En su demostración anual de emisión de siete soflamas que tocas igual cantidad de aspectos de la vida nacional, siete curas católicos y creyéndose los dueños de la verdad, arremeten contra la generalidad de la población al emitir sus subjetivos juicios de valor en los que y como ayer, testimoniaron el punto de vista político critico y supuestamente social del jefe de la arquidiócesis capitaleña y la conferencia del Episcopado.
Lamentan lo que llamaron las «grandes desigualdades» en el territorio nacional y criticaron “la falta de prioridad de los gobiernos, nacional y municipales”. Igualmente, arremetieron contra “los altos gastos en publicidad gubernamental y acuerdos extraoficiales”.
A continuación, presentaron la figura, de “Jesús tiene sed de ver al pueblo feliz y no oprimido por políticos” y rematando con la alegoría de que Cristo “no era un teatro, era sed de verdad”. Para de inmediato entrar en lo mundano y prosaico, puntualizando sobre “los altos precios de la gasolina y la canasta básica”.
Metiéndose a seguidas con su prédica tan débil de que supuestamente “los jóvenes han sido abandonados” y evadiendo de esa manera la fuerte ingesta de drogas y prostitución que se vive en parte de la juventud y precisamente por la inversión en los valores morales, que la misma Iglesia Católica no se ha ocupado de corregir e incluyendo la terrible pedofilia de determinados curas y abusos de determinadas monjas.
Y para que se vea que la curia está en todo, claman y exigen la erradicación de “las letras vulgares en las canciones”.
Fue un sermón de siete palabras de medias verdades y medias mentiras y como siempre, la curia católica queriendo quedar bien con todo el mundo, fue un mensaje vacío y casi no creíble y magnificado por la proyección pública en los corruptos y corrompidos medios de comunicación tradicionales y las posturas falsas e hipócritas en los lupanares mediáticos en las redes sociales. (DAG-OJO)





