Si quienes habían conocido el comienzo de EEUU como imperio en ciernes, cuando la imposición de la doctrina Monroe y luego al sacar su “carta de naturalización” en la década de los cuarenta del pasado siglo, se les hubiese dado la oportunidad y ochenta años después, de ver cómo sería el declive de aquel nuevo imperio, que terminaría siendo unipolar, nunca habrían imaginado la fantasmagórica presencia de los hechos de ahora.
A lo interno, EEUU y por la frustración de sus habitantes de su interior, quienes nunca aceptaron que su país se abriera al mundo, está siendo gobernado por un aparato militar e industrial de poder tan vasto, que, para colmos, fabricó un presidente-dictador y con ínfulas de emperador, que cuando buscó su reelección los demócratas se la robaron de pleno.
Por eso y en la medida que Washington y sus estrategas notan su grave debilidad de y lo que es cierto, que después de haber financiado el resurgimiento de Europa y Japón, descalabradas en la Segunda Guerra Mundial y teniendo como resultado pingues ganancias que luego las empleó para llevar sus industrias a la China de Mao y por el atractivo de su mano de obra barata, de golpe, se encuentra ahora, que todas aquellas economías y centradas en el eje Pekín-Moscú ha resurgido de una manera tan extraordinaria, que con el correr del tiempo han renacido como potencias económicas propias y las que aunando esfuerzos, ya es cierto que el mundo pasó a multipolar y quedando EEUU dentro de un entrampamiento de intereses, que abiertamente le disputan primacías desde las llamadas naciones BRICS y de la que la India y momentáneamente por razones geopolíticas ha tenido que darse de baja, en tanto Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos entran como socios activos y con la nueva nomenclatura de BRICS +.
Con Trump ha surgido lo peor de la derecha política extrema, radicalmente capitalista y con su gran sesgo de mezcla atípica de racismo y nazismo a lo absoluto y que habla de sus ancestros alemanes y como EEUU todavía es la primera potencia económica mundial e imponiendo una serie de políticas restrictivas que favorezcan su economía y perjudicando a las demás, su presidente entiende que puede golpear impune y groseramente.
De ahí que Trump haya comenzado con su guerra de aranceles y con la pretensión de revivir o reactualizar su economía y de lo que seguro algo obtendrá, en tanto amenaza a diestra y a la siniestra e incluso de malas maneras, anunciando que está dispuesto a invadir a Panamá, Canadá, Groenlandia y otras naciones y si ninguna se ajusta a sus exigencias.
Al mismo tiempo y como una medida de choque para revitalizar la economía de su país, quiere imponer una atípica guerra interna de persecución y expulsión de los inmigrantes y olvidando, que en este momento ellos conforman la espina dorsal de la economía estadounidense.
Ante semejante ataque y persecución, 40 millones de inmigrantes y de los cuales, en el gobierno anterior de Biden solo entraron 13 millones, estos se colocan en pie de guerra y a lo que Trump respondió con la aplicación de la fuerza bruta y colateralmente, todos aquellos países de donde provienen esos inmigrantes se han visto forzados a replantearse sus políticas de buena vecindad frente a Washington.
Pero Trump no solo se ha parapetado en las medidas anteriores, sino que ahora se le han avivado sus células belicistas, mientras se entretenía con el conflicto bélico Rusia-Ucrania y por aquello de que Ucrania es su fábrica de armas biológicas de extinción masiva y debía tratar de resguardar, sino que estallado el conflicto Irán-Israel, ha dado rienda suelta a su fervor pró israelita y entrando directamente en los niveles insospechadamente más amplios de la guerra entre el estado sionista y la nación persa y ahora actuando abiertamente a favor de Israel por lo que su política de neutralidad ya no es creíble.
Semejante estado de cosas, no solo que está afectando a la economía mundial, sino que rápidamente ha llegado a un nivel de deterioro interno en los propios EEUU, que, si la Reserva Federal se descuida, el ánimo trumpiano de conflictos permanentes podría afectar las tasas de interés y propiciarle un golpe duro al crecimiento económico y arrastrándolo a lo más parecido a una economía de guerra y la que por cierto, su principal producto de exportación es su material bélico de primera y segunda generación.
A estas alturas, todos los países y principalmente los cercanos en sus áreas geográfica y geopolítica, ensayan las muestras más creativas de como ajustar sus intereses a las políticas de Washington, pues dado el carácter impredecible y volátil de Trump, absolutamente nadie sabe en que pie estaría parado frente a un Trump que todo el mundo cree que no piensa en las consecuencias de sus decisiones.
La celada que le montó en el despacho Oval al ucraniano Zelensky y la otra tan atropellante al presidente de Sudáfrica y la nueva al primer ministro alemán, no ayudan en nada a que los demás gobernantes pudieran entender que el estadounidense sea un gobernante confiable.
En este sentido, solo los gobernantes que están bajo su órbita y como vasallos, caso dominicano, viven al salto de la pulga y nunca sabiendo con que les saldría Trump y lo que se despejará y si las circunstancias guerreristas cambian, cuando en diciembre, Trump se reúna en República Dominicana en una cumbre regional de todos los países latinoamericanos y otros fuera del Continente que llegarán como observadores.
Mientras y como accionar de prueba, parecería que para esta cumbre latinoamericana se va a presentar un punto de controversia, el de un grupo de ciudadanos puertorriqueños denominados reunificacionistas, que quieren plantear ante la cumbre citada, su interés de presentar su carta reunificacionista con España y como antiguos territorios del imperio español y quienes quieren volver a ser parte de España y que de suceder, será una prueba de fuego para la viabilidad de la cumbre y para el mismo Trump.
El escenario anterior nos obliga a decir, que EEUU se está confrontando con su propia historia y pasado y ahora, cuando ya vislumbra el comienzo de su declive, lento pero seguro y para su mala suerte, con un presidente que se considera el dueño del mundo. Con Dios. (DAG) 15.06.2025





