Datos nos llegan y que indican, que gente gatillo alegre “diseñadores de accidentes controlados”, parecería que tienen un marcado interés de buscar las vías “para el rediseño” del sistema mediático mas independiente en las redes sociales.
En esa tratativa y por lo que ha trascendido, no menos de cuatro lenguas picantes y entre comunicadores de nueva data, han entendido que difamar e injuriar al mismo presidente de la República, debería de ser algo así su actividad más significativa.
Por nuestra experiencia de 52 años continuos como periodista profesional que ejerce el análisis político de Estado a tiempo completo y todos los días, quisiéramos advertirles a esos comunicadores, que el tener acceso a micrófonos y cámaras de radio y televisión, no significa tener licencia para difamar e injuriar a quien sea colocado en la mira.
Pues semejante tipo de periodismo extremadamente volátil, no solo que es de grandes como graves riesgos y por la osadía de palabras que traspasan el derecho a la libre expresión y colocando en entredicho la libertad de prensa, que por obligación deberían de entender el ser prudentes.
Ejerciendo la comunicación, prácticamente todo se puede decir, pero siempre apegado a un mínimo de comedimiento y respeto a la dignidad de las personas, pues de llamar al presidente de la República con palabras altisonantes que hieran su honor, no hay código o tribunal que lo acepte y como a ese personaje, también es válido para cualquier persona que sienta lesionado su honor.
Para los años treinta del siglo pasado, un señor de apellido Paredes y al sentirse difamado, aguardó que el director del Listín, Colé Pellerano, saliera de sus oficinas y desde que lo vió le disparó y matándole en el acto.
Si nos acercamos a los años setenta, un comunicador de apellido Piera fue asesinado en plena calle porque un sector de poder se sintió injuriado. Después se han visto casos repetitivos de parecida circunstancia y todavía se recuerdan los asesinatos de periodistas profesionales, uno por injuriar al presidente Balaguer y otro porque se metió en un lio de faldas entre generales.
Ahora, hay una especie de cuatro jinetes del apocalipsis mediático, que compiten entre sí para ver quien injuria y quien difama más y mejor y olvidando dos cosas: Que el muerto con tierra tiene y que los gobiernos tienen quienes les duele que ataquen, injurien y difamen o acosen a su presidente.
Un solo consejo y de parte de un sobreviviente del periodismo de cuando la Guerra Fría que nunca ha caído en la situación que criticamos: Hagan su trabajo, pero no injurien, pues al final, quienes les alientan a que cada día sean más duros, cuando los maten, nadie de ellos se irá con ustedes a la tumba y todo pasará y todo se olvidará. Y lo más grave, que lo que hacen, no es periodismo y sí lo peor de la comunicación y al nivel más rastrero. (DAG-OJO)





