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De nuevo la Constitución

Los partidos políticos cuando logran, por vía democrática, alcanzar el poder se ponen inmediatamente a pensar cómo prolongarse legal y democráticamente en el poder, cómo pueden salir victoriosos en los próximos comicios. Desde que las mieles del poder hacen efectos el nuevo presidente se “olvida” de sus seguidores y se empeña en debilitar a la oposición gracias al poderoso artículo 55 de la Constitución que le confiere la facultad de nombrar a los empleados de la administración pública. Para el presidente de la República ese artículo de la Carta Magna es, a fin de cuentas, una navaja de doble filo, pues le permite debilitar a la oposición con cargos públicos a todos los niveles y, al mismo tiempo, crear disgustos en sus propios electores que podrían pasarle factura en las próximas elecciones no sólo a él sino también a su partido.

La política es una partida de ajedrez en la que quien se descuida pierde, en la que las piezas actúan sin que quien las mueve pueda conocer las posibilidades que tiene el adversario de ponerle en jaque o darle el “mate”, en buen romance, derrotarlo. Ante ese eventual imprevisto, además del de la situación económica, política y sanitaria mundial, el clientelismo no asegura una reelección exitosa y, para blindarse, hay que aprovechar un voto duro que tiene todo presidente de la República que pretende ser su propio sucesor en el cargo y esa posibilidad se la brinda la Constitución de la República, que cuando se abre para favorecer a un determinado candidato, es como abrir la famosa caja de Pandora de que nos habla la mitología griega.

Para memoria, en lo que va de siglo la Constitución dominicana ha sufrido tres modificaciones: en 2003, 2010 y 2015; y entre ambas, la de 2010 modifica y reforma a la vez. La modificación de 2003 dejó a sus propulsores el gusto amargo de la derrota. Hipólito Mejía que había proclamado en varias ocasiones que no trataría de modificar la Carta magna para repostularse introdujo la reelección con la salvedad de “una y nunca más” provocando entonces la división del PRD y que fuera derrotado en primera vuelta en 2004 por Leonel Fernández del PLD y con la libertad  de representarse en los comicios de 2008. Comicios que ganó en primera ronda. Como la modificación de 2010 había previsto, Hipólito Mejía (PRD), fue habilitado para ser el candidato en 2012 y derrotado por Danilo Medina en primera vuelta.

La modificación de 2015 se hizo para facilitar la reconducción de Danilo Medina cuando, según alega Leonel Fernández, existía un pacto de que Medina no se representaría y el candidato del PLD sería Fernández. Como los pactos son para violarse, Medina fue el candidato del PLD que derrotó de nuevo a Luis Abinader candidato de la escisión que resulto del PRD y que dio origen al Partido Revolucionario Moderno (PRM). La arrolladora victoria de Medina con el apoyo del PRD, en 2016, le impidió a los triunfantes contemplar que esa extraordinaria victoria con más de 61% de los sufragios abonaba la división del PLD que, además de un gran descontento del electorado, facilitaría la victoria en primera vuelta de Luis Abinader en junio de 2020.

El presidente Abinader, como todos sus predecesores, lanzó una propuesta de modificación de la Constitución con el señuelo de reforzar la independencia del Ministerio Público en su lucha contra la corrupción. Iniciativa loable; sin embargo, los partidos de oposición que de ingenuos no tienen ni la “i” se dieron cuenta a tiempo de que detrás de esa “modificación” se escondía un cambio en cuanto a la mayoría absoluta que es 50 + 1 de los sufragios para ganar en primera vuelta las presidenciales. De modo que, como la Constitución lo prevé, el candidato del PRM será el presidente Abinader y que, por más descontentos que haya de su gestión y de que la criminalidad no haya disminuido, de que la lucha contra la corrupción se haya convertido en un espectáculo, que los precios del petróleo hayan alcanzado niveles exorbitantes a nivel mundial y que la inflación golpee directamente al consumidor, etc. A pesar de todos esos males que, como argumentan los oficialistas, no son sólo de República Dominicana, si el candidato del PRM en 2024, como ya ha sido anunciado, será Luis Abinader, tiene asegurado un mínimo de 40% de los sufragios. El rechazo de los principales partidos de oposición ha despertado de nuevo al “hombre del maletín” que sabe cuánto vale el voto de un legislador para lograr la reforma constitucional.

La Constitución de un país no debe favorecer a un partido político ni a una persona determinada. Cuando Leonel Fernández dice que en 2010 no hubo modificación sino reforma no se refiere a un problema semántico. En 2010 se acomodó a su tiempo la Constitución y se desestimaron leyes adjetivas en conflicto con la nueva Carta Magna y de paso se habilitó al expresidente Hipólito Mejía que, como Danilo Medina en 2015, en su afán de seguir en el poder introdujo la fórmula “una y nunca más” quedando fuera de juego hasta que una nueva reforma le devuelva el derecho de ser elegido presidente al que él mismo renunció. Por: Guillermo Piña-Contreras [Diario Libre]

 

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