La salud mental se ha convertido en uno de los grandes desafíos del entorno laboral. El agotamiento emocional, la sobrecarga de tareas y la pérdida de motivación afectan a una parte importante de los trabajadores, pero las señales de alerta no siempre reciben una respuesta a tiempo. Hoy, 10 de octubre, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha que invita a ir más allá de la concienciación y a prestar atención a un malestar que, en muchas ocasiones, permanece oculto durante meses.
Un estudio de la aseguradora digital Alan sobre el bienestar de los empleados en España revela que el 60% experimenta agotamiento emocional de forma frecuente u ocasional. Además, el 61% asegura sentirse desbordado por la carga de trabajo y el 57% ha experimentado una pérdida de motivación. Los datos reflejan la dimensión de un problema que no siempre se manifiesta mediante una crisis evidente, sino que puede avanzar de manera silenciosa hasta afectar a la vida personal y profesional.
«Una de las cosas que más me llama la atención es la cantidad de malestar que se normaliza», advierte Marta Martín Mazaira, Therapist Lead de Alan España y psicóloga general sanitaria. La especialista describe situaciones habituales en las que los trabajadores llevan meses durmiendo mal, llegan a casa sin energía o han dejado de disfrutar de actividades que antes les importaban, sin llegar a reconocer esas señales como un problema.
En muchos casos, el cansancio persistente se atribuye a la exigencia del trabajo y se asume como parte de la rutina. Sin embargo, esa normalización puede dificultar que los afectados pidan ayuda y que sus responsables detecten a tiempo un deterioro de su bienestar psicológico.
«El 10 de octubre ofrece una oportunidad para ir más allá de la concienciación y poner el foco en lo que ocurre antes de que el problema sea visible: el silencio que precede al colapso», señala Martín Mazaira en un editorial con motivo del Día Mundial de la Salud Mental.
La prevención, la asignatura pendiente de las empresas
La detección temprana es uno de los principales retos para las organizaciones. Aunque el 65% de los profesionales de Recursos Humanos considera que la prevención de los problemas de salud mental es una prioridad alta o significativa, solo el 20% afirma disponer de un proceso definido para responder cuando aparecen las primeras señales de malestar.
La diferencia entre la importancia que se concede al problema y los recursos disponibles para afrontarlo evidencia las dificultades para trasladar la preocupación a medidas concretas. «Los datos de nuestro estudio muestran una brecha preocupante entre intención y capacidad», sostiene la especialista.
La implicación de los responsables directos también resulta limitada. Solo el 24% de los empleados afirma que sus jefes suelen intervenir cuando detectan los primeros indicios de malestar. A ello se suma que el 27% se siente incómodo al hablar de bienestar emocional con su superior y el 30% experimenta esa misma dificultad al plantear la cuestión ante Recursos Humanos.
Estas barreras pueden dejar a los trabajadores sin un espacio de confianza para explicar lo que les ocurre. La falta de protocolos y de formación específica también complica que los responsables sepan distinguir entre una dificultad puntual y una situación que requiere atención.
Para Martín Mazaira, las empresas tienen margen para actuar sin necesidad de acometer transformaciones complejas. La clave está en establecer criterios claros sobre qué señales observar, cómo responder y a quién recurrir cuando surge una primera alerta.
«No se trata de convertir las oficinas en consultas de psicología», subraya. El objetivo, explica, es crear las condiciones para que los empleados no tengan que esperar a encontrarse muy mal para que alguien advierta que algo no va bien y para que, llegado ese momento, haya personas preparadas para escuchar y orientar hacia el apoyo adecuado.
Apoyo psicológico y mejores condiciones laborales
Entre las medidas que los trabajadores consideran más útiles para proteger su salud mental destaca el acceso a apoyo psicológico, mencionado por el 42%. Le siguen la mejora de los horarios y de la desconexión laboral, con un 37%; la creación de entornos en los que puedan expresar sus dificultades con seguridad, con un 35%, y una comunicación más clara de las expectativas profesionales, con un 34%.
Las propuestas apuntan a que la respuesta no puede limitarse a ofrecer atención psicológica. También requiere revisar las condiciones en las que se desarrolla la actividad laboral, desde la carga de trabajo hasta los límites entre la jornada y la vida personal.
«Prevenir no requiere transformaciones complejas: requiere claridad sobre qué observar, cómo responder y a quién involucrar cuando aparece la primera señal», defiende Martín Mazaira. La especialista insiste en que el apoyo psicológico es importante, pero no sustituye a una organización del trabajo saludable.
En el Día Mundial de la Salud Mental, los datos ponen de relieve la necesidad de que la preocupación por el bienestar emocional se traduzca en medidas efectivas. Detectar el agotamiento antes de que se agrave, formar a los responsables y facilitar el acceso a ayuda son pasos fundamentales para evitar que el malestar se convierta en un problema mayor. (La Razon-redacción sociedad)
imagen: Prevenir el estrés laboral y el burnout, una vía para recuperar el bienestar en el entorno de trabajo Europa Press





