jueves, junio 4, 2026
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Fenómeno digno de estudio: Que cuando el periodismo se convierte y se ve así mismo como una mercancía, el capitalismo salvaje se impone y junto a la corrupta partidocracia, las libertades desaparecen y lo moral cede

El fenómeno se presenta gradualmente, casi como con vergüenza, pero que cuando se explaya, el concepto moral desaparece y el afán de lucro se impone y decimos que es un fenómeno social que debe ser estudiado, porque en el mismo se conjugan las peores ambiciones como el más desorbitado afán de lucro.

Se trata de posiciones y entre individuos que siempre están al acecho entre sí, unos por el manejo de sus angustias personales y otros, porque ven en el periodismo su gran oportunidad para trascender socialmente y dar el paso económico que les libere de sus traumas por carencia de tranquilidad económica.

Desde luego, es un afán propio del pequeño burgués, quien a brazo partido sale a la calle a buscarse lo suyo sin importar como y que de oportunista convencido, asume que deberá hacer lo que fuere si quiere concretar sus propósitos de triunfo económico propio.

Y que es el caso generalizado, de tantos que se meten al periodismo, no como recurso o iniciativa de servir e informar y sí como mecanismo de enriquecimiento y ascenso social en donde la falta de escrúpulos marca la pauta para trascender.

Todo comienza acercándose a los medios tradicionales y de a poco, buscándose como darse a conocer y ni hablar, de que en tal camino, las rebatiñas y desavenencias se encuentran a la orden del día, hasta que el involucrado y por su “obsequiosidad” en su comportamiento personal, se hace simpático frente a los que pudieran llevarlo a salir del montón de serviles en el que, el periodismo de ahora está compuesto y sin portarle dejar tantos cadáveres morales en su camino.

Hablamos, de que a grandes rasgos se ha perdido la decencia en el comportamiento individual y que debido al efecto imitación, el comunicador que quiere ser bien recibido en los medios tradicionales, no pocas veces tiene y debe traicionarse a sí mismo y ahora enfrentado al nuevo dilema de ética y moralidad, de cómo meterse en las redes sociales y salir indemne y  en un mundo, en el que el youtuber más desalmado es el que dicta las normas y quien desde sus reality show ejerce unas dictadura de opinión y consolidándose, cuando lo peor entre empresarios, políticos y gobiernos, lo adoptan y siempre haciéndoles creer que es uno de los suyos.

Desde ese momento el nuevo periodismo, digamos “el tecnológico” supera en maldad y perversidad al viejo periodismo tradicional y no que la libertad de prensa sea la primera víctima, sino que la mayor desgracia, es comprobar como el libre albedrío profesional desaparece.

Por tal atadura, el periodismo no es tal y sí parte de una gran mascarada de imágenes falsas adorando al mismo dios dinero. Dando por resultado, que el periodista o comunicador pasa de informador a traficante de influencia a favor de los dueños de los medios donde se les paga un salario a tiempo completo e incluso, los más débiles de carácter y entre grupos, se les reconoce que triunfan gracias a un inédito “derecho de cama” en el que los amantes y las amantes se disputan entre sí cual puede llegar a mayor nivel de amoralidad y estafando a la opinión pública en su diversidad de programas de divos y de divas.

A semejante nivel, parte de la atrapada opinión pública empieza a creer los rumores y tan disímiles, sobre estos periodistas y comunicadores por servicios sexuales que en la tele se desgarran sus vestiduras señalando las flaquezas morales de otros y llegándose a lo de ahora, que todo el conjunto del sector mediático no es creíble.

Lo que también genera esa desilusión sorda y apagada entre ese público que quiere creer que quienes les hablan, adoctrinan o guían o son representantes de una sana moralidad que impulse a la gente de bien a mejorar a más.

Entonces y a contrapelo, viene lo otro, que con el nacimiento de los medios en las redes sociales, donde la ligereza de opinión, la profusión de dicterios y cuanta iniciativa de difamación e injurias es utilizada como armas de extorsión a gran escala, se recrea un determinado nivel de choque de fuerzas y resultados que entre presiones y amenazas los actores se envalentonan o ceden.

De esta manera, el ejercicio mediático deja de ser de genuina prensa libre y sí de capacidad propagandística y de culto a la personalidad de los ejecutivos que dan la cara para entregar la publicidad, que a ese momento no es tal y si solo canonjía o prebenda, deformándose realmente el ejercicio periodístico y hasta llegar al punto, de que todos los involucrados, no solo se odian cordialmente entre sí y sí que la carrera por el afán de lucro más enraizado llega a niveles terribles de perdida sensible para la libre información.

Entrándose entonces en la fase de lo patético, cuando el periodista, comunicador o dueño de programa electrónico y en internet se convierte en amanuense entregado del gran capital como del poder político y transformándose la mayoría de los periodistas y comunicadores en agentes traficantes de influencia a favor de quienes les proveen publicidad y sin importarles que el común del público los entienda como individuos de a tanto por palabra y es que a ese momento la desvergüenza ha adquirido carta de identidad.

Ni que decir, que cuando la sociedad es azotada de semejante modo, hasta las libertades públicas quedan en riesgo de peligro y por eso lo que está ocurriendo, que el gobierno del presidente Luis Abinader y nada menos que con auxilio periodístico, presenta decretos o leyes con auxilio del Congreso y hasta de reforma drástica del código penal para imponer restricciones de alta policía a lo poco que todavía queda de periodismo profesional y libre a todos los poderes públicos y privados, mientras por el otro lado, corrompe y pervierte medios, periodistas, comunicadores y youtubers y es de esta manera, como poco a poco el circulo del poder se estrecha  a favor de los fieles y serviles que son dominados.

¿Sabe el lector que es lo más triste? Que al claudicar el sistema político y social, un gobierno de débiles de espíritu como el actual, le sería fácil imponer la dictadura y cuando fracase, que entonces, los grupos económicos y financieros y con su ominoso tejido de alianzas público y privadas se pudieran atrever a imponer una tiranía mitad partidaria-mitad cuartel y a Dios que reparta suertes. ¿Acaso esto no es triste?, ¿descubrir, que en el país que se creía, hace tiempo que pasó y que nadie se diera cuenta?

Con tal conclusión, ¿necesario que haya que especificar, que existe un fenómeno digno de estudio: Que cuando el periodismo se convierte y se ve a sí mismo como una mercancía, el capitalismo salvaje se impone y junto a la corrupta partidocracia, las libertades desaparecen y lo moral cede? Con Dios. (DAG) 04.06.2026

última actualización: 09:00 am.

 

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