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Pagar el mínimo y no revisar el estado de cuenta: los errores que más caro cuestan a los usuarios

Tener una tarjeta de crédito no equivale a tener dinero extra. Sin embargo, millones de personas en América Latina y el Caribe la usan como si así fuera, y terminan atrapadas en deudas que tardan años en liquidar.

En República Dominicana, los datos del sistema financiero reflejan un contexto que exige especial atención: la tasa de interés para créditos de consumo en la banca múltiple se situó en 27.06 % en junio de 2025, según cifras de la Superintendencia de Bancos (SB), aunque ha mostrado tendencia a la baja desde entonces.

El primer error, y el más grave según especialistas en finanzas personales, es pagar únicamente el mínimo mensual exigido. Esta práctica evita cargos por mora, pero permite que los intereses se acumulen sobre el saldo restante mes a mes. Quienes solo pagan el mínimo pueden tardar años en liquidar la deuda y terminar pagando hasta tres veces el monto original de la compra.

Otro de los errores más comunes es no conocer con claridad las condiciones del producto adquirido. Muchos usuarios ignoran la tasa de interés, los costos por mora o el valor de las cuotas de manejo, lo que puede llevar a un endeudamiento sin calcular el impacto real. En el contexto dominicano, donde los créditos de consumo han registrado tasas superiores al 25 %, esta desinformación puede ser especialmente costosa.

El uso impulsivo de las tarjetas de crédito es otro de los principales problemas. Compras no planeadas o el uso de la tarjeta para gastos cotidianos como comidas o transporte pueden desordenar el presupuesto personal. Esta práctica, señalan los expertos, convierte una herramienta de pago en una fuente continua de endeudamiento.

Mantener un saldo pendiente de mes a mes es otro error que perjudica el historial crediticio. Muchas personas creen erróneamente que dejar saldo pendiente ayuda a mejorar su puntuación crediticia, pero en realidad solo empeora las cosas, porque el uso excesivo del crédito eleva la tasa de utilización y afecta el puntaje.

Domiciliar servicios como internet o plataformas de streaming en la tarjeta sin reservar ese dinero es también una trampa habitual. Muchas veces se siente como dinero extra, y al final el usuario termina con una deuda que no anticipó. La acumulación de pequeños cargos automáticos puede representar un porcentaje significativo del límite disponible.

Tener más tarjetas de las que se pueden administrar multiplica el riesgo. Cada plástico tiene fecha de corte, fecha de pago y tasa propia, y perder el control de esas variables lleva a cargos por mora en productos que el usuario ni siquiera utiliza con frecuencia. La Superintendencia de Bancos dominicana recomienda que el total de compromisos financieros no supere el 30 % de los ingresos mensuales.

Muchas personas tampoco revisan sus reportes en centrales de riesgo, y al descubrir que su puntaje ha bajado puede generarles sorpresas e inconvenientes. Mantener un control de las deudas y los pagos ayuda a conservar un historial favorable. En República Dominicana, la Superintendencia de Bancos pone a disposición de los usuarios herramientas para consultar su situación crediticia.

Hacer retiros de efectivo con la tarjeta de crédito es otro error con consecuencias graves. Este tipo de operación no goza del período de gracia que sí tienen las compras, y genera intereses desde el momento en que se realiza la transacción, además de comisiones adicionales que elevan aún más el costo.

Las buenas prácticas financieras son claras: liquidar el saldo completo cada mes, conocer la tasa de interés antes de firmar, no utilizar más del 30 % del límite disponible y revisar el estado de cuenta mensualmente para detectar cobros incorrectos o no reconocidos.

El método 50/30/20, destinar 50 % de los ingresos a necesidades, 30 % a deseos y 20 % a ahorro o pago de deudas, es una de las referencias más utilizadas por los asesores financieros para ordenar las finanzas personales.

La tarjeta de crédito es un instrumento útil cuando se usa con disciplina. Construye historial crediticio, permite acceder a promociones y protege al consumidor en ciertas compras. Pero esas ventajas solo se aprovechan cuando el usuario la trata como una herramienta de pago, no de financiamiento. En un entorno de tasas altas como el dominicano, la diferencia entre ambos usos puede significar meses o años de deuda evitable. (EC / OJO)

 

 

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