Realmente, es una paradoja, de que en la medida que el precio del barril de petróleo disminuye, en igual proporción economías de crecimiento medio como la dominicana se beneficia enormemente y administrativamente, el gobierno es el mayor beneficiario, toda vez que si en el presupuesto se hablaba de un precio no mayor de 90 dólares estadounidenses y a este día se encuentra en 70 dólares, el gobierno tiene un superávit apreciable respecto a su programación de gastos y solo en este año, en tanto que si la situación geopolítica y macroeconómica continua y como ahora, la tendencia será de baja de precios, es decir, de costos y mucho mayor y de cero peligro por el incremento de la deuda táctica externa.
Políticamente, se hace evidente que el gobierno va y como decimos los dominicanos “en coche”, al tiempo de que las probabilidades de la reelección constitucional se acentúan, pero aquí hay que advertir algo: Ea Dios que los oficialistas y en particular el PRM, no les de por ampliar su soberbia y engreimiento y creyéndose que tienen a Dios agarrado de su batola y sí comportarse -que es lo que esperamos- con sobriedad y mucho sentido común.
Por el lado de la fracasada clase política opositora, con cuatro partidos importantes y 25 de alquiler electoral y como representativos de los comerciantes-políticos que los controlan, debe esperarse y que sepan entender, que si las optimas condiciones económicas del exterior se mantienen y por lo menos para los próximos seis meses, lo único que les quedaría por hacer es ser creativos y buscar las vías para que el oficialismo no les aplaste en las elecciones del 2024 y que entendemos será la tendencia a la vista.
Del lado del sector mediático y sus factorías al servicio del gran capital y la oligarquía, es indudable que sus propietarios y sirvientes en cargos de dirección, tratarán de aprovechar la bonanza para incrementar los ingresos de sus negocios y paralelamente disminuir los propios de los consumidores con su masiva propaganda alienante y el afán de lucro que les caracteriza, al tiempo de financiar a los partidos de alquiler, con miras de mantener la curiosa “dinámica mediática” que impulse la oposición programada, de la que se alimenta la corrupción mediática.
A Abinader mientras tanto, lo único que hay que pedirle es que sea realista, cumpla con su palabra en los casos que ha sabido entender las necesidades de terceros, que no deje que el nocivo culto hacia su persona le cambie y le saque de sus objetivos y sobre todo, que se mantenga humilde, pero efectivamente realista y político al ciento por ciento. [DAG-Ojo]





