El mejor consejo que quienes están en niveles de alta influencias publica de gobierno y los demás en el resto de los principales cargos administrativos, debería recibir, radica en el hecho cierto, de que ya el presidente realmente no tiene compromisos con nadie y porque todos han sido gratificados debidamente, incluso el mismo expresidente Hipólito Mejía, al que la parte del gobierno que tiene, seguro que la verá en adelante disminuida.
Y lo que sucederá, porque ahora Abinader va a trabajar en función de su legado y sea porque y como dijo, terminará en el 2028 o porque las circunstancias políticas le exijan continuar hacia más adelante.
En este aspecto, podría decirse que en el nuevo gobierno primará el sentido de lealtad al presidente y no a nadie más y lo especifico, que quienes como nuevos valores generacionales, desde ahora asumen que son algo así como miembros del sanedrín de elegidos, deberán andarse con pies de plomo y saber decir y saber obrar y dado que el presidente y por el logro obtenido y joven todavía, estará muy pendiente de sus acciones y pasos.
Hablamos, de un nuevo gobierno calcado a imagen y semejanza de Abinader y para que se entienda, que ahora es cuando el primer mandatario impondrá su sello como jefe real del Poder Ejecutivo y usufructuario atento del Poder Legislativo y lo que desde ahora hay que decirlo y claro, para que absolutamente nadie dentro del tren oficial ose equivocarse.
Por lo pronto, nadie debe olvidar que el presidente fue muy puntilloso cuando en plena campaña visitó la fundación Joaquín Balaguer y al decir, que él siempre ha sido un respetuoso admirador del gran estadista y en particular, en aquello de solo tener compromiso con la República y no con nadie más.
Y si este detalle se recuerda, entonces los perremeístas y los otros que se entienden pertenecen al supuesto “circulo intimo” del gobernante, deberían adelantarse a los acontecimientos por venir, guardar distancias y entender que el nuevo gobierno es uno de Abinader y no como el de ahora, compartido con otros, que en su momento contribuyeron al triunfo del 2020.
Igual premisa es válida para los miembros del aparato de propaganda y comenzando por el nicho de los iniciados en la Plaza de la Bandera y los otros, que bien pagados se esforzaron por hacer de su trabajo la mejor muralla o escudo en la que se estrellaban las embestidas opositoras. A todos les tocará el nuevo cambio y por una sola razón, ninguno trabajó de gratis y todos fueron bien premiados.
Por eso, quienes lograron cargos públicos y tanto en el territorio nacional como en el exterior, lo que le espera, es una evaluación sobre resultados administrativos y no tanto políticos y repetimos, porque ahora es el gobierno de Abinader, sin ataduras con nadie más.
¿Por qué hay que hacer énfasis en esta nueva situación?, porque es lógico que se entienda, que un joven gobernante del que, comenzando por Mejía, con sus calificativos tan impropios y siguiendo con todo lo demás que le llegaba desde todos los litorales políticos, prácticamente muy pocos creyeron que Abinader terminaría su gobierno y que dentro de las circunstancias lo hiciera también.
Véase por ejemplo el nuevo paso de alta política internacional que Abinader hará en este mes, cuando irá a Suiza a una conferencia de paz sobre Ucrania e invitado por el presidente de Portugal y al entender este, que Abinader es un líder internacional de autoridad propia, con lo que el presidente marca un punto y aparte en todo cuanto hasta ahora ha significado la política internacional dominicana y lo que no había ocurrido nunca, salvo el antecedente de los acuerdos binacionales de los años veinte y treinta del pasado siglo sobre Haití y para los cincuenta, el accionar internacional del Estado Dominicano en lo relativo a la firma del Concordato con el Estado Vaticano.
Si esa invitación se ve con ojos críticos y su rápida aceptación, es indudable que el presidente Abinader está proclamando un nuevo derrotero de la política internacional dominicana y como preludio del nuevo estilo de gobernanza que protagonizará del 16 de agosto a la misma fecha en el 2028.
De ahí que en nada nos sorprenderán los nuevos pasos que el primer mandatario tendrá en su accionar administrativo de Estado, por lo que no es de ilusos y menos de atrevidos, pretender delinear un bosquejo macro de las nuevas políticas y vistas desde un observador independiente al gobierno como nos caracterizamos y frente a todas las corrientes políticas gubernativas y opositoras y con marcado énfasis de independencia absoluta de todos los poderes públicos y privados.
Resulta, que en muchos aspectos, dentro del país político, parecería que nadie quiere entender que la vieja política a lo Concho Primo, que a primado desde el siglo XIX y todo el siglo XX, ya para este siglo XXI le ha llegado el momento de desaparecer y que es la razón del por qué todavía el caudillismo se mantiene vivo en la memoria nacional y que paralizado en el tiempo, nadie quiere darse cuenta de que son más de diez generaciones que se han sucedido desde que este tipo de política y ahora tan atrasada se presentara.
Obsérvese que Abinader dijo enfático que del 2028 él no pasaba y lo que le creemos, pero mírense también las reacciones de los políticos de negarle que esté diciendo la verdad y lo que hacen, porque intuyen que, si el caudillismo muere en su etapa actual, también ellos desaparecerán y una nueva política más moderna y para este siglo emergerá y para nosotros, casi para el 2028 y seguro el 2032.
Mientras tanto y por ahora, solo decimos, que, aunque no lo parezca el inicio del legado atemporal de Abinader comienza con los cambios en los altos cargos de la administración y recalcamos, aunque no lo parezca, como primer paso para el fin del caudillismo a lo Concho Primo. Con Dios. (DAG) 13.06.2024





