Tener un buen historial crediticio no depende solo de pagar a tiempo. Hay errores silenciosos, algunos tan cotidianos que pasan desapercibidos, que pueden arruinar el acceso a un préstamo, una hipoteca o una tarjeta de crédito.
Dejar cuentas abiertas sin usarlas
Una cuenta bancaria olvidada no es inofensiva. Si acumula comisiones de mantenimiento que no se pagan, genera una mora que se reporta a la Central de Riesgos igual que cualquier otro impago. El problema es que el titular muchas veces no lo sabe hasta que solicita un crédito y la institución financiera consulta su historial. La Superintendencia de Bancos ofrece a través de su aplicación ProUsuario la posibilidad de verificar la existencia de cuentas inactivas o abandonadas, una herramienta que pocos utilizan.
Pagar “algo” pero no el mínimo requerido
Pagar menos del mínimo establecido en una tarjeta de crédito o préstamo se registra como incumplimiento parcial, lo que deteriora la clasificación crediticia. No basta con hacer un abono: la obligación exige cubrir al menos el monto mínimo pactado en cada fecha de corte.
Endeudar el ingreso por encima del límite prudencial
Las entidades financieras evalúan el nivel de endeudamiento en proporción al ingreso. Comprometerse con múltiples cuotas que superan lo que el perfil del deudor puede sostener es una señal de riesgo que las instituciones ponderan negativamente, incluso cuando todos los pagos estén al día. La aplicación ProUsuario de la Superintendencia permite ver un comparativo del nivel de endeudamiento personal frente a perfiles similares.
Confundir “no visible” con “no existe”
Este es el error más común que puede surgir tras la nueva normativa. La Circular CSB-REG-2026000006, emitida el 23 de marzo de 2026 y puesta en vigor esta semana, establece que la información sobre créditos no pagados solo será visible en la Central de Riesgos por un periodo máximo de cuatro años a partir del vencimiento o impago de la deuda.
Pero la propia Superintendencia advierte que esto no significa que la deuda desaparezca: la restricción de visibilidad no constituye la extinción ni la prescripción de las deudas reportadas, y no debe interpretarse como una amnistía crediticia para quienes aún tienen obligaciones pendientes.
Los derechos de cobro de las entidades financieras permanecen intactos y no se ven afectados por esta medida. Asumir que una deuda “ya no aparece” y por eso ya no existe puede llevar al deudor a ignorar obligaciones que siguen siendo exigibles.
No consultar el propio historial
La mayoría de las personas solo revisa su perfil crediticio cuando ya necesitan un préstamo, es decir, cuando es demasiado tarde para corregir errores. Consultar el historial con regularidad permite detectar reportes incorrectos, cuentas que no se reconocen o deudas ya saldadas que siguen apareciendo activas.
A través de la aplicación ProUsuario, la Superintendencia de Bancos ofrece a la ciudadanía la posibilidad de consultar el historial crediticio, verificar cuentas inactivas o abandonadas y ver un comparativo del nivel de endeudamiento personal con relación a perfiles similares.
Lo que cambia con la nueva normativa
La normativa incorpora el principio de “derecho al olvido” en el ámbito financiero dominicano, buscando un equilibrio entre la evaluación del riesgo y los derechos de los usuarios, promoviendo que personas que tuvieron dificultades financieras en el pasado puedan reintegrarse al sistema.
Podcast dominicano
En la práctica, esto significa que una deuda vieja de más de cuatro años dejará de aparecer en la consulta que hacen los bancos, lo que abre una ventana de oportunidad real para quienes sanearon sus finanzas pero cargaban con un historial difícil. Lo que no cambia es la responsabilidad del deudor. La deuda sigue ahí, aunque no se vea. (EC-OJO)





