Si se analiza en profundidad, es evidente que la situación políticamente delicada que está experimentando el presidente Abinader y su gobierno, sin duda, es la propia de quien llegó a la presidencia de la República sin haber agotado aunque fuere un mínimo entrenamiento como funcionario público de alto nivel y por eso, se ha confiado a su suerte y ahora ya está viendo, que la falta de experiencia y ausencia de sentido práctico ejerciendo el gobierno, siempre pasa factura.
Le pasó al presidente Antonio Guzmán, quien acorralado por su propio miedo terminó pegándose un tiro. Continuó con el presidente Jorge Blanco, quien de tan novel en el oficio de manejar personas y su equipo mucho más, terminó desacreditado y condenado a cárcel por su sucesor.
Igual como desagradable experiencia, le cupo a la mayoría de los cargos públicos y en los tres poderes del Estado y quienes desde el 1978 al 1982 y antes en el 1962, lo único que hicieron fue fracasar como administradores y hundirse la mayoría en la corrupción más desconcertante.
Parecido destino tuvo el periodo 2000-2004, que de tan terrible, que los electores le obligaron al PRD a pasar la desagradable experiencia de veto total desde el 1982-2000, de 18 años fuera del poder presidencial y para entonces, a volver a otro periodo de veto desde el 2004 al 2020, es decir de 16 años y para esta ocasión, disfrazado el PRD de PRM y en lo que lleva un periodo agotado y otro nuevo que concluirá y si se tiene suerte, en el 2028 y agotando ya dos años.
Esto quiere decir, que si recordamos la primera experiencia de gobierno del 1962 y de seis meses, desalojado del poder por un golpe de Estado y este, inducido por correligionarios partidarios, quienes desencantados, se quedaron de brazos cruzados y ninguno se tiró a la calle para defenderle y restituirle en el poder, salvo el secretario general Washington de Peña; tenemos, que el PRD ha estado 34 años y seis meses fuera del poder y de los 65 años que se estableció el periodo democrático actual y lo grave, que en estos momentos y ya en este segundo periodo como PRM, teniendo el mayor descrédito y repulsa nacional y como ningún otro gobierno en el lapso de estas seis décadas y media hubiese experimentado.
La situación es tal, que comunicadores desbocados en las redes sociales, claman porque Abinader y su gobierno renuncie; en tanto otros, promueven abiertamente por su derrocamiento y creándose una aguda situación social insostenible y la que increíblemente, han sido las erradas políticas gubernamentales, las que la han creado.
Estamos hablando, de una muy grave situación de crispación general, que de tan delicada, nadie cree que hubiese ánimo entre la gente sensata para abogar por la caída del régimen y su presidente. Pero algo hay que hacer, para que por lo menos, el primer mandatario intente reconducir su administración y por eso, de que casi todo el país le pide a gritos a Abinader, que modifique la estructura de su gobierno y pasando a retiro a no menos del sesenta por ciento de los funcionarios y los sustituya con otros fuera de su partido y para crear un gobierno de unidad nacional, por lo menos.
Todos los días y lo que preocupa, el gobierno es visto como el agresor contra la nación: Reforma policial, reforma laboral, código penal, reforma educativa y reforma fiscal y para remate, reforma constitucional y todo al mismo tiempo. Sencillamente, esta situación está significando y hablando en criollo, que Abinader tiene a todo el mundo al salto de la mata y así no se puede continuar gobernando y menos, con una policía matando gente a tres por cheles mediante los odiosos “intercambios de disparos”. ¿Cómo es posible que todo este desmadre esté sucediendo y en el gobierno nadie entienda que debe hacerse un alto y ya mismo?
Cosa ni remotamente parecida, pero casi igual en sus efectos traumáticos, ocurrió cuando el último gobierno de la dictadura desarrollista y ya a finales de 1961 y con su presidente de entonces, Joaquín Balaguer. Se negaba a irse, se le pidió de mil maneras y hasta que al final, la nación en pleno y por medio de los altos cargos del Estado y toda la administración pública, civil y militar le renunció de golpe y dejando al gobierno del primer consejo de estado inoperante. Solo así, aquel presidente renunció y para asilarse de inmediato en la nunciatura apostólica donde estuvo 22 días y hasta que se le sacó del territorio nacional exiliándole a Puerto Rico.
Pasaje de la vida nacional que el 80 por ciento de las nuevas generaciones a partir de 1962, estamos seguros de que no conocen. ¿Debería repetirse la historia? No creemos, pues las situaciones ahora son distintas, pero el presidente Abinader tiene que poner de su parte y de alguna manera contribuir a bajar las tensiones, pues la situación política y social no está para más y es que el presidente ha perdido la confianza de las fuerzas vivas y de la sociedad civil y en su mismo partido y gobierno, las opiniones están profundamente divididas.
Y como si lo anterior ni fuera suficiente, ahora vienen unos “creadores de imágenes” cercanos a Abinader, a apostar por la represión instrumentada “legalmente” y con un código penal reformado, mediante el cual, los leguleyos legisladores, claman histéricamente por meter preso a todo aquel que ose criticarles y comenzando en las redes sociales y en lo que a la noche de ayer, parecería que Abinader no está decidido o no sabe que hacer y por eso se reúne con unos y con otros queriéndoles complacer y generando una desconfianza aún mayor.
La nación pues, está a la espera de lo que deberá ocurrir en esta danza ominosa de las horas y nosotros, solo atinando a decir, que es increíble. El mismo Abinader se está haciendo su propia encerrona. Mientras la percepción es, que sigue huyendo de sí mismo y que el gobierno cada día escapa de sus manos. Con Dios. (DAG) 12 de julio de 2026.





