¿Declaración de guerra o reconocimiento de su misma debilidad institucional?

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Lo más natural del mundo es que todo político, o partido metido de lleno en la lucha electoral emita una declaración de principios y con el interés de garantizarse la mayor cantidad de lealtades provenientes desde el grueso del electorado y con tal actitud, por lo menos, hace ver que sus intenciones son pacifistas pero determinantes para lograr proyectarse ante el electorado.

Sin embargo, cuando quien se expresa de modo tan desafiante es el candidato presidencial potencial del partido de gobierno, lo que, a razonamiento a contrario, se entiende, es que la colectividad que está en el ejercicio de gobierno y como primera autoridad de la nación, ni esa misma autoridad realmente se siente con los arrestos suficientes y como para hacer ver que confía en sí misma y que va por todas en busca de su reelección.

Lamentablemente, a esa conclusión es a la que hay que llegar, cuando ayer se vio al presidente-candidato en su primer acto de precampaña electoral, realizado con una portentosa escenografía de grito de poder absoluto y avasallante, no tratando de ganar prosélitos, sino de afianzar los que ya tiene y dentro de su ejercicio de poder.

Pensamos, que Abinader dispone de una mejor argumentación para hacerse simpático a la clase media y a las masas, a que quiera que se le vea como una persona prepotente y angustiosamente desesperada porque se le acepte en sus planteamientos, los que, de hecho, evidenció cierto tipo de inseguridad conceptual que a los observadores independientes difícilmente podía escapársenos.

Por ejemplo, el presidente-candidato tiene tres puntos a su favor que debió utilizar desde el principio de su soflama de ayer: Su exitosa gestión de la pandemia del Covid-19, su lucha tenaz por una mejoría económica de la que todavía no ha podido culminar y en razón de que los efectos geopolíticos no le han permitido robustecerla como quisiera y aquel punto, que para algunos es de simple privilegio para ganar votos, cuando en el fondo, es el mejor recurso de apoyo social y como son esas 40 mil pensiones sociales  que cada mes el gobernante está otorgando y abarcando todos los sectores de la vida nacional o lo decisivo, de ese accionar provechoso de sus políticas desarrollistas e innovadoras en Aduanas, Banco de Reservas o Hacienda y para citar tres casos más y que en conjunto son determinantes para reconocer el aspecto positivo en su destreza de administración.

De ahí que nos haya llamado la atención que prefiriera emitir una soflama, que habrá sido exitosa a nivel de sus parciales gubernamentales, pero que, a nivel general, tantos la sintieron como un desafío dirigido -a lo que en su intimidad parece que cree- hacia una mayoría nacional no del todo simpatizante suya.

Ocurre, que cuando un presidente-candidato recurre a semejante rejuego de palabras, mientras sus dos principales adversarios electorales se encaminan en procura de saber presentarse como quienes podrían resolverle a millones de dominicanos, sus necesidades y apremios y lo más inquietante para un mandatario en ejercicio, hacer entender que ellos están en mejores condiciones anímicas y de destreza gerencial para enfrentar y solucionar los problemas nacionales que ahogan a la nación, sin duda es un tanto a favor de estos, que no deja mal parado del todo a Abinader, porque no se puede negar y tampoco regatearle, que en las circunstancias difíciles de cómo llegó al poder y en una escala de cero a diez puntos, el presidente-candidato fácilmente obtiene un siete.

Al mismo tiempo, plantear y que se vio como un arrebato emocional, que «le ganamos en las urnas a una cultura perversa y corrupta que se basaba en los intereses particulares por encima del interés general», cuando y por obra de las circunstancias, el mismo presidente-candidato es producto del mismo tipo de política. Es un tema que más se presta a que se le responda sobre los niveles de corrupción administrativa que su partido ha alcanzado y que de analizarse en su ajusta perspectiva, le perjudicaría más que beneficiarle.

