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Mensaje. Desentrañando informe sobre la economía

Las cifras del informe del banco central sobre la economía dominicana hablan con inequívoca elocuencia: un crecimiento interanual de 3.9% en febrero y de 3.7% en el acumulado enero-febrero, tras un 2.1% del PIB en 2025, confirman que la economía ha comenzado a salir de la penumbra para adentrarse, con paso cauteloso, en una fase de recuperación.

Sin embargo, como todo lenguaje económico, sus números no solo declaran: también susurran matices. Por un lado, el crecimiento descansa sobre varios pilares, lo que sugiere una resiliencia auténtica y no meramente aparente. No hay un motor único tirando del tren, sino varios vagones empujando en conjunto: la minería (9.4%), la construcción (5.8%), el turismo —hoteles, bares y restaurantes— (5.3%), los servicios financieros (5.2%), la salud (6.0%) y la educación (7.0%). Esta diversidad sectorial actúa como un entramado de raíces profundas que reduce el riesgo de caídas abruptas.

Pero no todo el paisaje es uniforme. El informe revela una grieta en el comercio, que apenas creció un 0.3%. Y el comercio, como un pulso que delata el ánimo del consumidor, sugiere que el consumo privado aún late con cautela. La demanda sigue contenida, quizá bajo el peso persistente de tasas de interés elevadas o de un poder adquisitivo erosionado. Se trata, pues, de una recuperación sin euforia: más sobria, más estable, pero también más lenta.

En una zona intermedia se sitúan la manufactura local, con un crecimiento de 2.4%, y las zonas francas, con un modesto 1.2%. Estas cifras evocan un entorno externo aún tibio, donde la demanda internacional no termina de encenderse y la competitividad se mantiene, pero sin impulso decisivo. Es una señal de alerta: el aparato exportador no está liderando el rebote.

Asimismo, emergen señales mixtas en otros frentes. Sectores como las comunicaciones (-0.2%) muestran retrocesos, mientras que la administración pública (1.9%) avanza con timidez. Son destellos de fragilidad en un cuadro que, aunque mayormente positivo, dista de ser homogéneo.

En contraste, el sector servicios, con un crecimiento de 3.5%, se erige como la columna vertebral de esta resiliencia. Su desempeño es consistente: transporte (3.3%), actividades inmobiliarias (3.3%), servicios profesionales (4.1%), junto a un turismo vigoroso y servicios financieros sólidos. Todo ello reafirma el patrón estructural de la economía dominicana: una economía de servicios robusta que, como un amortiguador silencioso, atenúa los choques.

Una mirada amplia conduce a una conclusión clara: la recuperación es balanceada, pero no sincronizada. Balanceada, porque múltiples sectores avanzan, no sincronizada, porque algunos engranajes clave —como el comercio y la manufactura— aún marchan rezagados.

No estamos ante un panorama negativo, pero sí ante una recuperación incompleta. Una recuperación que, aunque firme en apariencia, todavía no logra permear con igual intensidad todos los estratos de la economía. Y es precisamente en esa falta de sincronía donde reside tanto su cautela como su desafío: crecer no solo hacia arriba, sino también desde las raíces más profundas. Por: Mario Méndez (HOY)

 

 

 

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