Recientemente, hubo en la ciudad de San Salvador, capital de la República de El Salvador, el recibimiento cordial por parte del presidente Bukele de una alta delegación empresarial integrada por magnates de Latinoamérica y el Caribe, quienes abordaron al presidente y escucharon de este los fundamentos básicos del por qué su país es hoy uno de estupenda economía emergente y el que de tan sangriento en el pasado y por los casos de las pandillas maras y mara salvatrucha ha dado paso a una nación absolutamente en paz, con control de su soberanía y con un gobierno progresista que impone el estado de derecho para beneficio directo de su ciudadanía y las fuerzas económicas que en allí se desarrollan y crecen.
Quienes fueron testigos de la reunión y tanto en lo personal -los que estuvieron allí- y quienes presenciamos y escuchamos las diferentes exposiciones vía internet y en nuestro caso, comparando el escenario salvadoreño con el dominicano. Pudimos darnos cuenta de que la economía dominicana se encuentra años luz de la salvadoreña y por una sola razón: La mentalidad.
Pues mientras aquí el empresariado y su mundo financiero nacen al amparo de la protección del Estado en base a subsidios extraordinarios, cuyos resultados no ofrecen ninguna probabilidad de crecimiento y desarrollo para la ciudadanía y en particular para sus emprendedores y solo sí para esa burguesía depredadora incapaz de entender que su riqueza debe volcarla a favor de la nación y la que en cambio, se parapeta y generando muros y separaciones con relación al resto de la nación y al extremo, de que en la medida que los integrantes de esa burguesía depredadora se hacen más ricos, la nación se hunde en el peor abismo de absoluta carencia y desigualdad.
Por eso al escuchar la réplica un tanto mordaz que Bukele le hiciera al empresario criollo Frank Rainieri, a quien ripostó que el crecimiento humano y desarrollo de un país nunca puede estar supeditado al largo plazo y sí a tiempos inmediatos y cortos “para que toda la ciudadanía lo disfrute” y quien -Rainieri- había defendido “el modelo dominicano” de desarrollo a largo plazo y en particular a cincuenta años.
De inmediato pudimos entender, que por esa diferencia de mentalidad, la criolla arcaica y la salvadoreña pragmática e inmediata, la economía dominicana nunca podría ser relanzada y para abarcar, por lo menos, a ese sesenta por ciento de la población que ahora sobrevive entre la desesperanza y la incapacidad mental para trascender sin las taras que impone el trabajo esclavista y la dependencia absoluta a lo que quiera cualquier rico hijo de los dineros de los contribuyentes y de los privilegios indecentes y como lo son todos los individuos y organizaciones quienes ahora controlan el gobierno de facto instaurado desde el Consejo Nacional de Competitividad y debido a la falsa perspectiva del empresario y presidente Luis Abinader.
Y es que evidentemente, mientras en El Salvador, el estado y como debe de ser, crea las infraestructuras necesarias para que la nación disponga de las plataformas físicas que impulsen el desarrollo económico y sin olvidar facilitar una cuota mínima de exenciones fiscales -no de subsidios- en este país y en la generalidad de los casos, el empresariado no aporta su propio dinero y sí depende de los dineros de los contribuyentes, los que son utilizados como capital de trabajo para que los ricos se hagan más ricos y encima, evadiendo el pago de impuestos sobre sus ganancias y en la mayoría, ocultando el dinero sucio del narcotráfico y el lavado de activos como parte del “capital aportado”.
De esta manera y en la relación entre empresarios, empleados y obreros, prima el arcaico compadrazgo de don fulano frente a zutano y este último, aprendiendo siempre, que si quiere progresar económicamente, debe ser sumiso y en muchos casos, esclavo sexual “privado”.
Así se descubre, que los empresarios no realizan la labor que debe esperarse de ellos, de creadores de empresas y fuentes de trabajo y el sector financiero, no hace lo que le corresponde de proporcionar préstamos para que los ciudadanos emprendedores puedan hacer sus propios negocios e independizarse y en cambio, facilitando más del cincuenta por ciento de sus carteras de préstamos para no menos 800 empresarios y estos, pagando el soborno debido a la burocracia financiera y para que en paralelo, crezca la silente burocracia millonaria que los bancos tienen y creándose de ese modo, la economía cerrada de privilegiados, quienes a su vez, han hecho que en el país no exista el libre mercado y sí uno totalmente atrapado.
Entonces. ¿Cómo los nuevos valores de la economía y provenientes de la juventud de clase media baja pueden trascender en ambiente tan hostil contra los jóvenes? Solo entrando a tambor batiente en la economía sumergida de la droga, la evasión fiscal, el contrabando y el dinero mal habido ilegalmente y todo este, volcado en la industria de la construcción, la prostitución a gran escala desde los centros hoteleros y el trabajo esclavo en la agroindustria, la minería y en toda fuente de ingresos “obscenos”, que por “pudor” los ricos en Competitividad no quisieran participar.
Generándose entonces una economía totalmente viciada y alimentada también por la corrupción oficial y al extremo, de que quien no participe dentro del bandidaje de esa economía sumergida y envilecida, las grandes familias empresariales, sencillamente, les impiden el paso.
Agréguese más, en esta caricatura de estado delincuente: Todos los medios de comunicación tradicionales y sus periodistas y comunicadores son los grandes cómplices del enriquecimiento ilícito desde el poder y por eso el gobierno se ha convertido en una gran empresa privada de los políticos en el poder y rivalizando con los ricos tradicionales, quienes para colmos, consienten en tanto desbarajuste inmoral. Y ahora, dando el paso decisivo para la colonización de los medios de comunicación en las redes sociales, mediante la represión publicitaria o el fomento de la corrupción más deleznable.
En definitiva y mientras todo este desorden planificado esté ocurriendo, República Dominicana tiene solo una opción: Enfrentar a muerte el capitalismo salvaje que la domina y esclaviza o armarse de valor y contribuir a la explosión de un gran disgusto social que haga tabla rasa de lo existente. De lo contrario, la nación se perderá a lo absoluto y ahora a más, con la terrible política de haitianización progresiva que el gobierno lleva a cabo y para cambiar la población dominicana por haitiana y que es el grave peligro existencial inmediato que se tiene.
¿Tenemos o no razón, cuando decimos, que la burguesía dominicana es depredadora, de trato esclavista y de a largo plazo. Suficiente para imponer una absoluta fatalidad y aun así, el asunto no está en quitarle lo que tiene y sí obligarla a compartir con la nación que le dejó hacerse indecentemente rica? Con Dios. (DAG) 31.03.2026
última actualización: 11:00 am.





