Desde el punto de vista de lo correcto. El hecho de que el Haití organizado del interior del país y junto a lo mejor de su clase política y la parte de la burguesía que le duele su nación, esté en los mejores ánimos de lograr establecer un mecanismo regular de institucionalidad que en corto tiempo pudiera dar paso a un retorno del sistema democrático, obligaría al Estado Dominicano y vía su gobierno, a reconsiderar sus iniciativas en procura de enfrentar firmemente la delincuencia haitiana desbordada que ya es imposible que los dominicanos podamos seguir ignorando.
Sin embargo, para alcanzar un punto de avenencia entre una y otra nación, debe venir una muestra directa de búsqueda de una política de tender puentes con la contraparte dominicana y lo que entendemos el gobierno provisional se encuentra en ese interés y en particular con el anuncio del nombramiento de su nuevo embajador en este país, anuncio que significa, que el gobierno dominicano le dio ya el plácet correspondiente.
Tenemos entendido que el recién nombrado, es un ciudadano haitiano de doble nacionalidad, ya que ostenta la colombiana y sus credenciales personales, profesionales y cívicas son grandemente impecables. Es una persona joven de cuarenta y tantos años y un educador y filosofo de amplia data, que por lo que hemos indagado, es una persona de mentalidad abierta y nada prejuiciada y del que necesariamente, de este lado, no debemos abrigar ningún tipo de prejuicios.
Lo anterior quiere decir, que si el nuevo enviado diplomático y jefe de misión, el intelectual, filólogo y estudioso de los asuntos caribeños, Wooldy Edson Louidor y en lo personal y que se conozca, alguien que nunca ha mostrado animosidad alguna contra los dominicanos, entonces y por obligación y decencia, los ciudadanos y gobierno dominicano deben ofrecer una cálida bienvenida a quien sin duda viene a tratar de resolver entuertos y adentrarse en un accionar introductorio en el que los puntos de coincidencia sean los parámetros con los que su desenvolvimiento se afinque y a modo de que del lado dominicano, la gente disminuya las aprehensiones y temores que abiertamente la delincuencia originada en haitianos ilegales ha estado provocando.
Naturalmente no es que los dominicanos bajaremos el ánimo o que desterremos las suspicacias, pero es verdad que tampoco porque un haitiano y delincuente ilegal cometa un hecho criminoso, pudiera interpretarse como una conducta generalizada de nuestros vecinos y en particular, de miembros de la masa de mano de obra útil que trabaja en la industria, negocios, turismo y campo dominicanos y en donde hay tantas personas útiles y de comportamiento decente.
¿Queremos decir con este planteamiento que debemos interrumpir todas las políticas de control migratorio que se han estado implementando para reducir la alta carga de haitianos ilegales que en lo marginal tiene la economía dominicana?, no en lo absoluto. Pero sí que debemos entender, que hay que dar el paso y en correspondencia a la entrada del nuevo embajador y como portavoz de la nueva política de entente del gobierno provisional, hacia nuestro país.
Si observamos el cronograma que el mismo gobierno haitiano se ha impuesto con ese propósito de reorganización interna y que lo expresara el pasado viernes, el presidente del Consejo Presidencial de Transición (CPT) Leslie Voltaire, habría que convenir, que el mismo tiene pasos pragmáticos y que se fundamentan en una vuelta a la paz social y en lo que por supuesto, también de este lado deberíamos de cooperar.
El presidente Voltaire especificó, que su meta es “pacificar el país con vistas a la celebración de elecciones generales entre noviembre y diciembre de 2025”. Por el calendario hecho conocer, Voltaire entiende que “el proyecto de Constitución debería estar listo a mediados de enero próximo, el referéndum al respecto sería en marzo y el proceso electoral tendría que comenzar en abril, para que los comicios fueran en noviembre próximo y, de ser necesaria una segunda vuelta, que esta se celebrara en enero de 2026, a fin de que el 7 de febrero de ese año fuera la investidura del nuevo presidente del país”.
Y en lo referente al restablecimiento de la paz social, es evidente que sus esperanzas están puestas en la fuerza multinacional policial de pacificación que dirige la República de Kenia, cuyo presidente, William Ruto, mantiene unas excelentes relaciones personales con el presidente Abinader y lo que también es promisorio para cualquier tipo de acuerdo de colaboración que pudiera presentarse entre los tres países.
Entonces y si esta es la situación que a grandes rasgos ahora se presenta y que conviene a los intereses dominicanos, consideramos, que de este lado hay que ser pragmáticos y tender puentes, en tanto la política de repatriación de ilegales haitianos debe continuar, pero con menos vehemencia, mientras se está atento a la evolución de los acontecimientos en el país transfronterizo.
Tampoco podemos ignorar el clima de extrema violencia que se ha desatado en ciertos lugares y ciudades haitianas y en particular, en la periferia de la capital, Puerto Príncipe, pues esa violencia fratricida de la última semana en la que hubo matanzas que ocasionaron 200 muertes, es imposible que la ignoremos o que nuestros militares no vayan a estar pendientes y mucho más, cuando voceros de las pandillas han hablado de “invadir” el territorio dominicano.
En resumidas cuentas, creemos que al gobierno provisional haitiano debemos darle el beneficio de la duda y ayudarle en procura de su interés en crear un clima de paz y sosiego…Pero sin descuidar, que Haití y nuestra seguridad. Es el gran reto y dilema dominicano. Con Dios. (DAG) 16.12.2024





