Ese griterío recurrente de la gresca política cuando un tiempo termina y hay visus de que se presentará otro

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Todos los dominicanos que vivimos en el territorio nacional, somos testigos de cómo el ánimo político se agita al llegar el tercer año de mandato de un gobierno que tiene a su frente unas elecciones decisivas al año siguiente.

En razón de ese estado emocional que trastorna a muchos y unos, porque como empleados públicos o dependientes de las fuentes de recursos del Estado, entienden que si el gobierno no sigue, ellos experimentarán un fuerte dolor de carteras y los otros, porque esperanzados de que su candidato y bandería ganarían los futuros comicios, les ataca el frenesí del que desde ahora empieza a contar los días para que sus carteras empequeñecidas van a poder abultarse y gracias al presupuesto público y al menos por los siguientes cuatro años.

La misma situación toca a arrebato desde los medios de comunicación y periodistas que se disputan los presupuestos públicos de publicidad, asesorías y emprendimiento, mientras sus dueños, los barones mediáticos, calculan por pulgadas y minutos los espacios que les otorgarán a partidos y candidatos y con fines, de que sin importar quien gane el poder, salir beneficiados de la lotería de la evasión fiscal y el no pago de impuestos por declaraciones aduaneras no declaradas.

Por lo tanto, para POR EL OJO DE LA CERRADURA no ha sido sorpresa alguna la terrible catarata de descalificaciones, dicterios e infundios que desde los mass media y peor, desde las groseras y mentirosas redes sociales, se están emitiendo contra la rendición de cuentas que el presidente Luis Abinader acaba de presentar en la reunión conjunta de senadores y diputados.

Legisladores estos, no asambleístas, que, como presencia legal de la partidocracia, empiezan ya mismo a presentar las ocultas facturas a cobro futuro y mediante declaraciones altisonantes, muchas mal pensadas y casi todas impregnadas de ese subjetivismo, mediante el cual, los legisladores y aun los oficialistas, establecen adecuada distancia y con el interés de cotizarse lo más efectivamente posible frente al presidente que constitucionalmente tiene su interés reeleccionista asegurado.

Consecuentemente, la confusión y desorden que se presenta y siempre de una magnitud como si en ello se fuera a presentar el fin del mundo y todo el que grita sintiera el escalofrío oportunista del pequeño burgués desesperado por no perder su canonjía o privilegio y mucho menos y lo que denominan pomposamente, “la amistad del Señor presidente de la República”, en la generalidad de los casos, hacen como que critican “y duro” al gobernante potencialmente reeleccionista, pero sin perder de mira, que si se exceden, mucho podría ser que perdieran de sus expectativas.

Y esto así, porque la democracia dominicana, es un sistema político torcido, autoritario y negador del derecho a la libertad de disidencia y lo que se comprueba hasta en los mismos pugilatos que los correligionarios escenifican en su “lucha incansable” por mantenerse en el poder o llegar al mismo.

Entonces el espectáculo. Pues del cien por ciento de los programas de radio y televisión  y en internet y concretamente en sus redes sociales, más del 95 por ciento es puro ataque descalificativo por la rendición de cuentas que hiciera, en este caso, Abinader, pero que el mismo “procedimiento” experimentaron en su momento los expresidentes Mejía, Fernández y Medina y quienes aun así, descaradamente no hacen absolutamente nada porque sus parciales, por lo menos, atenúen sus ataques desvergonzados e hirientes, al momento de “interpretar” lo que dijo Abinader.

¿Qué ocurrirá? Muy sencillo, la gresca continuará a mayor y hasta que por lo menos, en octubre empiecen a definirse las precandidaturas partidarias a alcaldes y regidores y ni hablar de los que aspiran a cargos legislativos. Entonces se verá y se sentirá una especie de freno y hasta que en marzo del 2024 la campaña electoral arranque legalmente.

Desatado el hipódromo de las aspiraciones de todo tipo y acosados los jefes políticos y al ver  y lo que también le tocará a Abinader, que por más que quieren no pueden complacer a todo el mundo, en tanto el presidente tiene un mayor margen de “complacer peticiones”, entra a lo inmediato el espíritu disociador de las maquinaciones, ataques soterrados e intrigas de todas clases y que al suceder y si se quiere entender el traumático proceso, hay que imaginarse a un grupo de individuos queriendo subir al mismo tiempo a un palo resbaloso y del que la mayoría, por el frenesí que les embarga, les hace caer.

Entra luego la otra fase, la terminal, la de los señalados como aspirantes a las candidaturas legislativas y en la que las mismas son dominadas por las interpretaciones casuales sobre lo que supuestamente quiere decir la ley electoral y lo que basta, para que los potenciales aspirantes perdidosos puedan efectuar sus reclamos y que los tienen que llevar ante un casi aterrorizado pleno del tribunal electoral de primera instancia, la Junta Central Electoral y todos, con el ojo puesto en los jueces del tribunal de segunda instancia, el Superior Electoral.

Los candidatos que logran pasar estos filtros determinantes, ya se saben seguros de que las componendas dentro de sus partidos no los podrán sustituir y al sentirse seguros, arranca la otra carrera, la de toca puertas a “los donantes desinteresados que solo apoyan el fortalecimiento de las instituciones”.

Aquí, quien se detiene a ser testigo de estas correrías, terminará sintiendo asco y escepticismo ante lo que presencia, pues nada es lo que aparenta y todo no es más que el terrible montaje de lo que podría venir en materia de aumento de la corrupción desde el poder.

A este punto y ya Abinader candidato presidencial, comenzará a sentir “los reclamos indirectos” de las formaciones políticas generalmente minoritarias y en busca de “donde está lo mío” y para que el partido oficial logre sus “apoyos desinteresados”, en menor medida, también ocurrirá en los partidos “opositores” que lleguen con candidato propios a las elecciones y por lo que se puede decir, que absolutamente nadie se salva de semejantes presiones, en tanto paralelamente, banqueros, empresarios, industriales, suplidores del Estado, toda la clase gobernante, cierran filas ante los despachos de los jefes políticos y en mayor medida en el despacho del presidente de la República reeleccionista y por “el noble interés” de todos esos dichosos, por precisar, que es aquello que definitivamente les tocará y que aun cuando no se crea, es en este punto en el que se manifestaran con crudeza las lealtades más variopintas así como las traiciones más significativas.

Así se llega a las elecciones y dentro de la parafernalia que antecede al desorden poselectoral, caen las caretas y todos aquellos que ahora se desgañitan “descalificando” a Abinader, se verá lo increíble, de cómo cambian su discurso “critico” y por uno aparentemente no beligerante, que se definirá y en la medida que los jefes políticos cedan a los reclamos de sus parciales  y que se robustecerá también,  conociendo, cuáles han sido los favores obtenidos por los seguidores de la reelección constitucional y cuyo mascarón de proa se verá en el arrastre de “humilde seguimiento”, que la prensa mercancía le otorgue a los candidatos presidenciales y a aquel de todos ellos, que  esta entienda que ganaría los comicios.

¿Verdad que tenemos razón cuando nos referimos a ese griterío recurrente de la gresca política y de cuando un tiempo termina y hay visus de que se presentará otro? (OJO)