En la República Dominicana, nuestro país, el Día del Padre se celebra el último domingo de julio, una fecha que permite evitar la proximidad con el Día de las Madres (último domingo de mayo). Aunque no es un día feriado oficial, sí es motivo de reunión, de abrazos, de agradecimientos y, sobre todo, de reflexión sobre el valor del hombre que ama y cría con responsabilidad.
Las celebraciones suelen incluir: Reuniones familiares y almuerzos especiales. Regalos hechos por los hijos. Reconocimientos en centros educativos e instituciones públicas. Programas especiales en radio, televisión y redes sociales.
Más allá de los obsequios, se busca que este día sirva para reivindicar una paternidad responsable, protectora, no violenta, afectiva y solidaria.
El Día del Padre es más que una fecha en el calendario. Es un instante para honrar la constancia silenciosa, los abrazos que sostienen y los consejos que nos marcan. Es la oportunidad de decir, sin adornos, “gracias por estar”.
Este tipo de recuerdos, profundamente humanos, hacen del Día del Padre una celebración del alma, más allá de las formalidades.
En tiempos donde el individualismo, la violencia y la ausencia paterna golpean a muchas familias, celebrar el Día del Padre es también una llamada al compromiso social. Necesitamos padres presentes, que eduquen con el ejemplo, que escuchen, que acompañen, que se equivoquen pero que no abandonen.
En la República Dominicana, rendir tributo a los padres no debe ser una moda ni un gesto comercial, sino una acción de justicia y memoria afectiva. Porque todo niño que crece con un padre responsable, aunque sea solo uno, tiene más oportunidades de ser un adulto equilibrado y solidario. (HOY-cf / OJO-jj)





