Apátridas

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La historia es tan rara como los mismos protagonistas. Los dictadores de Nicaragua expulsaron la semana pasada a 222 presos políticos a Estados Unidos, no sin antes insultarles convenientemente y despojarles de la nacionalidad.

Los dictadores Ortega y Murillo dieron, de paso, la imagen de un par de ancianos no muy en su juicio. Ortega explicó que había sido Murillo la de la idea y Murillo le llamó copresidente, por si había dudas sobre quién manda en el país.

Antes de los 222 presos políticos, 108 periodistas se habían autoexiliado huyendo de la represión de un régimen que ha empobrecido económicamente a Nicaragua, destruido su democracia e institucionalidad, perdiendo alguno de los avances que se habían logrado tras el derrocamiento de Somoza.

Ortega está enfadado especialmente con la Iglesia. El Obispo Rolando Álvarez se ha negado a exiliarse y de “castigo” le han cambiado el arresto domiciliario por una prisión. El Obispo, condenado a 28 años de cárcel, es la voz más alta de la iglesia nicaragüense en contra del desprecio que practican Ortega y Murillo por los derechos humanos.

Pero el Vaticano guarda silencio sobre persecución religiosa. Según los reportes difundidos, ya son nueve los sacerdotes y religiosos condenados, además de prohibir procesiones y varios párrocos se han exiliado.

Los 222 apátridas comienzan una nueva etapa de su vida acogidos en Estados Unidos. Son políticos, periodistas, profesores, artistas… Las cárceles no están vacías, todavía quedan opositores, y en una nueva estrategia de terror, los Ortega Murillo acusan y enjuician también a los familiares de los perseguidos.

Pero como ocurre con todos los dictadores, incluidos los más sangrientos… siempre aparece quien los apoya. Por: Inés Aizpún [Diario Libre]