Desde ayer, preocupante guerra de propaganda que pone en entredicho la calidad democrática del mismo gobierno y del PRM. ¿La única respuesta? Votar masiva y aplastantemente

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Por años y si algo enseñó el PRD de cuando Peña Gómez, es que cuando se está en periodo electoral vale todo y por más contradictorio que ello sea frente a la funcionabilidad del sistema democrático. En ese aspecto, es indudable que el PRM se le observa en lo más parecido a utilizar “una línea de fuego” extremadamente preocupante.

Desde luego, también hay que entender que los activistas políticos y de todos los lados, cuando se está al tris de llegar al inicio de las elecciones y que todos hacen uso de sus mejores argumentos, los más radicales hablan de armas, en su desespero por ganar arrebatando, serían capaces de todo y si las circunstancias se lo permitieran.

Sin embargo, a diferencias de otros medios, periodistas y analistas, nosotros continuamos dándole el beneficio de la duda al presidente Luis Abinader y fundamentados en el hecho, de que es un presidente que en el 2020 ganó las elecciones con más del 52 por ciento de los votos y lo que quiere significar que es un gobernante elegido legal y legítimamente, que no irá contra sí mismo, permitiendo alguna irregularidad.

Sus declaraciones de ayer, respecto a que confía que las elecciones se realicen sin ningún tipo de obstáculo, más su interés de que reine la transparencia y su pedido a los observadores electorales a que cumplan bien su papel de fiscalizadores objetivos e imparciales de los comicios, son de una dimensión positiva que reconforta y alienta

Es decir, cuando un político gana unas elecciones con semejante demostración de popularidad y autoridad moral o al menos que esté loco, nunca se atreve a ir contra de su propia legitimidad moral y por eso descartamos de plano, que desde el gobierno o desde el despacho presidencial se esté actuando en abierta conspiración contra la pureza de las elecciones de hoy.

Cosa distinta es, que al presidente, sus parciales quieran atribuirle determinados excesos operativos, a los que tampoco puede dárseles credibilidad y sí comprender y como se vio en la tarde-noche de ayer, que ya al final del cierre de campaña y a horas de abrir las urnas, determinados recursos propagandísticos para quienes están en el ejercicio del poder, dieron la impresión de materializarse y lo que y en una democracia autoritaria como la nuestra, en cierto modo son viables y como recursos atrevidos para meterle miedo a los adversarios, pero nada más.

Ante eso, en los lupanares mediáticos en las redes sociales, desde la mañana de ayer se propagaron versiones insidiosas poniendo en duda la actitud y sentir con la democracia, que todos entendemos, el gobierno y el presidente deben ser sus mejores abanderados.

De ahí que haya que llamar al sosiego y a la calma a quienes, por impresionarse, se han montado en el peligroso esquema de la histeria fuera de control y para pretender colocar a la ciudadanía en una delicada situación emocional de sentir que se le fuera a escamotear su derecho a votar de acuerdo con su libre albedrío y que hasta ahora entendemos que no es el caso.

Simplemente, es imposible considerar que la partidocracia desde su área de poder gubernamental esté abocada a situaciones extremas o que la partidocracia desde el área opositora monte en frenesí, pierda la compostura y el sentido común e hicieran fracasar los comicios.

En cambio, lo que vemos, es que la mayor cantidad de ciudadanos en capacidad de votar están respondiendo desde temprano a las puertas de los colegios o mesas electorales y que al abrir las urnas, se ha dado una verdadera avalancha de electores queriendo ejercer como ciudadanos su derecho más propio y jurídicamente cierto de concurrir a los colegios electorales.

Ahora no caben las reacciones emotivas o los arrebatos propios de enemigos en acecho y que, para el caso, sería el liderazgo político, social y económico al completo, el que debe situarse en el fiel de la balanza e impedir cualquier contrariedad por parte de seguidores, militantes y hasta fanáticos.

Y esto, para no hablar de los doscientos y picos fiscales electorales, quienes junto a los observadores de las elecciones y tanto nacionales como internacionales, son las autoridades actuantes, cuya obligación es efectuar una buena supervisión y corrección legal inmediata en el caso del ministerio público.

Naturalmente, lo que sí debe preocupar, es que, en las horas de las elecciones, desde las infames redes sociales, lo peor de los lupanares mediáticos se desaten en una actitud levantisca contra el estado de derecho y debido a que la mayoría de estos, responden a intereses políticos, sociales y económicos en específico y nada deseosos de que las candidaturas que se entienden favoritas pudieran tener ganancia de causa.

También debe preocupar, la tanta gente y muchas personas del sector mediático, que, alineados con las principales fuerzas políticas beligerantes, llegue el momento de que entiendan que deberían sabotear las elecciones y por lo menos a dos horas del cierre de las urnas o que la alianza Avance RD, sus números particulares no les resulten y se decidan hacer como Jalisco, que cuando pierde arrebata y de lo que sería entendible la respuesta inmediata de la alianza opositora Rescate RD.

En uno o en otro sentido y por más que desde la mañana de ayer en los lupanares mediáticos en las redes, anunciaban rayos y centellas y presagiando una catástrofe descomunal, desde esta mañana, nada nos dice, es decir, ningún indicador, de que las amenazas que comentamos se estén concretando.

Lo que en verdad ocurre, es que la mayoría de los activistas políticos y en esto, la mayor muestra la dan los oficialistas, quienes con ese lema de que hay que ganar el 70 por ciento de las alcaldías a como dé lugar parecería de que no son nada optimistas de sus propios triunfos y lo que sí presagia tragedia y si sucediera y si es que Abinader no los frenara. Por eso sus palabras de anoche, alientan.

Fuera de ahí, lo que vemos, es que la nación se muestra con mayor templanza y firmeza que los miembros de la partidocracia y los que nos hace decir, que, al cierre de las urnas, la emotividad extrema que acompaña a muchos habrá menguado y de esa manera, todos los ciudadanos estaremos preparados mentalmente a escuchar y apoyar los resultados que arrojen las urnas a partir de ese primer boletín contentivo del 20 por ciento de quienes a ese momento hayan sido contabilizados.

Al final y por más líos y desencuentros que quieran armar los políticos y sus formaciones, creemos que la República saldrá gananciosa y el sistema democrático fortalecido.

Mientras tanto y tomando en cuenta los rumores e infundios venenosos de ayer, entendemos correcto que ante la preocupante guerra de propaganda que pone en entredicho la calidad democrática del mismo gobierno y del PRM. ¿La única respuesta?:   Votar masiva y aplastantemente. Con Dios. (DAG) 18.02.2024