Muchos quisiéramos creer que es una broma de mal gusto, la incoada por la procuradora general de la República, Miriam German Aristy, al disponer que el personal de la PGR se dirija a las personas de la comunidad LGBTIQ con el género que estas elijan, cuando con tal decisión, se trata de socavar y como nunca había sucedido, el orden natural en el que la prevalencia del hombre y mujer es un asunto que nunca tendría porqué ponerse en dudas.
Al mismo tiempo y ya en materia política, la procuradora German Aristy, al tomar semejante medida, se coloca en la acera de enfrente a todo cuando el sistema legal y constitucional establece y sutilmente, reta al presidente Luis Abinader, quien desde el primer día de su instalación, proclamó que la PGR era absolutamente independiente a sus decisiones como jefe de Estado y de Gobierno y en el ámbito de la justicia represiva que constitucionalmente siempre ha dependido de quien sea presidente de la nación.
Concomitantemente, el Poder Legislativo debe reunirse en audiencia especial e imponer a la procuradora general, un juicio político por violar la Carta Magna e imponiéndole una declaración de inconstitucionalidad para revocar desde el primer poder del Estado, la aberrante decisión tomada por la funcionaria subalterna del Poder Ejecutivo.
Si en algún momento el mismo presidente, no revoca por sí la medida administrativa tan escandalosa, entonces a los hombres y mujeres normales de este país, solo nos quedaría restablecer las manifestaciones de reafirmación cristiana de los años sesenta del siglo pasado y con el propósito de que los del PRM entiendan, que la nación no está de acuerdo con tan insólita medida. Esto no es España, donde el nazi feminismo se ha impuesto y afectando el orden natural. (DAG-OJO)





