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Cuando lo populista se vuelve popular

Todavía va a resultar que el único que ha entendido –para utilizarla en beneficio propio, claro está– la dimensión y el porqué del ascenso de la ultraderecha en Alemania ha sido un Pedro Sánchez que no desaprovecha la más mínima coyuntura a la hora de agitar el fantasma del dóberman y de situarse como el principal y casi único adalid del «progresismo europeo» frente a la «bicha» de las derechas más radicales.

Resulta enternecedor por momentos contemplar a dirigentes políticos de formaciones convencionales y a sesudos analistas de tertulia pedir las sales anti sofoco cuando el electorado se inclina por según qué opciones, sin pararse a analizar la pregunta del millón, que no es otra que las razones reales por las que gente de todas las edades y condiciones sociales acaba optando por el apoyo a grupos políticos como Alternativa por Alemania, ganadora de largo en los comicios regionales de Sajonia-Anhalt.

Una vez más, políticos, periodistas y otros segmentos sociales dados a ponerse «estupendos» caminan por su particular realidad, sin reparar en que la ciudadanía, más dada a reclamar soluciones a sus problemas que a caer en determinados complejos, camina por un universo paralelo que tiene distintas escalas de valores o, lo que es igual, cuando la sociedad civil no ve respuestas en las opciones convencionales, sencillamente «prueba» a ponerse en otras manos.

Los ascensos de la extrema derecha en Europa no son ya una novedad y la tendencia incluso viene a marcar a no tan largo plazo escenarios como el de un consejo y un parlamento europeo donde la presencia de representantes de este sesgo político se acercará a la mayoría. La gran pregunta, por lo tanto (y en España con el caso de Vox habrá otra inequívoca prueba), es si estas formaciones serán capaces de integrarse, con independencia de sus ideologías, en las responsabilidades de gobierno y de gestión dentro de un sistema de alternancia democrática.

Datos como el de Sajonia son especialmente reveladores a la hora de confirmar la transversalidad de un votante que ha optado por la ultraderecha sin ser necesariamente un sospechoso fascista. La inmigración descontrolada y el miedo a la inseguridad son factores determinantes y, en el caso de España, la gravísima crisis de Ceuta dará la medida. Lo populista se vuelve popular y Vox solo tendrá que abrir la saca para recoger las nueces. (La razón-julián cabrera)

 

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