Definitivamente, es una necesidad estratégica nacional reevaluar nuestras relaciones con Haití e imponer una nueva política migratoria drástica y dominicana y comenzando con un cambio de la mentalidad dominicana

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Desde luego, que para efectuar un cambio radical y trascendente en nuestra política con relación a la vecina República de Haití, el gobierno dominicano deberá de ser uno que surja de las elecciones del 18 de mayo próximo y no del que está en funciones del presidente Luis Abinader.

Y esto así, porque, de hecho, desde que se inició este año y hemos entrado en la parte final o decisiva de una campaña electoral dividida en dos elecciones. Una cercana el 18 de febrero y correspondiente a los cargos municipales y otra presidencial y legislativa el 18 de mayo y viéndose que Haití se encuentra en la culminación de su grave inestabilidad política iniciada con el asesinato del presidente Juvenal Moïse acaecido el 07 de julio de 2021, instigado por fuerzas políticas y sociales internas y planificadas por individuos de la alta burguesía y materializadas con un grupo de sicarios colombianos de origen militar.

Situación, que al mismo tiempo tiene un agravante, de que el gobierno del presidente Luis Abinader ha entrado en el periodo, de en funciones y precisamente por ser uno reeleccionista que dilucidará su suerte y destino en mayo, ante lo cual, determinadas decisiones de Estado, objetiva y moralmente está impedido de accionarlas o ejecutarlas y aunque sus acólitos quieran hacer creer lo contrario, porque al entrar en la fase opción reeleccionista, carece de la autoridad de Estado suficiente para determinar y aplicar determinadas políticas y menos las diplomáticas e internacionales en materia de deuda o financiamiento.

Solo hay que ver,  que su pretensión de construir un muro fronterizo de alta tecnología ha experimentado un fracaso casi absoluto y peor, con cierto tufillo de corrupción militar y política y a nivel, de que muchos entienden, que la mano o allegados al expresidente Hipólito Mejía, que en la práctica domina la cartera militar, tiene mucho que ver con el colapso de ese proyecto de ingeniería y de alta seguridad nacional y que se ha convertido en el mejor indicador de que las manos del gobierno y en este punto se encuentran atadas.

Tanto es la problemática, que la ejecución de un accionar militar de respuesta rápida con el Ejército y el Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza Terrestre (Cesfront) no es todo lo diligente y práctico posible y lo que se comprueba, en el hecho, de que todos los días y a cualquier hora  son cientos y para no hablar de miles, los haitianos que intentan entrar ilegalmente y sin que nuestros militares puedan hacer nada práctico para impedirlo y lo que han devenido en la especie de ejército privado a cargo del contribuyente dominicano, que protege las instalaciones de la zona franca Codevi y la pregunta es una: ¿Qué ha hecho este gobierno con los cientos de equipos de movilización terrestre y de alta tecnología que el gobierno anterior dejó instalado y operando allí?. Lamentablemente, tanto el silencio y la arrogancia son las respuestas.

Sobre este particular nadie da respuestas y lo peor, el gobierno y a nivel del presidente, se implicó en el agravamiento de un contencioso de franca disputa porque sectores del comercio haitiano financiaban y ejecutaban la construcción de un muro de desvío de aguas del río masacre en la parte de los 2.5 kilómetros que entran a Haití y que es una construcción que para nada afecta los intereses dominicanos, porque y para empezar, está construyéndose por debajo del nivel de las aguas del río territorial dominicano, pues para su funcionamiento, se requiere de electro bombas que solo pueden ser colocadas en territorio dominicano.

El gobierno, en vez de hablar con lujo de detalles sobre esta situación, prefirió actuar demagógicamente y tratar de hacer creer que una buena cuota de nacionalismo podía ser la solución para el toyo en el que se había metido y ya hemos visto los resultados de ese fracaso lamentable y por lo que se ve, ejecutado por novicios e inexpertos políticos.

Entonces y para decirlo crudamente, los dominicanos hemos actuado torpemente y acorralándonos nosotros mismos y que ha sido el factor del porqué la diplomacia haitiana ha sabido ser victoriosa frente a la dominicana y esto, sencillamente cae en el aspecto negativo de la política de Abinader y ni hablar de la incompetente cancillería.

Todavía, los entendidos no se explican del porqué Abinader cometió el error garrafal de sabotear las conversaciones que técnicos dominicanos y haitianos llevaban a cabo en nuestra cancillería para dilucidar la confrontación, que solo con buena voluntad y entre técnicos, era lo lógico que se resolviera. Cómo no se hizo, las relaciones entre los dos gobiernos se agravaron y el brote de nacionalismo insensato se impuso entre ambos y por lo evidente: Que Abinader quiso actuar con violencia y casi dentro de una histeria de espíritu bélico absolutamente inaceptable.

Al repasar estos acontecimientos y viéndose los pésimos resultados a los que se ha llegado. Se comprueba un lamentable repliegue de nuestros militares en la frontera, más una actitud hostil dominicana en materia de política migratoria, cuando lo lógico era implementar una política dominicana de contención de la inmigración forzosa y en masa de parte de Haití hacia nuestro territorio y lo que se ha agravado con un aumento de la población flotante de haitianos indocumentados, que necesariamente hay que devolver y drásticamente, hacia su país.

Pero ya esto no lo puede hacer Abinader, quien, y hay que repetirlo, es un presidente en funciones con término constitucional de su periodo el 16 de agosto, salvo que en las elecciones del 16 de mayo, logre que el votante le renueve su mandato por cuatro años más y lo que a este día, hay una percepción de que parecería que no podría lograrlo.

De este modo, ahora lo que se puede diligenciar, es una breve política de paño con pasta y hasta que las elecciones decidan que gobierno habrá luego del 16 de mayo y su jura el 16 de agosto y en lo que el hacha va y viene, los dominicanos tenemos que contentarnos con una política de contención y apaciguamiento y nada de confrontación y mucho más, cuando en Haití, la tormenta política que se cierne, es tan grave, que el primer ministro provisional Ariel Henry, es cuestionado por ser uno de los autores intelectuales del magnicidio y teniendo a su frente la incursión contestataria que quiere ser militar, de un conflictivo  ex militar y ex senador, que para el periodo 2000-2004 fue acogido por el gobierno de Mejía como refugiado político, mientras en su horizonte, se cierne la amenaza de una intervención militar “humanitaria” prohijada por EEUU y dando la cara, la policía de la República de Kenia y que de suceder, abrirá un capítulo nada halagüeño para República Dominicana, de suyo, siempre amenazada en su soberanía por Washington.

Se impone pues, esperar el desarrollo de los acontecimientos y plantear, que definitivamente, es una necesidad estratégica nacional reevaluar nuestras relaciones con Haití e imponer una nueva política migratoria drástica y dominicana y comenzando con un cambio de la mentalidad dominicana. (DAG) 04.02.2024