Cuando se acerca el primer mes desde que Washington y la República Islámica se pusieran de acuerdo en los términos de un acuerdo para el cese de las hostilidades, el presidente de EE UU, Donald Trump, ha dado este viernes por acabado el alto el fuego con Irán, para asegurar haber aceptado la petición iraní de seguir negociando en una nueva y aparente paradoja.
El anuncio del mandatario norteamericano llega después de otra noche, la del jueves, de cruce de fuego entre ambos países en torno al sur de Irán y el estrecho de Ormuz, centro y clave del conflicto. Una delegación qatarí fue recibida en Teherán en una nueva tentativa mediadora por parte del poderoso emirato a fin de insuflar un nuevo impuso al proceso de diálogo.
«La República Islámica de Irán nos ha pedido que continuemos las conversaciones. Hemos accedido a hacerlo, pero EE UU les ha dejado claro, sin duda alguna, que el alto el fuego ha terminado», manifestaba el inquilino de la Casa Blanca este viernes en un escueto mensaje publicado en redes sociales. Horas antes, el jueves, Trump ya había adelantado tener conocimiento de acercamientos iraníes a fin de llegar a un acuerdo que pusiera fin a la nueva escalada de esta semana. «Les queda [a los iraníes] muy poco», zanjó ante los medios de comunicación durante su viaje de vuelta a EE UU tras participar en la cumbre de la OTAN en Ankara.
70 agresiones en apenas 48 horas
Como había ocurrido el miércoles, la noche del jueves registró una segunda oleada de bombardeos contra unos 90 objetivos militares iraníes -elevando hasta 170 el número de agresiones en apenas 48 horas-, centrados de nuevo en el sur del país y el litoral del golfo Pérsico. Los ataques alcanzaron sistemas de defensa antiaérea, emplazamientos de misiles antibuque, radares, infraestructuras navales, almacenes de drones y bases logísticas, como respuesta a los ataques iraníes contra el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
Por su parte, las fuerzas armadas de la República Islámica respondieron, también siguiendo el guion de la jornada precedente, disparando misiles y drones contra bases militares estadounidenses situadas en Qatar, Kuwait, Bahréin y Jordania. La mayoría fueron interceptados, aunque se registraron daños limitados y al menos un herido en Kuwait por la caída de fragmentos. La inmediata consecuencia de la vuelta de las hostilidades es la paralización casi por completo del tráfico en el estratégico estrecho, por donde transita en tiempos de paz el 25% del crudo y el gas natural mundiales.
Lo cierto es que el principal punto de desacuerdo entre Teherán y Washington desde la firma del nuevo memorando de entendimiento es la quinta cláusula del memorando de entendimiento, que establece que Irán «adoptará las medidas necesarias, haciendo todo lo posible, para garantizar el paso seguro de los buques mercantes, sin coste alguno y únicamente durante 60 días, desde el golfo Pérsico hasta el mar de Omán, y viceversa».
Ormuz, en el centro de la discordia
Por su parte, el régimen lo interpreta como si tuviera «la responsabilidad exclusiva de establecer las medidas necesarias para garantizar el paso seguro de los buques por el estrecho de Ormuz», y ello le lleva a justificar los ataques de la Guardia Revolucionaria contra embarcaciones sin autorización para transitar por el estrecho. Tras los duros ataques estadounidenses del miércoles, el presidente del Parlamento iraní y líder del equipo negociador de su país, Mohammed Bagher Ghalibaf, aseveraba que Ormuz «sólo abrirá si Irán lo decide, no por las amenazas estadounidenses».
Por otra parte, las autoridades iraníes avisaban de que podrán atacar Israel como parte de su respuesta a EE UU. «Como ya hemos anunciado, los ataques contra la infraestructura recibirán represalias, y el régimen sionista criminal que está detrás de estos males no será inmune a la respuesta de los combatientes», afirmaba e secretario del Consejo Nacional Supremo de Irán, Mohamad Baqer Zolqader, según una información recogida por la cadena de televisión pública iraní IRIB. Entretanto, las fuerzas del Tsahal atacaron posiciones o intereses de Hizbulá en el sur de Líbano, aunque ello no supone una novedad respecto a jornadas anteriores y a pesar del alto el fuego en vigor.
«Las declaraciones de Trump no cierran la puerta a la diplomacia: redefinen la negociación bajo coerción. Washington combina ataques, sanciones y amenazas para elevar el coste de la resistencia iraní, mientras conserva una salida negociada que limite el impacto de una guerra prolongada», asevera a LA RAZÓN el analista iraní Ehsan Rahimi. A juicio del investigador doctoral especialista en historia iraní, «Teherán interpreta esta ambigüedad como prueba de que Estados Unidos utiliza el diálogo para imponer una capitulación, reforzando así a los sectores duros. Israel acoge favorablemente la presión militar, aunque teme tanto un acuerdo insuficiente como una escalada regional. Francia y Alemania advierten que, sin garantías recíprocas, mediación creíble y objetivos definidos, esta estrategia producirá conflicto intermitente, no paz duradera». (La Razon-antonio navarro amuedo)





