Primero fue lo de la reunión en Washington entre los respectivos ministros de defensa y otros colegas suyos en el Continente, para delinear los fundamentos de la nueva política militar intervencionista con cierto sesgo de colaboración de sus iguales latinoamericanos y caribeños.
Después, la firma de un documento que le daba concreción a esa política y el que fuera firmado por veinte y un ministros de defensa e incluido el dominicano, que para más cuidado, fue favorecido en estos mismos días, por el presidente Abinader al girar una visita a Trump en la Florida.
Más tarde y el pasado lunes, se presentó la inusitada reunión de inspección fronteriza entre los embajadores estadounidenses en Puerto Príncipe y Santo Domingo, más el ministro de Exteriores dominicano y anunciando la llegada de 5 mil efectivos de la Republica de Chad que sustituirán hipotéticamente a los de Kenia que ya llevan seis meses en la capital haitiana.
Y ayer, la visita regia de la misma embajadora estadounidense junto al ministro de Defensa dominicano, supuestamente, para “conocer de primera mano la dinámica operativa y de seguridad en esta importante área limítrofe”.
Es decir, los gobiernos de los tres países, dos isleños y el otro estadounidense, están dando los pasos finales para emprender, lo que el canciller Roberto Álvarez denominó “el despliegue de la nueva Fuerza de Supresión de Pandillas en Haití”.
Suficiente para entender, que algo muy gordo se avecina y nada de paz y si como fuerza preventiva de guerra y por lo que se ha dicho, creando la probabilidad de un fuerte movimiento de pinzas, con una capital haitiana cercada y en su centro los grupos pandilleros y cerrando hacia la Frontera con personal militar dominicano en zafarrancho de combate.
Por lo tanto, no hay que ser adivino para entender, que por primera vez nuestras Fuerzas Armadas serán parte de un fuerte movimiento militar multinacional, que de suyo, implica y tan pronto se den reacciones de fuego por los pandilleros, que militares dominicanos pudieran morir en los enfrentamientos que se susciten.
Por supuesto que no criticamos que la República se vea obligada a semejante escenario y por el solo hecho, de que hasta ahora ha sido el territorio que más se ha perjudicado de la anarquía y pandillas haitianas y menos, cuando existe una resolución de la ONU y que recordó Álvarez, en cuanto a que “La resolución 2793 llama y establece la fuerza de cinco mil quinientos efectivos, se va a comenzar el primero de abril y la fuerza llegará a 5,500 para octubre de este año”.
Lo que significa, que guste o no, a partir del primero de abril nuestros militares serán parte activa en el accionar militar represivo contra las pandillas en el país transfronterizo y las que hasta ahora no han dejado y desde el magnicidio del presidente Jovenel Moïse en febrero de 2021, que Haití pudiera gobernarse apropiadamente.
También y en cierto modo habría que hablar, de que por compromisos internacionales, los militares dominicanos deberán sacarle las castañas del fuego al actual gobierno provisional haitiano y lo que automáticamente, no lleva a un escenario político militarista muy inquietante para los intereses permanentes de nuestra nación.
Sólo preguntamos, ¿ha contemplado el gobierno dominicano las probables reacciones que se darán en Haití contra los dominicanos que viven allí? Y lo más decisivo, ¿tienen nuestros militares, idea alguna del terreno pantanoso en el que se encontrarán y de cara a las células dormidas de haitianos con preparación militar, que desde los tiempos del presidente Arístide fueron ubicados en el territorio nacional y precisamente, por si en alguna ocasión estallara una situación de guerra abierta entre los dos países?
Igual habría que preguntar, ¿cuál es el plan que nuestro ministerio de Defensa tendrá para el caso de que alguna columna de pandilleros bien armados intentase tomar control y a tiros, de la mayoría de los cinco pasos fronterizos principales o de que una columna de estos, entre a tiro limpio en ciudades como Elías Piña o Dajabón o alguna otra de la parte sur fronteriza como Jimaní y que al ser zona montañosa esta última, los pandilleros quieran presentar batalla de guerra de guerrillas?
¿Se ha pensado en todos estos escenarios y en particular de estructura de guerra de guerrillas en una que otra ciudad dominicana fronteriza?, ¿cómo el gobierno garantizará vidas y haciendas en una situación semejante o por lo contrario, solo cuenta con que tropas estadounidenses y junto a las de Kenia y Chat le resuelvan el problema?
Al mismo tiempo y conociéndose que las redes sociales en los dos países isleños prácticamente, sus lupanares mediáticos se van cada día a las manos y que desatado el conflicto militar, sería un verdadero problema de seguridad y para fines de orden público, ¿contemplará el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas nacionales, la suspensión del internet en toda la frontera o lo haría más amplio para todo el territorio nacional?
Con las preguntas anteriores queremos significar, que por primera vez y desde el 1937 se habrá creado un clima guerrerista nada promisorio entre los dos países y que en los agitados momentos que se viven en ambas naciones, no creemos que sea algún tipo de oportunidad bélica, que en su desarrollo pudiera salirse de control y hasta llegar a un punto, de que si todo se fuera de las manos, ¿tendría Abinader el plan B para evitar que su gobierno y de súbito se encontrara en peligro institucional?
No estamos afirmando que uno que otro escenario pudiera presentarse y sí solo advertimos, que todos son escenarios extremadamente delicados y nada propicios para el mantenimiento de la gobernabilidad y mucho menos, cuando el “socio” estadounidense, es tan dado y cuando los hechos se enroscan, a dejar terreno y tirarles la culpa a los actores secundarios, en este caso los gobiernos de los dos países.
Simplemente estamos preocupados por los diferentes desenlaces de enfrentamientos que pudieran darse en el territorio nacional y sus efectos de cara a la población y de manos de agitadores haitianos, de por sí ya crispados contra nuestras autoridades y lo que más nos mortifica, que el gobierno de Abinader llegara un momento que fuera agarrado fuera de base.
Por eso señalamos, que es una visita nada inocente y como preludio al accionar militar criollo en la frontera y de acuerdo con planes previstos entre el ministerio de Defensa dominicano y el de Guerra estadounidense. Con Dios. (DAG) 18.03.2026





