domingo, junio 7, 2026
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¿Usar la figura del vector para justificar acallar la opinión critica cuando a quien se le critica y que si le sucede, es porque públicamente tiene una conducta desordenada? Más parece el atrevimiento propio de quien acostumbrado a imponerse, entiende que todo el mundo debe tener boca cerrada y actuar con docilidad extrema

En este sentido, que quien abogue porque el Estado imponga una censura feroz en todas las palabras, acciones y actitudes de los ciudadanos y con el pretexto de que difaman la honra de los demás, más parece un exceso propio de una persona educada verticalmente y que como sacerdote, solo sabe entender el comportamiento de los demás desde su acusada óptica sectaria que no admite disidencia alguna.

¿Y si quien clama por aplaudir un nuevo condigo penal y blindado expresamente para esconder las inconductas de los personajes públicos y privados y por muy obispo que sea, está cometiendo un grave error de perspectiva y dirigido a aplastar la opinión disidente en todos los sentidos y con el pretexto del respeto a las leyes y las buenas costumbres?

Es como si un cura u obispo, sexualmente tiene una conducta desordenada y los vecinos o feligreses le reclaman compostura y este, creyéndose por encima del bien como del mal, asume que es un intocable que puede darse el lujo de violentar las leyes de la decencia y la urbanidad y desde su púlpito “sagrado” arremete con atrevimiento y desconsideración hacia quienes como audiencia atrapada, deben escucharle y para colmos, en silencio y recogimiento.

Ni que decir, que por ningún concepto podemos estar de acuerdo con semejante discurso tan perverso e hipócrita y mucho menos, sabiendo de como en ciertas sacristías, la moral se hace girones y la amoralidad absoluta es la normativa que cumplir.

Nosotros creemos e igual una gran mayoría nacional, que la buena reputación de una persona, nace de la conducta que esta muestre en todos sus actos públicos y privados y si la persona no cumple tal regla de moralidad absoluta, es decir, su comportamiento público en actuación directa hacia el debido respeto que deben merecerle los demás, por ningún concepto puede demandar acciones represivas contra quienes desde los mass media o en las redes sociales, se le exija un comportamiento correcto y propio de una persona educada, a todo aquel que transgreda las reglas del acatamiento a una adecuada ley moral no sujeta a tiranía alguna.

Recién acabamos de enterarnos, de la filípica absolutamente desfasada como atrevida, emitida ayer por el obispo de la diócesis de La Altagracia, monseñor Jesús Castro Marte, quien obcecado por el lenguaje entre rastrero y violento que domina en ciertos lupanares en las redes sociales, no se le ha ocurrido otra cosa, que respaldar toda medida que aplaste radicalmente las voces críticas y de nuevas generaciones, que desde la niñez, llegando a la adolescencia y después a la mayoría de edad, han vivido dentro de la grave hipocresía social de censurar a los otros y nunca así mismos y que es la razón por la que, este país y desde hace 65 años, su clase gobernante, ha enseñado, que mentir y ser un degenerado en costumbres y sexo y robar y saquear impunemente, es la normativa a aplicar.

Por ejemplo, ¿cómo se le puede tener respeto a un cura u obispo, que sabiendo que la obra que va a bendecir es producto del dolo y el saqueo de bienes públicos o privados, aun así tiene el coraje de bendecirla y que si habláramos en lenguaje católico, es un pecado grave que debería merecer una sanción dura?, ¿cree ese cura u obispo que se presta a tal inmoralidad, que a él se le pudiera entender como una gente seria y de conducta honorable o decente y mucho menos, cuando con su accionar tan hipócrita, él mismo está aprobando lo irregular de la obra a bendecir e indicándole a todo el mundo el camino a seguir?

Si esto lo tenemos bien presente, por obligación y por decencia personal, al obispo Castro Marte hay que replicarle y advertirle que está muy equivocado, pues no es a la palabra que se emita a la que hay que temer y sí a la conducta aberrante e indecente del objeto de la crítica, que pretendiéndose desgarrar sus vestiduras porque se le señale su inconducta, le hiere o molesta que se le desenmascare.

En la práctica, con su filípica, Castro Marte acaba de bendecir lo peor del autoritarismo oficial y el otro tan perverso que domina a los grupos económicos y financieros y quienes en líneas generales, en todos estos años han acumulado riquezas y destruido la moral familiar con un descaro y desvergüenza, propios de quien se entienden que puede hacer lo que le venga en ganas.

Este obispo, quien en tiempo atrás y por su cercana devoción hacia el presidente Abinader le habíamos calificado del “obispo de Abinader” y creyéndose que tiene el monopolio de la verdad, interpreta leyes y códigos dentro de la perspectiva nada feliz, de una persona que parecería, se encontrara atormentado por sus propias culpas, que sabrá él cuales son y si esto es así, a lo inmediato hay que salirle al frente y replicarle firmemente, pues por primera vez y desde los tiempos del cardenal Beras y si hacemos abstracción del autoritario cardenal López Rodríguez, nunca, ningún cura  u obispo católico se había permitido extralimitarse queriendo que el poder imponga una censura generalizada contra la opinión libre y lo que debe merecer  una crítica dura que llegue hasta el despacho del mismo secretario de la Nunciatura vaticana y con piquete al uso.

