Este año es clave para las relaciones entre la UE y Latinoamérica. En la Cumbre Iberoamericana 18 hubo poca acogida a las políticas de la UE

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Este año es "clave" para las relaciones entre la Unión Europea (UE) y América Latina, afirmó el alto representante para la Política Exterior de la Unión, Josep Borrell, al participar en la XXVIII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Santo Domingo.

Esta cita iberoamericana y la que se celebrará en julio en Bruselas entre la UE y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) envían "un potente mensaje y muestran nuestra voluntad de mayor colaboración", apuntó Borrell al intervenir en la Cumbre, que reunió en Santo Domingo a catorce presidentes.

"Esta será la primera cumbre de la UE y la Celac desde 2015. Algo hemos hecho mal para que tanto tiempo haya pasado sin que compartamos una reflexión común", dijo, al tiempo que destacó que los europeos "somos el principal inversor en América Latina".

"Hemos invertido más en América Latina que en Rusia, China, India y Japón juntos (…) Nuestras empresas han puesto en la cesta de América Latina esa cantidad ingente de capital y somos también el primer cooperante en desarrollo", afirmó.

Para Borrell, la UE y los países latinoamericanos pueden "escribir juntos una nueva página de progreso en la historia de la humanidad".

Para ello, tienen que reforzar la cooperación y trabajar las debilidades mutuas para tratar temas comunes como el cambio climático, la cohesión social y la revolución tecnológica.

En ese sentido, consideró, que "la confluencia" de la cita de hoy en Santo Domingo y la de julio en Bruselas entre las dos regiones "está mandando una potente señal política al mundo y muestra nuestra voluntad de mayor coordinación entre los espacios europeos e iberoamericanos que nos permitan reforzarnos mutuamente ante el mundo".

Un mundo, apuntó, "que ha cambiado y tenemos que cambiar con él. Ha cambiado por la pandemia y la guerra", pero también "porque después de décadas de apertura, localización y aperturas comerciales ahora los paradigmas socioeconómicos evolucionan en una dirección diferente.

"Hace ya diez años hemos visto cómo el mundo rechazaba más aperturas comerciales, la integración por el comercio y buscaba formas que preservaran identidades y puestos de trabajo (…)" pero en la actualidad "las multinacionales y los gobiernos miran las relaciones comerciales y económicas mundiales a través de la lente de la seguridad", apuntó.

Una seguridad, apostilló, que no es solo militar, sino, también, económica.

"Hemos descubierto que la dependencia, que era un elemento de construcción de paz, son también armas que se pueden volver contra nosotros", en referencia a las consecuencias de la guerra en Ucrania.

"La excesiva dependencia de Europa del gas ruso le hizo creer a (Vladimir) Putin, que podía invadir impunemente a Ucrania porque Europa no reaccionaría, prisionera como era, del 40 % del consumo de gas procedente de Rusia", afirmó. [Efe-Diario Libre-OJO]