Durante años, la cultura ha ocupado un lugar secundario en la conversación sobre desarrollo económico en República Dominicana. Con frecuencia se le asocia únicamente al entretenimiento, las actividades artísticas o la preservación del patrimonio, mientras otros países han comenzado a convertirla en una herramienta de inversión, exportación, turismo e innovación. En medio de una economía cada vez más vinculada a la creatividad, la tecnología y los contenidos digitales, especialistas advierten que el país aún no aprovecha plenamente el potencial económico de sus industrias culturales.
Para el gestor cultural y especialista en industrias creativas, Luis Antonio Tejeda, esa desconexión le está costando competitividad al país. Tejeda, quien también trabaja temas de desarrollo juvenil y diplomacia cultural, sostiene que República Dominicana continúa viendo la cultura como un “gasto decorativo” y no como una política estratégica capaz de generar empleo, atraer inversión y fortalecer la marca país.
A su juicio, uno de los sectores que más pierde ante esa falta de visión es el de servicios globales y valor agregado tecnológico, especialmente en áreas vinculadas al turismo cultural, la exportación de contenidos digitales, el diseño, los videojuegos, la arquitectura y la propiedad intelectual. Considera que, pese al talento existente, el país no ha logrado estructurar un ecosistema creativo que permita transformar esas capacidades en una industria sostenible y competitiva a nivel internacional.
“El sector de la economía dominicana que más dinero, competitividad y posicionamiento global está perdiendo por no estructurar un ecosistema creativo formal es el de servicios globales y valor agregado tecnológico”, afirma.
Tejeda entiende que el modelo turístico dominicano continúa demasiado concentrado en el esquema tradicional de “sol y playa”, desaprovechando el potencial de experiencias culturales, rutas históricas, gastronomía local y manifestaciones artísticas que podrían atraer un visitante de mayor gasto y permanencia. En ese sentido, sostiene que la cultura no debe verse como un complemento del turismo, sino como una de sus principales fortalezas estratégicas.
Citando datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), explica que cada dólar invertido en industrias creativas puede generar entre US$2.5 y US$4 de retorno económico. Sin embargo, advierte que República Dominicana todavía carece de políticas públicas integradas que articulen cultura, educación, tecnología, turismo y comercio exterior bajo una misma visión de desarrollo.
“República Dominicana todavía no trata la cultura como política económica de Estado”, asegura.
Para ilustrar su planteamiento, menciona casos como Corea del Sur, Reino Unido y Colombia, países que —según explica— lograron convertir sus industrias culturales en motores de crecimiento económico y posicionamiento internacional. Destaca que Corea impulsó la música, el cine y el entretenimiento como parte de una estrategia nacional de exportación; Reino Unido consolidó las industrias creativas como uno de los sectores de mayor aporte a su producto interno bruto (PIB); mientras Colombia utilizó la cultura para transformar su imagen internacional y dinamizar áreas como el audiovisual, el turismo y la música.
“Mientras otros países convierten creatividad en PIB, exportaciones, turismo e inversión, nosotros seguimos discutiendo si la cultura es gasto o no”, sostiene.
El especialista también cuestiona la falta de articulación entre las instituciones estatales vinculadas al sector creativo. Considera que organismos como el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), el Ministerio de Educación (Minerd) y ProDominicana operan de manera aislada, sin una estrategia común que permita profesionalizar, promover y exportar el talento dominicano.
En materia internacional, entiende que el país aún tiene pendiente el fortalecimiento de una política de diplomacia cultural más agresiva y organizada. Entre sus propuestas figura la creación de una “Red de Diplomacia Cultural Dominicana” en las embajadas, así como mercados internacionales para la bachata, la música caribeña y el audiovisual dominicano en ciudades estratégicas como Madrid, Nueva York y Miami.
“El gran error ha sido pensar que la cultura es un complemento del turismo. En realidad, la cultura puede convertirse en uno de los motores más poderosos de inversión, influencia y posicionamiento global”, expresa.
Desde su experiencia en proyectos de formación y acercamiento artístico, Tejeda asegura que el talento cultural dominicano no está limitado a Santo Domingo o Santiago. Afirma que en provincias como Elías Piña, Bahoruco, Valverde y La Altagracia ha encontrado jóvenes con interés genuino por las artes, aunque muchas veces sin acceso a espacios de formación, teatros, museos o actividades culturales.
“El problema nunca fue desinterés. El problema era que nadie les había acercado ese mundo”, señala.
Para el gestor cultural, la economía creativa también debe entenderse como una herramienta de movilidad social y prevención de la violencia. En ese sentido, propone impulsar una política de democratización cultural basada en circuitos nacionales de teatro, museos itinerantes, festivales regionales, escuelas artísticas comunitarias y laboratorios de producción audiovisual y musical en sectores vulnerables.
“Muchas veces el Estado y el sector privado llevan entretenimiento a los barrios, pero no construyen ecosistemas reales de formación, profesionalización y empleo cultural”, advierte.
Dentro de sus propuestas, plantea además la creación de un “Fideicomiso Público-Privado de Inversión Estratégica en el Capital Humano”, enfocado en financiar la formación de jóvenes dominicanos en áreas creativas y garantizar posteriormente su integración al desarrollo productivo nacional.
Tejeda sostiene que la cultura debe incorporarse incluso a la visión de seguridad ciudadana, debido a su impacto preventivo en comunidades vulnerables. “La verdadera seguridad no comienza cuando llega una patrulla. Comienza mucho antes: cuando un joven siente que tiene futuro”, afirma.
Sobre las nuevas generaciones y el auge de la inmediatez digital, considera que uno de los principales desafíos es enseñar el valor de la disciplina y la preparación frente a la lógica de la viralidad y el éxito rápido.
“El talento sin disciplina es como un diamante enterrado: tiene valor, pero nunca brilla”, concluye. (HOY-xl / OJO)