Castro Marte y en su grosero desafuero, habla de vector y de “sicarios de la moral destructores de reputaciones”. Es decir, usa un término propio de las matemáticas y de la física, para especificar, que en este país la comunicación y a partir del código penal reformado, solo debe tener una sola dirección y sin cambio alguno y de abusador, otorga su bendición (que Dios nos proteja) para que los poderes públicos arremetan sin consideración alguna contra todos los ciudadanos, quienes como tales, tienen absoluto derecho a ejercer la libre expresión y difusión de su pensamiento y guste o no a otros.

De ahí, que nunca estaremos de acuerdo con los equivocados, esos que entienden, que a las personas hay que enseñarles a guardar silencio y no criticar y no estamos de acuerdo, porque debido a semejante imposición, es que esta nación se encuentra ahogada en la corrupción a gran escala más bochornosa y que es la carta de presentación de toda una clase gobernante abusadora, que en estos 65 años y al amparo de la cruz católica, ha secuestrado a la República y que ha corrompido a una gran mayoría de ciudadanos y para no hablar de los miembros de la curia católica, donde a grandes rasgos, la amoralidad y el desenfreno imperan.

Lo correcto y que es lo que un estado de derecho bien entendido demanda, es que el ciudadano que se sienta ofendido por alguna expresión o invectiva que afecta su honor, sepa que tiene el camino de acudir ante los tribunales y demandar reparaciones o rectificaciones sobre lo que entiende que le ofendió y no incitar a las autoridades a que aplique normativas de alta policía para reprimir el derecho a la libre expresión , la libertad de palabra , de disidencia y la de conciencia y ni hablar de la de prensa y NUNCA abogar por una política represiva de atentado vil contra los derechos políticos y humanos de los ciudadanos y que es el pecado en el que acaba de incurrir Castro Marte. Convertido de facto en el nuevo inquisidor a favor de una nueva dictadura y a la que desde ahora hay que combatir y no solo por las vías de derecho.

Incluso, el susodicho obispo, confunde los roles, habla de que se volvería a la barbarie si se permite el libre ejercicio de opinión, cuando durante estos últimos 65 años, lo peor de la barbarie política, empresarial y religiosa ha sido impuesta y hasta llegar al resultado de ahora, que la llamada clase gobernante nos ha robado nuestra nación y para colmos, con un obispo dándole su bendición para que termine imponiendo una tiranía como la que nunca se ha tenido.

Lástima que Castro Marte no se hubiese enterado de la sentencia papal nada critica dura ni tremendista, al puntualizar, que «midamos el lenguaje, porque también se puede herir y matar con las palabras y no dolo con las armas» y en lo que naturalmente estamos muy de acuerdo.

A continuación el texto completo de lo que dijo ayer Castro Marte en X: “Para los tipos penales que necesitan ser tipificados en la era digital es indispensable la aplicación del nuevo Código Penal Dominicano, porque sustituye un marco legal de 1884, harto obsoleto. El país necesitaba, de forma urgente, modernizar su sistema judicial para tipificar crímenes cibernéticos y de IA, endurecer las penas contra la corrupción y garantizar una mayor protección a las mujeres y menores para sostener un Estado de Derecho donde pueda primar la convivencia sana, la gobernabilidad y la gobernanza. Es un imperativo inmediato poner en ejecución esta necesaria normativa. La Nación necesita esa legislación para el tiempo que fue pautada y así proteger los derechos de que ya gozan los ciudadanos y empezar a aplicar normas de acuerdo a los nuevos tiempos. Puede que existan grupos de resistencia en los diferentes medios, pero llegó el momento de proteger la reputación y la intimidad de los seres humanos que a diario son vulnerados en las redes sociales y otros medios de comunicación. El atentado al honor y al pundonor, y la difamación de las personas contemplados en los Artículos Nos. 208 y 209, será un vector para ir detrás de los sicarios de la moral y las buenas costumbres. Hay que estar conteste en que no existe una ley perfecta, existe la Ley posible, de acuerdo a las circunstancias. Esta sociedad necesita de que se dicten los límites en el ámbito de la Ley; de lo contrario, volveríamos a la barbarie. Una Ley posible siempre es perfectible, pero hay que dejarla poner en ejecución y, si tiene entuertos, siempre hay cómo buscar soluciones.”

Mientras y en lo que el hacha va y viene preguntamos: ¿Usar la figura del vector para justificar acallar la opinión critica, cuando a quien se le critica y que si le sucede, es porque públicamente tiene una conducta desordenada? Más parece el atrevimiento propio de quien acostumbrado a imponerse, entiende que todo el mundo debe tener boca cerrada y actuar con docilidad extrema. Con Dios. (DAG) 07.06.2026

 

 

 

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