Por eso, que aumente la nota de su desafío, puntualizando «y yo les digo desde hoy, que su tiempo ya pasó, y aunque hoy intenten volvernos a engañar, los dominicanos tenemos memoria y sabemos que donde mejor están es en la oposición. Donde pueden gritar, engañar, pero no pueden perjudicar la vida de la gente y aprovecharse del gobierno».

¿Aprovecharse del gobierno? Es inquietante que el diestro mandatario cometa semejante pifia, porque de golpe, ha provocado que sus adversarios se preparen a responderle y no de buenas formas, pues al fin y al cabo, ambos contendores y nos referimos de partido a partido, es decir PRM y PLD-FP, la realidad habla, de que solo por los 19 años continuos que tuvieron bajo control al Poder Ejecutivo, solo por razón de tiempo, hicieron más y mejor, que todo cuanto de positivo Abinader esté haciendo en sus tres años y pico de gobernanza.

Sí es muy bueno que en su gobierno ha habido 4 mil millones de dólares en inversión extranjera y que se haya llegado y solo el año pasado a 8 millones de turistas, pero en la practica y por el capitalismo salvaje que hay en este país, realmente los beneficiarios de esos datos tan significativos, son los mismos empresarios y quienes niegan todo tipo de política social de beneficio para sus obreros y empleados y comenzando con salarios miseria y nada de bonificaciones y que si tomamos de muestra el polo turístico de la zona este y desde La Romana a la franja Verón -Friusa-Bávaro-Punta Cana a Cap Cana, se comprobará, que desde personal medico y especialistas y enfermería de primer grado a simples despachadores y limpiadores en hoteles y para citar dos tipologías dentro de un universo mayor, claman constantemente y porque el ministerio de Trabajo no hace lo debido para defender sus intereses y compensar sus grandes esfuerzos.

Desde luego que es bueno que el presidente-candidato expresara que su gobierno está construyendo “1,581 obras que sin duda cambiarán la piel de este país” y “1,760 apartamentos en la Ciudad Modelo” y como la mejor muestra de su política desarrollista, pero tampoco se olvida, que las obras de finalización de la Ciudad Sanitaria no han avanzado en el 60 por ciento que recibiera en el 2020 y que ahora se comprobó, con lo de la explosión en la ciudad de de San Cristóbal donde 37 ciudadanos murieron y unos 56 quedaron heridos y otros tantos quemados y por negligencia en la supervisión de las autoridades municipales de allí y las mismas de Salud Pública y quienes al no existir una adecuada unidad de quemados, el ministerio de Salud Pública se las vió y deseó tratando de resolver tan angustiosa situación.

Ahora bien, en donde Abinader sí que fue rotundamente certero, fue cuando dijo, y refiriéndose a las realizaciones positivas de su mandato, “no debemos olvidar esto nunca. Porque si hacemos lo mismo que los que estaban antes, si perdemos la bandera de los principios, de la ética, de la transparencia y la honestidad, de la institucionalidad; lo perderemos todo. No podemos fallarle a nuestro país”. Y que justamente, parecería que esa es la “nueva carga de la prueba” que sus adversarios le imputan a su régimen.

Finalmente y porque el verdadero analista político solo se circunscribe a hechos y no a exaltar personajes en campaña electoral, consideramos, que el presidente-candidato acertó cuando dijo este gran principio de verdad y que sus seguidores no deberían de olvidar en lo que va de estos meses hasta las elecciones: «Compañeros y compañeras, no debemos olvidar nunca, que el verdadero triunfo de un partido político no se alcanza únicamente cuando se consigue el poder, sino cuando este poder se utiliza para servir al pueblo y para solucionar los problemas reales de la gente».

En definitiva, hizo una buena presentación, pero dentro de un marco de puro partidarismo interno, sin evidencia alguna de apoyo popular directo y lo que nos hizo preguntar: ¿Declaración de guerra o reconocimiento de su misma debilidad institucional? Con Dios.  03.09.2023