Ese tan grave problema político y mental dominicano, que, sin importar costo incurrido por los contribuyentes, el gobierno que llega busca pretextos y para aplastar lo que recibe. Experiencia propia.

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Desafortunadamente y por ese primitivismo que acompaña a los políticos de la partidocracia, de no tenerle respecto al concepto y mandato de la continuidad del Estado, la mayoría de nuestros gobiernos canibalizan la herencia en obras físicas e infraestructuras que les deja el gobierno anterior y en razón de ello, cada cambio de gobierno representa y de entrada, una perdida material para los contribuyentes y de un promedio de 5 mil millones de pesos y solo en el primer año de gestión del nuevo.

Paralelamente, la nueva fuerza política que toma por asalto el poder y en la generalidad de los casos mediante la utilización fraudulenta de los mecanismos públicos de elecciones, también arremete con una ola de represión política contra medios, periodistas y ciudadanos que hayan sido clasificados como “enemigos” y de esa forma, cada cuatro años se convierten en la peor muestra de incapacidad e incompetencia política en contra  de la institucionalidad y sí como apertura de la violencia de Estado y de la anarquía política que subyace.

Sucedió a la pérdida del poder por Balaguer en el 1978 y continuó en el 1986 a su retorno, pero no al entregar en el 1996 y para entrar de nuevo atropelladamente en el 2000 con Mejía y estableciendo un estilo menos duro en el 2004 con el primer gobierno de Leonel y hasta dar el salto al 2020 con Abinader.

En el 1978, este medio y su editor, director general y redactor jefe, era el medio electrónico de mayor influencia política y social  y hasta ese momento en la vida nacional y no obstante que no era un medio mercantilista y sí solamente de información política independiente dentro de parámetros profesionales, fue perseguido y atropellado en sus derechos por el nuevo gobierno del PRD, prohibiéndole el uso de los medios de comunicación y persiguiéndole punitivamente y hasta darle casa por cárcel en los primeros dos,  de sus cuatro años de mandato.

La entrada de otro gobierno del PRD (1982-1986) generó una flexibilización de métodos, pero no de la sutil persecución política y que se debió a que el nuevo presidente era primo de quien escribe. Cuando ese gobierno perdió el poder y Balaguer y su PRSC retornaron al poder a tambor batiente y lo que duró diez años, se intentó atropellarnos y porque en el interregno 1982-1986 y al tener acceso a datos concluyentes sobre la probabilidad de que Balaguer podía ser entendido como un presidente corrupto y por unas cuentas bancarias, de las que luego se comprobó, que fue una información manipulada por el gobierno del PRD, el nuevo régimen balaguerista pretendió ajustar cuentas y lo que al final se diluyó, al recordarse la impronta de apoyo sostenido que este medio le ofreció a aquel gobernante durante las embestidas de mayo a agosto de 1978 y antes, desde su inicio de mandato en el 1966 y en las que el PRD prácticamente llamaba a la insurrección y también al asesinato del mismo Balaguer.

Para el interregno 2000-2004 con el PRD y Mejía, hubo una mezcla de todo en materia de represión publicitaria oficial y quien le siguió, en principio (2004-2008) tuvo un amago de represión en nuestra contra y por el “pecado”, de que habiendo perdido Mejía su reelección, nosotros continuamos hasta el 30 de marzo de 2001 otorgándole respaldo institucional, al entender que el nuevo poder, de un PLD conformado por seudo izquierdistas, lo atropellaría todo.

Con el inicio de ese segundo gobierno de Leonel y el PLD (2004-2008) y salvo el amago descrito y siguiendo al tercero hasta el 2012 y con el nuevo gobierno del PLD con Danilo a la cabeza desde el 2012 al 2016 y siguiendo hasta el 2020, los dominicanos y en líneas generales, dejamos de conocer lo que era la persecución política grave en cada cambio de administración. Si debemos consignar los pinchazos de ese gobierno en nuestra contra y por hacerle críticas que eran consideradas hirientes y personales, como aquella de calificar al presidente y sus ministros de la presidencia y administrativo de la presidencia, como “la santa trinidad palaciega”. Con Danilo la sensibilidad estuvo a flor de piel.

Sin embargo, la represión publicitaria volvió y con fuerza atropellante en el nuevo gobierno del PRD, pero como PRM y con Abinader de presidente para el periodo 2020-2024 y que solo se atenuó a la mitad de su periodo, cuando este régimen creó y consolidó la mayor compra de lealtades y canonjías de medios de comunicación y periodistas, redes sociales y lupanares mediáticos.

Ahora, la prensa y en el 95 por ciento de los casos, ya no es realmente libre y sí comprometida y tanto a gobierno como al empresariado y los medios que no fueran tan amigos como se quisiera, se les restringe el acceso a la publicidad del Estado. Debido a esta realidad, la libertad política se encuentra seriamente afectada y dentro del PRM, sus sargentos políticos son implacables con toda aquella persona o medio que se le considere disidente. En cambio, el régimen ha dado paso y patrocina a medios y periodistas genuflexos y al grado preocupante, de que ese nicho pudiera ser un factor decisivo para la pérdida de la libertad de escogencia de cada elector para las elecciones presidenciales y legislativas de mayo 19. 

En términos generales, Abinader ha sido un buen presidente y si se toman en cuenta las condiciones de como recibió el poder y la amenaza de la pandemia que paralizó a la nación, y el mejor testimonio, fue la inauguración de ayer del pabellón oncopediátrico para la atención infantojuvenil. Pero la daga en el cuello de todo medio y periodista que se entienda “no amigo” todavía se mantiene y por eso hay que decir y como verdad irrefutable, que al periodismo realmente independiente se le tiene en crisis.

Ahora bien y retomando el tema original de un gobierno aplastando todo cuanto recibió de herencia del anterior, ahora que ayer se desató un fuerte incendio en la principal cárcel del país y en donde hubo tres muertos y que está super poblada con más de siete mil internos y escuchando a Abinader decir, que él reconoce que la misma debió de haber sido cerrada hace mucho tiempo y plantear además, que el sistema carcelario nuevo creado por Danilo en la sección Las Parras, su gobierno no lo utilizó (hablamos de 8 mil millones de pesos metidos allí) porque a su decir “había sido construido en una zona pantanosa”, cosa que realmente es dura de creer y conociéndose la hostilidad de la nueva procuradora general contra el procurador general anterior, que encontremos en esta obra, la muestra paradigmática de cuando un gobierno que llega, es capaz de todo y con tal de aplastar una muestra de proyecto nuevo y de valer, heredado de una gestión anterior.

Desde luego, el presidente Abinader tiene todo el derecho del mundo de emitir ese juicio de valor, pero a él no se le vió nunca visitar las instalaciones carcelarias de Las Parras y a su gobierno no haber diligenciado un peritaje técnico sobre las condiciones en que encontró las instalaciones carcelarias que el gobierno anterior dejó lista para ser utilizadas. Lo que se entiende, es que allí pesó el revanchismo político y personal, de una procuradora general incapaz de entender, que en política y más de Estado, lo personal se separa de la política y ahora por esa pésima actitud, la responsabilidad le cae directamente al presidente.

De ahí que puntualicemos, sobre ese tan grave problema político y mental dominicano, que, sin importar costo incurrido por los contribuyentes, el gobierno que llega busca pretextos y para aplastar lo que recibe. Experiencia propia. Con Dios. (DAG) 19.03.2024