El sector hotelero español libra actualmente una batalla judicial que, por la naturaleza global del turismo, podría terminar proyectando sus efectos más allá de las fronteras europeas y abrir nuevas oportunidades para aumentar la rentabilidad y fortalecer la competitividad de los hoteles dominicanos.
Respaldado por una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), emitida el 19 de septiembre de 2024, que confirmó que las cláusulas de paridad —tanto las amplias como las estrechas— vulneran el derecho de competencia de la Unión Europea, el sector hotelero español impulsa dos demandas colectivas contra Booking.com por los daños ocasionados por estas disposiciones contractuales.
Durante dos décadas, dichas cláusulas impidieron a los establecimientos ofrecer precios más bajos en sus propias páginas web o en plataformas competidoras, limitando así la libre competencia en el mercado.
Vigentes desde 2004, estas condiciones obligaban a los hoteles a no comercializar habitaciones a un precio inferior al publicado en Booking.com en ningún otro canal de venta. Según los demandantes, esta práctica eliminó la competencia entre plataformas y contribuyó a inflar artificialmente las comisiones, que rondaban el 20 %. La compañía puso fin a esta política el 30 de junio de 2024,
El principal beneficio potencial de este proceso radica en que plataformas como Booking Holdings y Expedia Group capturan una porción significativa de los ingresos generados por el turismo. Si su capacidad de imponer condiciones se reduce, las comisiones que cobran podrían disminuir o volverse más negociables, mejorando así la rentabilidad hotelera.
En ese escenario, los hoteles dominicanos también tendrían mayor margen para ofrecer mejores condiciones a los turistas.
Una eventual pérdida de protagonismo de las plataformas digitales abriría espacio para el fortalecimiento de las reservas directas, las agencias locales y las estrategias de mercadeo propias de los hoteles. Sin embargo, esta transición no estaría exenta de desafíos. La visibilidad internacional que ofrecen estas plataformas sigue siendo un activo valioso, y no todos los hoteles cuentan con la capacidad tecnológica ni con los presupuestos de marketing necesarios para sustituirla. Ahí emerge un riesgo que conviene no perder de vista: una menor intermediación, sin alternativas eficaces que la reemplacen, podría traducirse en una reducción del flujo de turistas.
Si el peso de las plataformas digitales disminuye, también aumentaría la competencia entre los propios hoteles. Surgirían descuentos directos, ofertas diferenciadas y estrategias comerciales más agresivas para captar clientes. Como ocurre cuando se abren nuevas compuertas en un mercado, las corrientes competitivas tienden a intensificarse.
Para el sector hotelero dominicano, esto podría implicar una reducción moderada de los precios promedio y una presión inicial sobre los márgenes de beneficio. No obstante, si la estrategia se gestiona adecuadamente, el resultado final podría traducirse en mayores niveles de ocupación y en una distribución más eficiente de los ingresos. Tampoco puede descartarse un eventual efecto regulatorio.
Si la reforma europea se consolida y genera resultados positivos, podría despertar en la República Dominicana el interés por revisar determinadas prácticas de las plataformas digitales y abrir un debate más amplio sobre competencia en los mercados digitales, acorde con la tendencia internacional.
Al final, el balance de este cambio podría ser favorable para el sector. Una pérdida de poder de Booking y de otras plataformas similares difícilmente reduciría de manera significativa la ocupación turística total del país. Sin embargo, sí podría contribuir a una ligera reducción de los precios y, al mismo tiempo, mejorar los márgenes de ganancia de numerosos hoteles y alojamientos, siempre que estos logren atraer reservas a través de canales alternativos o mediante una relación directa con sus clientes. (HOY-mario méndez / OJO)





