lunes, octubre 25, 2021
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Ante el destape Falcon, en el Congreso Nacional, hay que hacer una purga drástica y convocar nuevas elecciones congresionales exclusivamente

En realidad, y de cara a senadores y diputados, ¿qué significa el cartel Falcón dentro de la composición del actual Congreso Nacional?, la base y sustentación de la peor muestra de influencia dañina entre quienes tienen como trabajo crear, aprobar y legislar “para bien de la República” y quienes en gran mayoría son unos delincuentes de cuello blanco.

Sobre este aspecto, solo hay que recordar, que quienes primero penetraron al primer poder del Estado fueron todo un grupo de riferos de aguante convertidos en dueños de bancas de apuestas y hasta empresarios del juego organizado y quienes se encargaron de afectar la moral y comportamiento de los demás legisladores y con la tremenda cuota de privilegios entre sí y en base a comprar las conciencias de los senadores y diputados menos favorecidos por la diosa fortuna.

A partir de esa realidad y que sigue viva, el Poder Legislativo devino en la especie de pocilga amoral que ahora muchos y de hipócritas dicen descubrir, cuando ha sido tan obvio y en la medida que esos legisladores y en gran mayoría han hecho un cambio tan acelerado de status social y económico, que por más leyes que se han inventado para su auto enriquecimiento, los que de tal modo actúan, no pueden justificar las riquezas e ingresos que ahora tienen.

Por ejemplo, con lo de la mafia del otorgamiento de exenciones fiscales para recibir cada año una exoneración para un vehículo de motor de clase pobre a los de alta gama, donde el desorden amoral que existe en su trasiego rompe todo esquema de decencia y de integridad moral. ¿cómo justificar traer un vehículo de 44 millones de pesos y libre de impuestos y el que a horas luego de recibirlo, pasa a manos de quien compró la exoneración y por una cantidad no menor de 5 millones de pesos para beneficio del legislador que vendió su exoneración y así cada año?

Ese nicho, de las exoneraciones, debería avergonzar a los jefes políticos de los que dependen los legisladores, pero si estos también reciben una especie de comisión por callar el exceso incurrido por el senador o diputado de que se trate, ¿no se está entonces ante la evidencia concreta, del porqué la partidocracia se ha convertido en el primer estamento de enriquecimiento público desproporcionado y con el disfraz de legalidad institucional?, pero si los partidos hubiesen abogado por la figura de un defensor del pueblo a lo interno del Poder Legislativo y con facultad sancionadora para cualquier exceso que alguno de los senadores y diputados cometieran, otra sería la situación que se presentaría y no el bochorno actual.

Precisamente y por la falta de controles legales y con límites y castigos para los legisladores que disponen de sus curules para proteger el narcotráfico, la corrupción empresarial y las sinvergüencerías de los jefes políticos, así como hacerse los desatendidos con cualquier sinvergüencería que pudiera llegarles desde el Poder Ejecutivo o por vía de sus ministros y directores, nada del terrible desorden amoral que abate al Congreso Nacional y desde el 1996 a la fecha, nada pudo haberse hecho.

Pero al mismo tiempo, hay que preguntarse, ¿por qué los senadores y diputados y en todos estos años, han hecho con las leyes el sucio pedazo de papel que les tapa sus inmoralidades e ilícitos?, por la complicidad manifiesta y descarada del poder mediático y a todos los niveles y desde los barones mediáticos hasta el último de sus reporteros y productores de programas de radio y televisión y con lo nuevo de las redes sociales, donde existen nichos de “comunicadores” tramitadores de influencias en los estamentos más altos e insospechados de esta nación herida y penetrada por la corrupción más incalificable desde su clase gobernante y el sector privado.

De ahí que entendamos, que ha llegado la hora de que donde se mate la vaca ahí mismo haya que desollarla y para matar de raíz el mal ya congénito de toda una sociedad y unas fuerzas vivas y también la hipócrita como perversa sociedad civil, cuyos miembros y por acción u omisión, han tolerado la terrible situación de un Estado prisionero del crimen, las bandas criminales y de lo peor del alma humana y al que definitivamente hay que sanear y drásticamente.

Para empezar y aprovechando el pandemónium desatado por la operación estadounidense-dominicana de la operación Falcón (Alcón en castellano) se impone el cierre del actual Congreso Nacional y la apertura de un proceso electoral nuevo y con miras de designar por elección indirecta a los nuevos senadores y diputados que tendrán como sola misión adecentar al Estado, dar muestras de decencia desde sus curules e imponer un fundamento legal por el que la corrupción política, administrativa, gubernamental y empresarial y con sus ramales en las iglesias y los grupos sociales, pudiera hacerse desaparecer y para siempre de la vida dominicana.

Hablamos, de unas elecciones que no coincidan ni en su comienzo y término con las elecciones para presidente y vicepresidente de la República y menos con las municipales y como el único mecanismo correcto para aplastar el desorden moral que se ha apoderado de la clase dirigente dominicana y en las que, la característica principal de los nuevos senadores y diputados deba ser la de una reconocida integridad moral a prueba de todo tipo de tentaciones.

Todavía más, el rescate moral que hay que hacerle a la clase dirigente y no necesariamente a la clase popular, debe abarcar al partido de gobierno y a los miembros del gobierno plutocrático del presidente Luis Abinader y si es que realmente se quiera limpiar a esta República de cualquier estamento o nicho todavía oculto de corrupción a gran escala.

Si en caso contrario, la situación actual se mantiene, de la profunda corrupción generalizada y que se sostiene dentro de los tres poderes interdependientes del Estado, entonces se habrá terminado por impulsar y patrocinar, lo peor. Que República Dominicana sea vista y se haya convertido, en el peor de los Estados fallidos, por lo que entonces y definitivamente, se acepte como último recurso, que el único poder extranjero que por lo visto muchos dominicanos respetan, el estadounidense y desde sus áreas de justicia y persecución contra el crimen a gran escala y el narcotráfico como el lavado de activos, tome el control organizativo de la vida nacional y como el único camino para evitar la disolución de este país, dado que su Estado ha perdido la facultad de dirigirlos y conducirlos moralmente.

En consecuencia, semejante vacío de conducta estructural, es el factor que nos hace decir, que ante el destape Falcon, en el Congreso Nacional, hay que hacer una purga drástica y convocar nuevas elecciones congresionales exclusivamente. (DAG)

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