Comprendido el acierto del Banco Central al no sacrificar la recuperación económica mediante una receta improcedente —el aumento de las tasas de interés— para combatir una inflación originada por los efectos de la guerra en Oriente Medio, y no por un exceso de demanda interna, estamos en condiciones de responder a una pregunta fundamental: si para la autoridad monetaria la reactivación económica reviste tanta importancia, ¿Por qué ha preferido, al menos por ahora, mantener las tasas sin cambios en lugar de reducirlas?
La respuesta parece encontrarse en un factor que trasciende nuestras fronteras. El Banco Central ha optado por la prudencia porque las condiciones financieras internacionales se han endurecido, llevando a los inversionistas a exigir mayores rendimientos para colocar sus recursos. En consecuencia, la decisión de mantener las tasas mientras se espera que disminuyan las presiones externas sobre los precios no debería interpretarse como una invitación a actuar en sentido contrario y reducirlas. Hacerlo podría estimular la salida de capitales o desalentar su entrada, generando tensiones innecesarias sobre el tipo de cambio.
La evidencia de que una reducción de tasas debe descartarse por el momento se refleja en el comportamiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a dos años. Su rendimiento ha aumentado en las últimas semanas: ayer superó el 4 % y recientemente llegó a situarse en torno al 4,1 %. El mensaje del mercado es claro: las tasas de interés permanecerán elevadas durante más tiempo del que se esperaba, aunque sin señales de alarma ni episodios de pánico financiero.
¿Qué implica esto para la República Dominicana? Que la posibilidad que hasta hace poco parecía razonable —reducir las tasas apoyándose en el origen externo de la inflación y en la necesidad de apuntalar una recuperación económica todavía frágil— ha quedado, por ahora, fuera de la mesa.
De esta manera se evitarían presiones adicionales sobre el tipo de cambio y una eventual desalineación respecto a la trayectoria de las tasas de la Reserva Federal.
En las circunstancias actuales, las tasas solo podrían reducirse si convergen varios factores favorables: una inflación local que continúe descendiendo de manera sostenida, un tipo de cambio estable o apreciándose, ausencia de salidas significativas de capital y señales claras de flexibilización por parte de la Reserva Federal. En otras palabras, una reducción de tasas requeriría un entorno externo apacible y una sólida estabilidad interna.
La clave está en comprender que el tablero ha cambiado. El Banco Central ya no se encuentra atado principalmente por la inflación, hoy está condicionado por el clima financiero global, cuyos vientos soplan con fuerza desde los grandes centros de decisión económica.
Dicho de otra forma, en el corto plazo la opción más sensata sigue siendo mantener las tasas sin variación. El entorno externo ha estrechado el margen para los recortes, aun cuando la inflación no tenga un origen doméstico. O, expresado con mayor claridad: no es que el Banco Central haya perdido la capacidad de bajar las tasas; es que ahora hacerlo exige muchas más condiciones que antes. (HOY-mario méndez / OJO)





