Sólo el secretario de organización del PRD, Washington Peña, fue el único de los dirigentes perredeístas que se pronunció en contra del golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 en una alocución por la radio estación La Voz del Trópico, después, toda la dirigencia del PRD y con su secretario general Angel Miolán salieron a esconderse.
Bosch, que había llegado al poder siete meses antes con un amplio respaldo popular, desde el principio de su mandato, demostró que no se había preparado para ser gobernante de un país que salía de la dictadura de Trujillo y que era uno enormemente compuesto por campesinos y gente de clase media pobre formada por tenderos, comerciantes, almacenistas y uno que otro industrial y todo el mundo con una mentalidad políticamente atrasada para la época.
La propaganda del PRD dice y quiere hacer entender, que al presidente lo derrocaron “los militares golpistas”, pero lo cierto fue, que todo aquel que sabía como en menos de seis meses Bosch había perdido popularidad y la población se encontraba enormemente decepcionada de su ejercicio gubernativo, esperaba en cualquier momento su derrocamiento.
Bosch, quien, en el exilio en Cuba, era un agente vendedor de productos farmacéuticos y al mismo tiempo, parte de la dirigencia opositora allí, por lo que sus hechos demostraron, nunca se preparó para ser presidente de la República en aquel país subdesarrollado de entonces y mucho menos tuvo la visión suficiente para y por lo menos hacer un gobierno pragmático.
Se rodeó de exiliados árabes y de origen cubano y venezolano que hicieron cuanto quisieron, pues el gobernante les dejaba hacer, se alejó de su base política y se mostró enormemente contrario a las fuerzas económicas primitivas que ejercían el peso político y social fáctico al ser la fuente de empleos más importante.
El dominicano carecía de formación política y políticamente su mentalidad era absolutamente trujillista, que para entonces se revirtió como oportunista.
El día anterior al golpe militar y en horas de la madrugada del día siguiente, la capital de aquel tiempo con menos de medio millón de habitantes, se agitaba con todas clases de rumores, mientras en Palacio había un ir y venir de civiles importantes socialmente y militares de todos los rangos.
A Bosch, los militares prácticamente le rogaron que emitiera una declaración fuerte contra el comunismo y la implicación de esa doctrina en el adoctrinamiento y formación de jóvenes políticos salidos de la Normal de bachillerato más importante. No hizo caso y las deliberaciones fueron interminables, hasta que, pasadas las cuatro de la madrugada, al presidente se le exigió que renunciara, él habló de hacerlo ante el Congreso y ellos le ripostaron que a lo inmediato y entonces vino el detonante, el coronel Saldaña, Consultor Jurídico de la secretaría de Estado de las Fuerzas Armadas, que ocupaba el lado oeste del Palacio Nacional, al ver que Bosch hizo amagos de tomar el teléfono, se lo arrebató increpándole su cobardía y fue ahí en ese momento, que ocurrió el golpe militar incruento.
Al ya derrocado presidente se le llevó a una suite en la tercera planta del Palacio Nacional y también al vicepresidente González Tamayo y a los miembros de su gabinete y fue cerca de las siete de la mañana y con un país expectante, tronó la voz del locutor Tomás Reyes Cerda, por La Voz del Trópico y anunciando el golpe de Estado y para asombro de toda la nación, no hubo el menor indicador de alzamiento popular alguno, mientras los dirigentes del PRD tomaban las de Villadiego y los presidentes de las organizaciones de comercio a los que Bosch acusaba de “golpistas” y porque la noche anterior hubo una reunión de la dirigencia comercial y económica en la Asociación de Detallistas de Provisiones, que era lo más parecido al CONEP de ahora y que presidía el comerciante Adriano Gómez Rodríguez y en la que también se encontraba y copresidiéndola, el banquero Alejandro Grullón Espaillat.
Los periódicos de la época con El Caribe y La Nación a la cabeza reseñaron el hecho. Pero los dominicanos no se encontraban organizados políticamente y solo sí, la alta burguesía y la oligarquía eran quienes movían los hilos del poder y además, no había opinión pública.
A los pocos días, Bosch fue exiliado en Puerto Rico y llevado por la nave insignia de la Marina de Guerra y bajo la “garantía personal” del general honorifico a ese momento, de Antonio Imbert Barreras, ex subdirector de la Cédula en el régimen trujillista y ex consejero de Estado en el gobierno provisional anterior del Consejo de Estado.
Desde luego que EEUU y el mundo estando en plena guerra fría (enfrentamiento de EEUU y la URSS) por la hegemonía mundial y con una Cuba que recién inauguraba su dictadura castrista de ahora sesenta y pico de años con un gobierno “comunista”, no era tiempo para que Washington no tomara medidas precautorias y por lo que realmente no se descarta que detrás del golpe estuvo la Casa Blanca y la embajada estadounidense detrás de los miembros de la baja burguesía y oligarquía, cuyos agentes políticos, a esa mañana del 25, tomaban por asalto el Palacio Nacional, organizaban un gobierno y los militares tomándolo de pretexto para no ser protagonistas de la situación.
Bosch no tuvo tiempo para gobernar y tampoco empeño y por eso fracasó. Años luego se reconvirtió en el líder político e ideológico al que se creó una historia falsa de gran estadista y apoyado en el hecho, de que los tiempos le convirtieron en un gran ideólogo político y en lo que sí triunfó.
Y una breve anécdota descriptiva de aquel derrocamiento. Eras las siete de la mañana y el vicepresidente González Tamayo y junto a su familia y su guardaespaldas militar, un mayor del Ejército, iniciaban su desayuno, cuando sonó el teléfono y el militar tomó la llamada.
González Tamayo, años después nos reveló lo siguiente: “Todos estábamos sonrientes y observé que el mayor y en la medida que escuchaba lo que se le decía, crispaba el rostro y al mismo tiempo sacaba la pistola de su canana y apuntándome y con cara de pocos amigos- aquel que momentos antes estaba sonriente- me dijo: «Dese por preso, usted está detenido y tengo órdenes de llevarlo a Palacio”. Desde ese día nos dijo el prestigioso médico, “ no creo en guardias”.
Por todo lo anterior, enfatizamos, que hoy se cumplen 61 años del golpe de Estado que el mismo presidente Juan Bosch propició y cuya mayor evidencia fue, que el PRD no respaldó al gobierno y la gente no se tiró a las calles. Con Dios. (DAG) 25.09.2024





