No se trata de que el presidente de la República sea mejor o peor que todos sus antecesores o de que sea un mentiroso compulsivo e impenitente, que para desenvolverse en la cuna de lobos en la que debe sobrevivir, se encuentre obligado a mentir permanentemente y como se le viera en la entrevista preparada en la que dos de sus lacayos mediáticos le hicieran. Es que si no lo hace y en muchos aspectos se deja llevar por la corriente de amoralidad que impera, le habría sido imposible gobernar el país de delincuentes de toda laya en el que se desenvuelve y comenzando por los muchos que tiene sus gobierno.
Al lector podría parecerle la peor de las groserías lo que estamos diciendo, pero cuando el lector se despoja de sus prejuicios y contempla objetivamente en lo que República Dominicana ha sido convertida por su propia gente y a los que ni siquiera se les podría clasificar de sus propios hijos, deberá y tendrá que entender, que en estos 65 años y con mayor énfasis a partir de los nacidos desde el 2008, no solo que en la práctica los dominicanos vivimos en un estado fallido, sino que realmente como fuerzas vivas y sociedad, no somos ni caricatura de los dominicanos nacidos entre el 1920 al 1961.
Y es que nos hemos convertido en gente tan sucia de costumbres, habla y alma, que ahora resulta, que todo cuanto significó de bueno, excelente y juicioso para que en el pasado se entendiera que se vivieron 88 años (1920-1961) de decencia, educación de hogar, valores morales y buenas costumbres y donde la persona se respetaba y se tenía conciencia de nación es desterrado y desechado de manera tan atrevida, que ahora se vive como si todos los ciudadanos fuéramos espectros constituidos en despojos humanos.
Por eso, Abinader, que es el primer presidente nacido después de la Era de Trujillo (1930-1961) no es ni el mejor y tampoco el peor, sino el grosero producto de este tiempo de liviandad, amoralidad y grave como grande concupiscencia y es, que la situación es tal, que si al primer mandatario se le ocurriera ir contra la corriente imperante, haría rato que le habrían tumbado y de tan grave que es la terrible inversión de valores morales que se vive.
Los empresarios y banqueros por ejemplo y desde ese nicho delincuencial que es el entramado del CONEP y sus 78 asociaciones subsidiarias y ahora trillando el falso camino del enriquecimiento ilícito desde el Estado y con los proyectos público-privados, se ha convertido en el sello indeleble, por medio del cual o gracias al cual, la República de la decencia, la honorabilidad y la honradez, ha desaparecido sepultada en el fango de las peores amoralidades.
En esas circunstancias. ¿Qué tiene de malo -podría decir un cínico- que a lo que nada nos cuesta le hiciéramos fiesta?, justamente, esa es la terrible situación de inmoralidad plena que con sus silencios y felonías, el sector mediático de estos tiempos ha llevado a esta nación digna de mejor suerte.
¿Acaso no es cierto que los dueños de los medios tradicionales y por sus continuos y sostenidos actos de corrupción y de enriquecimiento ilícito y al utilizar sus medios como el ariete ominoso para que la inmoralidad cunda y como el mejor subterfugio para que ellos y sus empresas corrompan a los ciudadanos y hayan establecido esa aleve dictadura de silencios y con la bendición de la cruz católica?
¿O no es cierto que por las exhibición mundana de amoralidad absoluta desde los tres poderes interdependientes del Estado y con esa alianza inmoral entre los poderes Legislativo y Ejecutivo y que el llamado “cuarto poder del Estado” incentiva y que en esta época de desorden moral, ha sido el incentivo para que lo peor del bandolerismo social y el otro criminal, dominen las cámaras legislativas y que gente sin escrúpulos de ninguna especie y mucho menos de formación legal, es la responsable de la feria de leyes y jurisprudencias y tan falsas unas de las otras y las que al final, han dado base para que el gansterismo criminal en su peor expresión se haya adueñado del Poder Legislativo?
¿Cuántos los diputados y senadores que solo responden a las mafias del narcotráfico, el lavado de activos, la trata y tráfico de personas y de la venta de la República al mejor postor y que ya están descubiertos por las extradiciones que han debido hacerse a EEUU y otros países y por mandato de sus órganos judiciales y estos amparados en acuerdos internacionales?
Esto último y que es el colmo de la desvergüenza, de legisladores constituidos en una especie de grupo sindicalizado del crimen, aprovechando las reformas necesarias al Código Penal para imponer subrepticiamente su propio código clandestino y para imponer también una inusitada dictadura legislativa dirigida a impedir críticas, opiniones, denuncias o reclamos contra las inconductas de esos legisladores y quienes entienden que son intocables y que están por encima del orden constitucional y lo grave, que por lo dicho por el mismo Poder Ejecutivo, este avala semejante ilícito.
Al mismo tiempo y esta la otra cara de la moneda desde el llamado “periodismo alternativo”, que no lo es y sí a secas el lupanar de desbocados donde la difamación y la injuria, arremete con una desconsideración tal contra la honra, buen nombre y decencia de cualquier persona, que la ciudadanía y entre pasmada y temerosa, ha caído postrada ante los señores de “la nueva moral” y de hecho, claudicando ante el derecho de cualquier persona a que no se la difame o injurie.
Todo este desorden amoral y la deserción de sus obligaciones con la República y el Estado de Derecho por parte de la ciudadanía y sus fuerzas vivas, ha llevado a la nación a este terrible callejón sin salida, de gente sin autoridad moral alguna pero respaldada por el secuestro que han hecho de la Constitución y de las leyes y los otros, desde la oclocracia de hecho que se practica desde las redes sociales y por parte de youtubers de mentalidad delincuente, a que al final nos encontremos dentro de un verdadero callejón sin salida y del que solo se podrá salir por el empleo de la fuerza bruta de poder autoritario no comprometido con la realidad de poder de influencia y gobierno actuales.
Ayer y como gatos boca arriba, comunicadores que han ejercicio por años la dictadura del insulto y la procacidad, cada uno y a sus diversos niveles han emprendido sus desesperadas respuestas y para tratar de ver si el nuevo Código Penal no es implementado con los artículos sancionadores de sus desboques y que caracterizan sus abusivos e ilícitos juicios mediáticos.
A un obispo que entrevistaban, por poco una entrevistadora y sin moderación alguna, le daba una pela de lengua y por no decir lo que ella quería que expresara y a lo que ella le empujaba y acosaba; otro de larga data como jugador de fortuna, pontificando cual experto en el desgarre de sus vestiduras, mientras un tercero y desde su cañon en ristre de canal propio, amenazando con desnudar las amoralidades e inconductas de otro como él y de esta manera, semejante coro de facinerosos aterrorizando a más no poder y para tratar de impedir que se legisle para frenarles y por lo menos, sus inmoralidades.
Se están viviendo pues, tiempos difíciles. Todos sabemos que mucho hay que corregir, pero quienes tienen los poderes institucionales se resisten y por lo visto, desde los lupanares mediáticos el agravamiento a la resistencia es más rudo. Suerte que todos tienen en común, no solo su falta de autoridad moral, sino que son esclavos de sus riquezas y bienestar y que es el punto débil que a la larga, les hará quebrar sus voluntades.
Mientras, la continua feria de vanidades y para una nación sojuzgada por lo peor de la delincuencia política, empresarial, mediática y ahora en las redes sociales y todo, ante este grave dilema: Insurrección, poblada o la libertad dentro del orden. Con Dios. (DAG) 14.07.2026
imagen: acento.com.do
última actualización: 10:40 am.





