la nación atrapada dentro de este amplio contexto de criminalidad casi de Estado, que a ojos vistos es imposible ocultar o negar?, ¿estamos haciendo los medios de comunicación, lo necesario para detener y como contrapesos del orden civil el desorden en el que se está viviendo?, ¿y las iglesias? ¿O es que, en la práctica, el Estado ha desaparecido y lo que rige es lo más parecido a la ley de la selva?
No decimos ni insinuamos nada que no se pudiera comprobar y ahora con este anuncio de reelección, estado de ánimo por el que los políticos lo ofrecen y lo dan todo y sin importarles robarle al Estado y así mismos y hasta tiran la casa por la ventana y sin importarles un bledo de como destruyen a la misma República, ¿cabría la esperanza de que el presidente Luis Abinader pudiera lograr controlar los gastos de campaña electoral y para no afectar los recursos de la República?
De ahí que digamos, que será o no cuestión de método o de hábito, pero esta posible reelección que se anuncia no es precisamente un camino sin espinas y en el que todo cabe y se pudiera y si se recuerda, que a la misma le acompañan otras sucesivas de legisladores, alcaldes y munícipes. ¡Qué Dios nos encuentre confesados! (DAG)





