Biden y sus buenos vasallos

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Con el fin de no llamar a equívoco, siempre he sido un fervoroso defensor de Estados Unidos a diferencia de lo que ha sido habitual en la izquierda. Otra cuestión distinta es que sus últimos presidentes son unos impresentables. La primera potencia del mundo y un país que siempre ha sido una democracia no merece personajes tan nefastos y mediocres como Trump o Biden. Sánchez hace bien aprovechando cualquier oportunidad, aunque su aparato propagandístico caiga en la desmesura. En esta ocasión se trata de su reunión con el presidente estadounidense. Hay que aclarar que la política internacional no aporta votos en clave interna y que vender que el presidente del Gobierno es un líder mundial forma parte del metaverso que ha organizado Moncloa. Su amiga Sanna Marin, exprimera ministra finlandesa, también andaba recorriendo países como gran gurú y haciéndose selfis hasta que se hundió en las urnas. Todavía recuerdo el sesudo editorial de un medio de izquierdas sorprendido por el error de los fineses.

Nuestros presidentes actúan siempre con un cierto provincianismo y se muestran como gozosos vasallos del imperio. Hay que tener la mejor de las relaciones con un país que siempre nos ha mostrado su apoyo, salvo en el desastre de 1898 cuando nos robó Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Los imperios no tienen principios, sino intereses. Hicieron lo mismo con México y otros países. En cambio, desde el siglo XX ha sido un importante socio comercial y le hemos sido útiles en la lucha contra el comunismo. Hay que agradecerle que acabará con el nazismo, el fascismo y el militarismo japonés, así como que impidiera que la URSS destruyera las democracias europeas. No hay más que ver lo que hicieron los amigos de Pablo Iglesias en los Países del Este. Hemos pasado del recelo de los dirigentes de izquierdas a suplicar unas palmaditas. Lo prefiero. Por su parte, Biden necesita vasallos en el conflicto con Rusia y China. No le importa que los comunistas, buenos amigos de los regímenes totalitarios iberoamericanos, estén en el gobierno. A sus antecesores tampoco les incomodó apoyar a la dictadura franquista. Por: Francisco Marhuenda [La Razón]