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Aritmética de la apreciación del peso

Es común escuchar que cuando la tasa de cambio baja o el peso se aprecia en relación con el dólar, el Gobierno es el primer beneficiario. Eso explica, en parte, por qué nuestros presidentes, cada vez que tienen la oportunidad, transmiten a las autoridades del Banco Central (BCRD) su deseo de un peso fuerte frente al dólar. Incluso, en sus declaraciones y discursos, mencionan la apreciación de nuestra moneda como un “logro de la política económica”.

Una de las primeras mentes brillantes que estudié en el curso de Historia del Pensamiento Económico impartido por Alexander Erlich, profesor emérito en Columbia, fue la del médico, filósofo, científico, estadístico y economista William Petty, considerado por muchos como el fundador de la economía política clásica y del análisis estadístico. Petty nació en Ramsey, Inglaterra en 1623, cien años antes que Adam Smith.

Mientras se desempeñaba en 1645-1646 como secretario personal y asistente de Thomas Hobbes y se adentraba en el empirismo de Francis Bacon, fue permeado por las intensas convicciones que tenían Hobbes y Bacon de que las matemáticas y los sentidos fusionados debían ser la plataforma de todas las ciencias racionales.

Su pasión casi enfermiza por la precisión, lo llevó a anunciar que su ejercicio en el área de las ciencias se concentraría en fenómenos medibles, para lo cual privilegiaría la precisión cuantitativa, a diferencia de otros que fundamentaban sus análisis en la tradición escolástica, la imaginación superlativa y la percepción contrastada.

De ahí nació la denominada Aritmética Política, una de las grandes contribuciones de Petty a la creación de la ciencia económica, la cual se sumó a sus aportes esenciales a la estimación de las Cuentas Nacionales, las  políticas públicas y los impuestos, la teoría de la tasa de interés y la velocidad del dinero, la teoría del valor y de los precios y, ante la ausencia, en aquellos tiempos, de censos en Inglaterra, su creatividad para estimar la población a partir del conteo de hogares y el uso de multiplicadores matemáticos que hoy los estadísticos denominan “factores de expansión”.

Hoy desempolvo a Petty, pues me propongo realizar un ejercicio imperfecto, posiblemente incompleto y a lo mejor impreciso sobre la aritmética fiscal de la apreciación del peso con el objetivo de verificar si es o no cierto que una reducción de la tasa de cambio contribuye a mejorar las cuentas fiscales. En la primera tabla que acompaña a este texto mostramos en la primera columna el ahorro de gastos fiscales que genera una apreciación del peso de 10.7%, es decir, una baja en la tasa de cambio de RD$65.50 por dólar utilizada en el Presupuesto General del Estado de 2026 a una de RD$58.50. Seleccionamos esta última solo como referencia para el ejercicio.

 El gasto del Gobierno se reduciría en RD$57,766 millones al reducirse los montos de pesos requeridos para el pago de amortización e intereses de la deuda externa, las transferencias a las EDE para cubrir su déficit y a las empresas importadoras de combustibles para mantener el subsidio a los consumidores.

Por alguna razón, sin embargo, algunos olvidan que la baja en la tasa de cambio produce una baja en los ingresos del Gobierno. Como se observa en la segunda columna, caería el monto en pesos de los desembolsos de préstamos y bonos externos, los impuestos de Barrick Gold, las tarifas de salidas de pasajeros y tarjeta de turismo, del ITBIS pagado por los hoteles, del arancel, ITBIS y selectivos cobrados en aduanas sobre las importaciones y de los impuestos sobre intereses y otros pagos al exterior.

A esto habría que sumar la reducción de los intereses y rendimientos devengados por el BCRD por la inversión de sus reservas internacionales en depósitos, bonos y otros instrumentos financieros en el exterior, así como la enorme pérdida que se produciría por la revaluación de las reservas internacionales netas menos los pasivos externos del BCRD cuando se valoran en pesos, desenlaces que impactarían negativamente en el resultado del ejercicio del BCRD y, por tanto, en el déficit cuasifiscal que corre por cuenta del Gobierno.

Todo lo negativo suma RD$134,275 millones. En consecuencia, una apreciación hipotética del peso que lleve la tasa de cambio de RD$65.50 a RD$58.50 por dólar generaría un deterioro en las cuentas fiscales devengadas ascendente a RD$76,509 millones. Como diría Petty, la filosofía abstracta y la imaginación superavitaria no son la vía razonable para llegar a conclusiones en el ámbito de las ciencias racionales. Hay que buscar los datos, depurarlos y afinarlos, para luego someterlos a la Aritmética Política.

Si de la aritmética fiscal nos movemos a la aritmética distributiva, los futuros hacedores de política podrían recibir lecciones importantes. Es cierto que una apreciación del peso sería beneficiosa para los comercios importadores de bienes de consumo e industriales importadores de materias primas y bienes de capital; los dominicanos que viajamos y hacemos turismo en el exterior; los que tenemos deudas y seguros contratados en dólares; los rentistas de la inversión extranjera directa que con sus pesos podrán repatriar mayores dividendos; los tenedores extranjeros de bonos domésticos en pesos empaquetados en Global Depositary Notes (GDN) y repos con contrapartes internacionales respaldados por bonos locales que, al apreciarse el peso, obtendrían una ganancia de capital adicional cuando se produzca el vencimiento y salgan a buscar los dólares en el mercado con o sin la asistencia del BCRD; los trabajadores inmigrantes en el país, quienes podrán remesar más dólares a sus familias en el exterior; y el Gobierno Central, el cual necesitará menos pesos para el servicio de su deuda externa, para transferir a las EDE y para subsidiar los combustibles.

¿De cuánto estamos hablando? De RD$336,937 millones. Tomen nota. Los consumidores de bienes importados no necesariamente se beneficiarían, a menos que realicen sus compras por internet. Una baja en la tasa de cambio que los importadores e industriales perciban como transitoria solo serviría para abultar el margen de beneficio de las empresas, las cuales, muy posiblemente, seguirán liquidando el costo de sus importaciones a la tasa de cambio proyectada por las autoridades (RD$65.50).

¿Quiénes pierden? Las familias receptoras de remesas (RD$88,660 millones), las empresas de zonas francas en sus exportaciones netas (RD$27,286 millones), los exportadores nacionales (RD$65,571 millones), el sector hotelero (RD$87,150 millones), los exportadores de otros servicios (RD$27,834 millones), los inversionistas extranjeros directos y de cartera por el aumento del componente doméstico en pesos de los proyectos de inversión (RD$40,214 millones) y el Gobierno Central por la caída de los ingresos en pesos derivados de los desembolsos de préstamos externos, impuestos, intereses sobre reservas internacionales y pérdida de capital de las mismas reservas cuando se valoran en pesos dominicanos. ¿Cuánto pierden en total? RD$472,990 millones.

Este ejercicio de aritmética fiscal y distributiva de la apreciación seguramente contiene errores. Las autoridades oficiales, dotadas de informaciones más precisas, harían una gran contribución al debate si presentan ejercicios similares, libres de errores e imprecisiones. De esa manera, los futuros hacedores de política dispondrían de una metodología efectiva para analizar las ventajas y desventajas de la apreciación de nuestra moneda. Un poco de Aritmética Política es lo que demanda la nación. Por: Andrés Dauhajre h (El Caribe)

 

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