Lejos de considerar el enfrentamiento con Claudia Sheinbaum, presidenta de México, un error diplomático, sectores de la derecha admiten, en medio de la campaña de la izquierda en contra de Isabel Díaz Ayuso, que la presidenta madrileña salió reforzada de su ofensiva en el país azteca y que consolidó su perfil como referente de la nueva batalla cultural conservadora.
La confrontación de Isabel Díaz Ayuso con Claudia Sheinbaum ha terminado provocando exactamente el efecto político que buscaba el entorno de la dirigente madrileña: reforzar su perfil como referente de la batalla cultural de la derecha española e iberoamericana. En sectores del PP y del ecosistema ideológico próximo a Vox existe la convicción de que Ayuso “ha entendido antes que nadie dónde está hoy la pelea política”. La izquierda no aparta el foco de ella desde que regresó a Madrid, tanto con sus recursos políticos como mediáticos, pero, con ello, lo que están haciendo es «engordarla» políticamente.
La idea que se mueve en esos ámbitos es que Ayuso no cometió un error diplomático ni cayó en una provocación accidental. Y tienen razón porque el equipo de la presidenta buscó entrar deliberadamente en un terreno de confrontación simbólica ya que consideran que ahí se están construyendo hoy los liderazgos más sólidos de la derecha occidental. México reúne todos los ingredientes perfectos para ello: identidad, memoria histórica, polarización ideológica y una enorme capacidad de impacto mediático.
“Ella ha entendido la batalla cultural”, resumen dirigentes del PP donde creen que el choque con Sheinbaum ha permitido a Ayuso reforzar una imagen política que la beneficia. La de una dirigente que no evita conflictos ideológicos y que está dispuesta a combatir lo que define como la “leyenda negra” sobre España y la nueva izquierda identitaria latinoamericana.
Pero esta operación tiene, además, una dimensión interna muy relevante. Ayuso lleva tiempo intentando consolidar un liderazgo que trascienda Madrid y que la sitúe como una referencia internacional de la derecha liberal-conservadora. Su discurso ya no se limita a cuestiones autonómicas o económicas. Habla cada vez más de identidad occidental, hispanidad, populismo, libertad económica y choque cultural. El enfrentamiento con México le permite, precisamente, ampliar ese marco político.
En las filas populares admiten que existe una parte creciente del electorado conservador cansado de los complejos históricos y de lo que consideran una visión culpable del pasado español. Y Ayuso sabe conectar con ese sentimiento mejor que ningún otro dirigente del PP. Por eso, cuanto más dura ha sido la reacción desde sectores próximos al Gobierno mexicano, y a la izquierda española, más satisfechos se muestran en su entorno político. Interpretan que cada crítica exterior fortalece la percepción de que Ayuso representa a una derecha “sin complejos”.
Asimismo, por esta vía la presidenta madrileña consigue introducir otra clave política especialmente rentable para ella, como ya ha comprobado en el pasado: la comparación con Pedro Sánchez. Mientras Moncloa intenta mantener una posición diplomática más prudente con México, Ayuso aparece ante parte de la derecha como una dirigente dispuesta a defender posiciones de confrontación simbólica que el Gobierno de coalición evita asumir. Esta estrategia encaja con un fenómeno más amplio que atraviesa toda la política occidental porque las guerras culturales generan hoy más movilización que los debates puramente técnicos o económicos. Ayuso lo ha entendido perfectamente, «y no da puntada sin hilo», comentan desde sectores próximos a Santiago Abascal. Opacar a Vox es su gran objetivo y en la Comunidad de Madrid lo está consiguiendo, aunque desde otras direcciones regionales del PP (véase Andalucía o Galicia, por ejemplo) se observe con recelos la «chulería» de su mensaje, e incluso se la mantenga apartada de sus batallas electorales porque creen que les penaliza.
Por otra parte, sus movimientos también generan inquietud en otros sectores del PP y especialmente en algunos ámbitos empresariales. México sigue siendo un socio económico estratégico para España y muchas grandes compañías españolas observan con atención la tensión en el clima político bilateral. No obstante, descartan que hoy en día la confrontación ideológica termine afectando a las relaciones empresariales importantes. La Razon-carmen morodo)





